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Paisaje de ex presidentes
David Mejía · 2026-04-23 · via Opinión

El primer cruce

Espa�a tiene cuatro ex presidentes, pero ninguno ejerce como tal en el sentido pleno del t�rmino

Los ex presidentes del Gobierno Mariano Rajoy, Felipe Gonz�lez, Jos� Mar�a Aznar y Jos� Luis Rodr�guez Zapatero, el 31 de octubre de 2023, durante la ceremonia de jura de la Constituci�n de Leonor de Borb�n.

Los ex presidentes del Gobierno Mariano Rajoy, Felipe Gonz�lez, Jos� Mar�a Aznar y Jos� Luis Rodr�guez Zapatero, el 31 de octubre de 2023, durante la ceremonia de jura de la Constituci�n de Leonor de Borb�n.EFE

Actualizado

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La reaparici�n de dos ex presidentes del Gobierno en asuntos tan turbios como la operaci�n Kitchen o el rescate de Plus Ultra provoca una reflexi�n inc�moda. Espa�a tiene cuatro ex presidentes, pero ninguno ejerce como tal en el sentido pleno del t�rmino. Unos por falta de voluntad, otros por falta de reconocimiento.

Sin un manual sobre el ejercicio de la ex presidencia, solo queda ensayar una definici�n. Idealmente, un ex presidente es alguien que, una vez abandonado el poder, sigue encarnando una forma de autoridad institucional. No deber�a ser una voz partidista ni alguien atrapado en sus propios intereses: cuando se abandona el poder, se abandona la trinchera. Ser�a algo parecido a un decano constitucional que interviene poco, para que sus palabras pesen cuando lo hace. A diferencia del jefe del Estado, cuya neutralidad exige silencio, el ex presidente tiene la libertad -incluso la obligaci�n- de pronunciarse si la situaci�n lo exige. Su valor no est� en el alineamiento ni en la neutralidad, sino en situarse por encima de ambos.

A la luz de ese criterio, ninguno de nuestros ex presidentes encaja. Aznar nunca abandon� la l�gica de combate y convirti� su condici�n en una prolongaci�n de la batalla pol�tica. Zapatero est� m�s alineado que cuando era presidente y Rajoy -Kitchen aparte- opt� por una retirada discreta que, si bien lo aleja del partidismo, tambi�n lo priva de una voz relevante en el debate p�blico.

S�lo Felipe Gonz�lez se acerca. Habla con el registro propio de un ex presidente: defensa de las instituciones, apelaci�n al orden constitucional, distancia cr�tica respecto del poder. Lo relevante no es tanto que lo haga, sino que haya logrado hacerlo pese a su propio pasado. Pocos dirigentes arrastran una carga comparable -corrupci�n, guerra sucia- y, sin embargo, ha conseguido situarse en una posici�n reconocible de autoridad institucional.

Lo parad�jico es qui�n reconoce hoy esa posici�n: la misma derecha que durante a�os hizo de Gonz�lez el s�mbolo de la degradaci�n institucional. Y buena parte de la izquierda, que entonces lo ampar�, lo desprecia precisamente por actuar como una voz independiente. No es una inversi�n ideol�gica, sino el reflejo de una pol�tica que solo reconoce como leg�timas las voces alineadas.

Bajo el liderazgo de Pedro S�nchez, el poder ya no se ordena en torno al Estado ni a la memoria del propio partido; por eso, quien encarna una autoridad distinta, como Felipe Gonz�lez, no es reconocido, sino repudiado.