Desde un partido cuyo nombre no siempre alegra el espíritu, una voz de acento murciano combate la "aniquilación" de la fe con la herramienta por excelencia anticatólica: el odio

La actriz Anna Castillo.
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TODOS IGUALES
La lista LOC de los LGTBI más influyentes de España la encabeza este año una mujer. Ni es trans ni es lesbiana. Rosalía, que casi se casó con un hombre y ahora sale con Loli Bahia, es, como el 17% de las españolas de entre 17 y 34 años, bisexual. Anna Castillo, también. Cuando su noviazgo con una mujer llegó a su fin y comenzó una relación con un hombre, algunas increparon a la actriz. La llamaban bollera traicionera.
Al murciano Antonio Martínez Nieto no le gustan ni Anna Castillo ni Rosalía ni, es de sospechar, ninguno de los otros 98 integrantes del ranking. El diputado de VOX parece inquieto, incluso -si se juzgan los movimientos de sus bracitos ante el micrófono, como de director de orquesta encogido- alterado. El ¡comunismo! "ha sacado las conductas LGTBI del catálogo de los trastornos y las ha metido en el de los derechos humanos". Busca "aniquilar la fe, la patria, la familia y la libertad individual".
El departamento de innovación de Florette se muerde las uñas de envidia. Jamás en España se conceptualizó tan variopinta ensalada. El regustillo intelectual tampoco encuentra parangón: Vox se desmarca de la derecha y, en un conservadurismo a la ofensiva, se refocila en un charco de cieno pequeñito, estanco y podrido, tan pestilente que asfixia, al que no llegan las palabras de los dos últimos vicarios en la Tierra del dios al que dicen alabar: el que aplasta y excluye y cultiva odio no cumple con el más esencial de los credos de la fe católica.
Converge con la izquierda en Madrid, donde Ayuso tuvo que recordar en la Asamblea que existen gays y lesbianas liberales o católicos.
No sabe aún Martínez Nieto lo que tiene en común con las lesbianas que insultaban a Castillo y el ¡comunismo! madrileño: en todos subyace la creencia de que si el otro no es como ellos consideran que debería ser, encajadito en la ridiculez de sus ideologías, no deberían existir.
Para contrarrestar la necedad, Big Boys, en Filmin.
EN BOLAS
El ayuntamiento de Barcelona es consciente de que, por mucho que algunos locales se empeñen en expandir el hábito regional, no todos sus bañistas gustan de pasearse entre sus vecinos como Dios los trajo al mundo, por lo que este verano el Grupo de Playas de la Guardia Urbana dispondrá de mochilas con ropa para auxiliar a las víctimas de los ya tradicionales hurtos estivales. Se les hará entrega de un par de chanclas, camisetas y bermudas.
La bolsita es de color blanco porque se trata, en efecto, de un signo de paz. Barcelona le hace una reverencia al incivismo y se rinde a la delincuencia. Admite que no tiene ya poder para frenar la degradación de la convivencia y, amable, como quien ofrece un clínex a la viuda, tapa sus vergüenzas con una camiseta de algodón. El más desnudo de todos ellos sigue siendo el rey.
En una dosis, un clásico para otro clásico: ¿Qué mepasa, doctor?






















