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El Mundo
Jacobo Bergareche · 2026-06-27 · via Opinión

La felicidad estival es un subproducto fortuito de otras actividades que no garantizan la felicidad

Un termómetro en Bilbao.

Un termómetro en Bilbao.EFE

Actualizado

1 Libérese del calcetín

Les voy a hacer la mejor recomendación para este verano: pida Funsol en su farmacia. De todos los polvos blancos con los que el hombre persigue su felicidad, este es el único que le procurará un bienestar duradero sin efectos nocivos sobre su salud. Basta espolvorearlos en el interior de sus zapatos y obran el milagro de que el pie no sude y el calzado no huela. Eso le permite no usar calcetines los dos próximos meses, que es lo que va a durar esta sección. La segunda mejor cosa que le puede pasar a usted en verano es no tener que ponerse calcetines.

La mejor cosa que les puede pasar en esta estación es no saber en qué día vive. Si sabe que hoy es sábado, es usted un pobre diablo como yo. La auténtica felicidad estival empieza cuando uno deja de saber si es martes o jueves. Hasta entonces, confórmese con no llevar calcetines.

2 No busque la felicidad

El verano impone un mandato especialmente cruel: la búsqueda de la felicidad. Muchos queman en estas fechas sus ahorros, gastan todos sus días de vacaciones y suspenden sus hábitos saludables en pos de placeres voluptuosos. Pero la felicidad es esquiva. El final de la primavera y el principio del verano concentran más suicidios que ninguna otra época del año. Existe la hipótesis de que el desencadenante es la disonancia entre la alegría de vivir que exige el buen tiempo y la tristeza que siente el suicida, al que le irrita menos el invierno.

El final del verano es el punto álgido de las separaciones: llegan como la prueba definitiva del fracaso de esa misión tan compleja que es la de atrapar la felicidad, y para la cual emplearon tantos recursos: ahorros, tiempo libre, playa y cervezas heladas.

No está claro qué cosa es la felicidad, dónde está ni a qué hora aparece, qué fecha de caducidad tiene ni a qué temperatura se evapora. Pessoa decía que «para ser feliz es preciso no saberlo», y muchas veces no sabemos que fuimos felices hasta que nos vemos en una foto gozando de alguna manera, y nos convencemos de que en aquel momento lo fuimos. Tiendo a pensar que la felicidad estival es un subproducto fortuito de otras actividades que no garantizan la felicidad: buscar tomates de huerta en mercadillos, nadar lejos de la gente, montar en bicicleta, dormir la siesta, pasear con un amigo y jugar al mus.

3 Disfrute pensando en aquellos que lo pasan mal

Conozco a un señor al que le han prohibido beber y fumar, pero lo hace de manera vicaria. Invita a gente a su casa, da estupendamente de comer, llena siempre las copas de Imperial reserva y ofrece un Partagás para que llenen su casa de humo. Cuando ve a sus comensales incapaces de moverse ya y entregados a la sobremesa, proclama: «qué bien tienen que estar los que estén mejor que nosotros». Es una frase que se celebra con jolgorio. Pero a los que tenemos el alma oscura nos da más gusto imaginar a los que están peor que nosotros. No a cualquiera que esté peor, entiéndanme, solo un sádico saborea un puro fantaseando con el horror de un soldado eslavo perseguido por un dron en un bosque del Donbás. Lo que da placer es pensar en los que hasta hace poco estaban mejor que nosotros y ahora están mucho peor. Haga la prueba, sea mezquino sin complejos. Fantasee por ejemplo con esta idea: qué está haciendo ahora mismo ZP. Está sin afeitar, en chándal, ya con cierto abandono de hombre encerrado. Delante están sus hijas, también en chándal. De fondo se oyen ejercicios de voz de Sonsoles. ZP se dirige a ellas: «Yo preferiría que este verano nos quedásemos todos en casita. No está el horno para bollos. Y aquí hay piscina, hay barbacoa, he comprado una máquina de spinning». Hija 1: «¿Spinning? Tú lo flipas. Yo el viernes me voy a un festi con mis amigas». ZP: «No puedes ir, en cinco minutos tienes a Vito Quiles machacándote». Hija 2: «Más de lo que nos has machacado tú con la mierda esta en que nos has metido...» ZP: «Hacedme caso. Vamos a dejar que escampe, a la gente se olvida todo en verano, solo os pido dos meses y ya en septiembre le tocará a otro».