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Crónica

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El Hierro, un año después de la tragedia del cayuco en el...
Antonio Sempere · 2026-05-29 · via Crónica

La embarcación había entrado en el puerto de La Restinga con 152 personas a bordo, entre ellas 45 mujeres y 29 menores. Salvamento Marítimo la había acompañado hasta El Hierro y el cayuco estaba ya junto al muelle. El desembarco debía empezar como en otras llegadas. Primero los niños y las mujeres. Uno de los ocupantes hacía de enlace con la tripulación y trasladaba las indicaciones. Entonces algo se descompensó. El cayuco, todavía lleno, se inclinó hacia la lancha, perdió estabilidad y giró hasta quedar boca abajo. Esa mañana, a pocos metros del muelle murieron cuatro mujeres y tres niñas. Un año después del vuelco del cayuco, los supervivientes y quienes ayudaron en el rescate recuerdan la mañana en la que siete mujeres y niñas murieron dentro del puerto de El Hierro.

Aissatou Tambasa está enterrada en el cementerio de El Pinar. Tenía cuatro años. Su nicho mira al mar, el mismo que había cruzado durante días junto a su madre, su tío Omar y su prima. La niña llegó viva al puerto de La Restinga la mañana del 28 de mayo de 2025. Se ahogó antes de pisar tierra.

Omar viajaba con su hermana Binta, con Aissatou, hija de ella, y con otra sobrina, la pequeña Fatu, de nueve años, que sobrevivió. «Estábamos cerca de la llegada cuando la embarcación de Salvamento Marítimo nos alcanzó», cuenta Omar a EL MUNDO. Los rescatadores les pidieron calma, que avanzaran despacio y siguieran sus indicaciones. «Nos dijeron que todos íbamos a desembarcar sanos y salvos», recuerda.

Al llegar al puerto, los equipos amarraron la piragua para iniciar la salida poco a poco. Omar sostiene que no faltaron indicaciones. Faltaban fuerzas para entenderlas y obedecerlas después de varios días en el mar. «La gente tenía mucha prisa por bajar. Muchos habían olvidado que todavía había niños dentro», explica. Después, añade, «la piragua se venció hacia el lado derecho y volcó».

Todo el dispositivo reaccionó de inmediato. Guardias civiles, rescatadores, voluntarios, vecinos y buceadores se lanzaron al agua o trabajaron desde el muelle para sacar a quienes habían quedado atrapados. Omar quedó en shock. Recuerda a un guardia civil viéndolo llorar mientras repetía que no encontraba a su sobrina ni a su hermana «La muerte de mi sobrina me dejó profundamente conmocionado y herido. Hasta hoy todavía me duele mucho el corazón», dice.

En el agua quedaron personas agarradas al casco, a los cabos o a cualquier punto que les permitiera mantener la cabeza fuera. Otras seguían bajo la estructura de madera del cayuco, usada durante la travesía para proteger a mujeres y niños. Al quedar sumergida, se convirtió en trampa.

«NO BASTA CON PEDIR A LA GENTE QUE ESPERE»

Djibril, un senegalés mediador social, estaba en el muelle. Había viajado a El Hierro de vacaciones y esa mañana bajó a La Restinga para ayudar. Cuando el cayuco volcó, se metió en el agua como otros vecinos, voluntarios, guardias civiles, miembros de Salvamento, buceadores y turistas. «No podíamos quedarnos mirando cómo morían después de haber sobrevivido a lo más duro», recuerda. También escuchó las indicaciones desde la lancha. «En una llegada así no basta con pedir a la gente que espere. Hay que asegurarse de que entienden que primero los niños, después las mujeres y al final los hombres», sostiene.

Javier, vecino del municipio de La Restinga y acostumbrado a colaborar en desembarcos, oyó los gritos desde su casa y corrió al muelle. Ayudó con las camillas y a sostener a algunos supervivientes. Recuerda ver a Omar, un chico joven y delgado, imposible de calmar. No compartían idioma, pero entendió sus gestos. Omar señalaba con la mano la altura de quien buscaba. «Estaba claro que buscaba a un niño. Lo buscaba desesperado, gritaba sin fuerzas, agotado, pero no lo encontraba», cuenta.

Aissatou Tambasa, una de las tres niñas que murió al volcar el cayuco.

Aissatou Tambasa, una de las tres niñas que murió al volcar el cayuco.EL MUNDO

Una vecina preguntó: «¿Y a este pobre chico quién lo consuela?». Javier lo abrazó fuerte. Dos días después volvió a verlo en el cementerio de El Pinar. Allí estaba otra vez Omar, con la mirada perdida, enterrando a su sobrina de cuatro años. Esta vez, el abrazo se lo dio Omar.

Melisa, una herreña que estuvo en la tragedia, mantiene el contacto con la familia de Fanta. «En el entierro, la madre apenas podía sostenerse por el dolor. Su tío estaba roto al despedirse de su sobrina y la prima era demasiado pequeña para entender algo así», recuerda.

La investigación se cerró en cinco días

La vía penal se cerró en pocos días. El Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 1 de Valverde archivó provisionalmente la causa al considerar que no aparecía debidamente justificada la existencia de un delito. El auto abrió los plazos de recurso, pero no detalla qué análisis se hizo de las imágenes, los amarres, la maniobra de abarloamiento o el protocolo de desembarco.

Nadie compareció en nombre de las víctimas para pedir una investigación más amplia. Ninguna acusación sostuvo ante el juzgado la necesidad de aclarar la aproximación al muelle, el control de la embarcación o cómo un cayuco ya abarloado a la salvamar terminó volcando dentro del puerto. Las familias no tenían abogados, recursos ni arraigo en la isla.

La versión oficial atribuyó el vuelco al desplazamiento de los ocupantes hacia un costado. Una voluntaria que formaba parte del dispositivo pone el foco en la aproximación al muelle. Según sostiene, el cayuco no estaba bien asegurado al costado de la salvamar. «En las imágenes no se aprecia un cabo que sujete la popa a la lancha y aparece separada antes del vuelco», afirma.

Esa observación no basta para reconstruir técnicamente lo ocurrido, pero abre una pregunta que el auto no responde. Si el cayuco estaba abarloado, había que aclarar qué puntos de amarre se usaron, si proa y popa estaban controladas y si la embarcación estaba estabilizada antes de la salida de mujeres y menores. En los fotogramas previos, añade, «no se aprecia una estampida ni un movimiento brusco».

Tampoco se facilitó a los supervivientes una vía excepcional para regularizar su situación, bastaba poder facilitarles un asilo humanitario. Habían sobrevivido a un naufragio dentro del puerto y algunas víctimas quedaron enterradas en El Hierro. Aun así, la mayoría siguió su camino fuera de Canarias, intentando pasar página. Aissatou quedó enterrada en El Pinar. Tenía cuatro años. En la isla quedaron las tumbas. Los supervivientes, lejos de ellas.