Hubo más puntadas en su primer discurso en Madrid. Asestó un estacazo a la extrema derecha y su peligrosa "prioridad nacional"

León XIV saluda a Abascal, antecedido de Feijóo.EFE
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Este Papa matemático, León XIV, norteamericano y peruano con años de oficio en comunidades indígenas, tiene una buena toma de tierra. No está en el puro oportunismo argentino de su antecesor, sino que demuestra otra entidad humana y social. El Papa habla de política a su manera suave, pero con un carisma singular. El carisma es una cosa que se tiene o no se tiene y su prestigio es casi religioso.
Al llegar a España señaló la polarización dopada por la política. «Invito a todos, por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas de vuestra realidad social». Denunció una vez más las guerras. En este campo, a Trump y Netanyahu ya les bajó la barrera hace unos meses por absurdos, por violentos, por desaprensivos. Defiende la creación de un Estado palestino que conviva con el de Israel. Y en septiembre del año pasado denunció el desplazamiento "forzado" de los civiles gazatíes que gritaban su muerte y su hambre con un cazo en la mano: "Transmito mi profunda solidaridad con el pueblo palestino de Gaza, que sigue viviendo con miedo y sobreviviendo en condiciones inaceptables". ¿Está mal dicho?
León XIV es consciente de que la Iglesia no tiene una crisis de subsistencia, sino de renovación. También considera los abusos sexuales perpetrados por religiosos como una "llaga abierta". Es un largo crimen de siglos con el que tendrá que bregar. Hay quien no sabe si el nuevo hombre de Cristo es un poco rojo, cuando en verdad basta con entenderlo como un individuo sensato.
Hubo más puntadas en su primer discurso en Madrid. Asestó un estacazo a la extrema derecha y su peligrosa "prioridad nacional". La mitad laica de este país, tan abundante como la católica, no necesita un milagro sino una razón creíble. Y ésta lo es. El Papa, ante el pasmo y el fervor de la gente, ha dejado dos o tres avisos de labio fino. Para quienes no gozamos de la gracia de la fe, estas palabras son una oración más efizaz, más hecha realidad.
León XIV, más allá de bendecir todo lo que pilla (de un bloque de hielo de glaciar a un Ferrari enchufable), quiere mostrarse lejos de la Iglesia estática y aristocrática, aunque se atalaje de tiara. Parece consciente de que se es más Papa fuera del Vaticano, hablando al mundo del mundo, ensanchando su propia campaña electoral.




























