Editorial
El aumento del paro en el primer trimestre del a�o constituye una se�al inequ�voca de enfriamiento de la econom�a en un contexto marcado por el colapso de la legislatura

Arcadi Espa�a, Yolanda D�az y Carlos Cuerpo, ayer, tras la rueda de prensa del Consejo de Ministros.EUROPA PRESS
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El aumento del paro en el primer trimestre del a�o constituye una se�al inequ�voca de enfriamiento de la econom�a en un contexto marcado por el colapso de la legislatura. La primera EPA del a�o ha subido el paro hasta el 10,8% tras perderse 170.300 ocupados, el mayor descenso para este periodo desde 2014. Esta destrucci�n de empleo, con el consiguiente retorno a una tasa de dos d�gitos, puede interpretarse como el reflejo de un debilitamiento de la actividad y de la par�lisis pol�tica. Aunque el Gobierno mantiene por ahora sin cambios el cuadro macroecon�mico, la AIReF ha recortado al 0,27% el crecimiento esperado para el primer trimestre. En esta coyuntura, la econom�a se resiente ante la falta de rumbo legislativo y de unos nuevos Presupuestos.
El propio Ejecutivo ha dejado ya la puerta abierta a que tampoco haya nuevas cuentas p�blicas en 2026. De confirmarse, la legislatura podr�a agotarse sin la aprobaci�n de un solo presupuesto, una anomal�a democr�tica sin precedentes. No s�lo por la imposibilidad de actualizar la pol�tica econ�mica a las necesidades del momento, sino porque eludir el tr�mite parlamentario que exige presentar los Presupuestos -se aprueben o no- hurta a las Cortes una funci�n esencial de control a trav�s de la funci�n presupuestaria. Gobernar con pr�rrogas de unas cuentas que emanan de una C�mara anterior supone un grav�simo incumplimiento constitucional.
El Gobierno pretende justificar esta excepcionalidad abraz�ndose a los efectos de la guerra de Ir�n. Pero ese argumento se desmorona al comprobar que un pa�s como Ucrania, directamente implicado en un conflicto b�lico, s� ha aprobado sus presupuestos. El mensaje lanzado ayer por los ministros de Econom�a y Hacienda revela que el Ejecutivo ni siquiera est� dispuesto a intentar sacar adelante las cuentas p�blicas, faltando as� Pedro S�nchez a su propio compromiso. El presidente trata de esquivar una derrota que certificar�a el fin de la legislatura. En todo caso, los socios claves del presidente, incluido el PNV, ya admiten la agon�a de este mandato despu�s de que Junts tumbara el decreto para la pr�rroga de los alquileres. Este nuevo vaparalo al Ejecutivo, adem�s de confirmar la fractura de Moncloa con sus aliados, aboca a la inseguridad jur�dica a miles de propietarios e inquilinos, lo que podr�a desembocar en disputas judiciales y en elevados costes econ�micos.
Pretender gobernar a golpe de decreto, sin negociaci�n ni consensos, no s�lo es inviable en t�rminos pol�ticos, sino inaceptable desde un punto de vista democr�tico. Especialmente, en medio del inquietante escenario que dibuja la combinaci�n del enfriamiento econ�mico, el incremento del paro y el bloqueo institucional.
Al Gobierno le empuja su af�n de conservar el poder, pero lo �nico que consigue esa inercia es agravar la inestabilidad y la incertidumbre.


















