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Crónica

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El ej�rcito de estanqueros espa�oles que 'sangra' a la Ha...
2026-04-10 · via Crónica

��Que si venimos a menudo a comprar tabaco a Espa�a?�, repite una francesa a la que abordamos a mediados de semana a la puerta de un estanco de Les (L�rida), uno de esos pueblecitos del Valle de Ar�n donde se ha visto recientemente al presidente Pedro S�nchez paseando en bicicleta.

En lugar de responder directamente, alza los hombros y mira a su pareja como si implorara ayuda para elegir las palabras apropiadas. Los dos chicos que les acompa�an son sus hijos. Cada uno de ellos va cargado con una bolsa repleta de paquetes de cigarrillos.

Pas de photos�, dice desdibujando la sonrisa. O su familia est� rendida al vicio o, m�s probablemente, todos portan tabaco porque la venta en los estancos espa�oles est� limitada a dos cartones por persona, una restricci�n dise�ada para evitar acopios. Cuatro personas, cuatro compras, ocho cartones, 1600 cigarrillos.

De todos modos el l�mite es poroso porque se aplica �nicamente en cada una de las operaciones individuales de compra-venta. Nada impide, por ejemplo, que caminen unos metros y adquieran otros dos cartones en la tienda vecina. El diferencial fiscal les proporciona un ahorro escandaloso.

A modo de referencia, el Marlboro Red cuesta 6,25 euros la cajetilla en las expendedur�as de tabaco y timbre de Pen�nsula y Baleares, seg�n el BOE. En Francia, la lista oficial de precios homologados de la Douane fija el precio de esa misma marca en 10,95 euros. La comparaci�n no es milim�tricamente id�ntica porque las denominaciones comerciales var�an con arreglo al mercado, pero como orden de magnitud sirve: el fumador franc�s ahorra 4,70 euros por paquete.

Para saber m�s

Agentes franceses de aduanas, con cajas de cigarrillos abandonadas intervenidas en una de las rutas que cruza los Pirineos.

O dicho de otro modo: cada comprador franc�s deja de pagar 94 euros por cada adquisici�n de dos cartones. Si la familia son cuatro y cada uno adquiere el m�ximo permitido —ocho cartones en total, 1.600 cigarrillos—, el ahorro conjunto asciende a 376 euros en una sola parada. Ah� est� la clave del sistema: no hace falta comprar al por mayor para que la cuenta salga; basta con que el l�mite se reparta entre varios cuerpos y varias bolsas.

En Les hay seis estancos. Dentro de ellos, encontramos plantillas numerosas, mostradores repletos y una organizaci�n del producto que recuerda menos a una tiendecita de pueblo que a un supermercado especializado, una puesta en escena comercial que delata la magnitud del flujo.

Considerando que la poblaci�n censada es de 938 habitantes, el ratio aproximado es de un punto de venta por cada 156 habitantes, o, si se prefiere, 6,4 estancos por cada 1.000 vecinos. Con arreglo a esa misma densidad, Madrid y su �rea metropolitana dispondr�an de casi 46.000 puntos de venta.

A lo largo de la traves�a principal que secciona la localidad aranesa, los estancos se suceden como una cadena de montaje incrustada en la carretera. En un pueblo as�, el tabaco organiza el tr�fico, altera el valor de las licencias, atrae compradores que no viven all� y convierte el destino en una especie de peque�a meca de los fumadores galos.

La carteler�a de los comercios est� en franc�s, los reclamos —precios, promociones, marcas— est�n pensados para un cliente que no vive all�, y el primer saludo al cruzar la puerta suele ser un �bonjour� autom�tico, casi reflejo.

A su alrededor han crecido tambi�n tiendas de alcohol y supermercados que replican esa misma l�gica: productos, formatos y se�alizaci�n orientados al comprador que cruza la frontera para abastecerse. No hay paseo, no hay consumo en el lugar, no hay tiempo muerto. Es una coreograf�a breve y repetida: frenar, comprar, cargar, seguir.

LICENCIAS POR 2,5 MILLONES DE EUROS

La misma l�gica aparece repetida en a lo largo de toda la frontera: desde La Jonquera, en el extremo oriental, hasta Ir�n, en el occidental, pasando por enclaves del Pirineo leridano, aragon�s y navarro pegados a los pasos hacia Francia. Es lo que los franceses llaman el �cintur�n del tabaco�.

El dise�o se entiende mejor cuando se sigue el rastro del dinero. En Les, conseguir la licencia de apertura de uno de esos seis estancos ha llegado a costar entre 280.000 y 500.000 euros en la �ltima subasta p�blica. Es una cifra desproporcionada para un municipio de 938 habitantes, pero perfectamente l�gica a la vista de los beneficios que producen. En La Jonquera, las pujas alcanzaron hasta 2,5 millones de euros por una licencia. En Luzaide-Valcarlos (Navarra), pagaron m�s de dos millones por un punto de venta en un entorno rural. En total, 30 licencias en municipios fronterizos se adjudicaron por 58,18 millones de euros.

LOS FRANCESES, CONTRA ESPA�A: "ESTADO TRAFICANTE"

La reacci�n en Francia a las subastas de hace tres a�os fue visceral, inmediata, ruidosa y, sobre todo, territorial. No sali� tanto de Par�s como de la frontera. Los primeros en saltar fueron los �buralistas� o estanqueros del sur que llevan a�os viendo c�mo sus ventas caen mientras el flujo hacia Espa�a no deja de crecer.

En una carta dirigida al Gobierno espa�ol, m�s de un centenar de entidades del sector denunciaron la �concentraci�n extrema� de puntos de venta en la frontera y advirtieron de que esa pol�tica convert�a a Espa�a en un proveedor estructural del mercado il�cito franc�s. Fue ah� donde apareci� la expresi�n que m�s ha dolido en Madrid: �Estado traficante de tabaco�.

Cada cart�n comprado en Espa�a es un paquete que no tributa en Francia. Y cuando ese flujo se vuelve masivo —aunque cada compra sea legal— el efecto acumulado se convierte en una sangr�a. Por eso, m�s all� de las palabras gruesas, lo que hay detr�s de la indignaci�n es algo mucho m�s concreto: la percepci�n de que Espa�a no solo se beneficia del diferencial de precios, sino que lo est� organizando sobre el terreno.

Por otro lado, las autoridades de Par�s llevan a�os insistiendo en que una parte significativa de ese flujo se integra en circuitos de reventa que operan muy lejos de la frontera. El tabaco comprado legalmente en Espa�a reaparece en Francia en mercadillos, en la calle o en canales paralelos. Ese fen�meno tiene nombre propio: �trafic de fourmis�, el tr�fico de hormigas.

LOS ESPA�OLES: "QUE APECHUGUEN CON SU MONSTRUO FISCAL"

�Que apechuguen con el monstruo fiscal que ellos mismos han creado�, nos dice el propietario de uno de esos establecimientos fronterizos. En Les, entramos en cuatro de las seis expendedur�as del municipio y en ninguna dimos con el due�o. En dos de los negocios nos prometieron devolver la llamada. Pero no lo hicieron. El �nico empresario que a la postre se decidi� a hablar lo hizo a rega�adientes, por tel�fono y de manera an�nima.

A su juicio, �lo que hay detr�s de tanta indignaci�n moral, tanta jeremiada sanitaria y tanto aspaviento con el "cintur�n del tabaco" es un Estado que ha disparado tanto los impuestos que ha convertido un producto legal en una mercanc�a lucrativa para cualquiera que viva a unas horas de coche de la frontera. Francia no est� pagando las consecuencias de una conspiraci�n espa�ola; est� pagando las consecuencias de su propia pol�tica�.

�Espa�a no les obliga a poner el paquete a casi once euros�, apostilla el estanquero. �Espa�a no les obliga a cebar una diferencia de precio que permite que los fumadores franceses se ahorren cientos de euros en una ma�ana solo con cruzar la muga. Eso lo han hecho ellos solos�.

El empresario cree que hay algo casi obsceno en la manera en que los galos intentan darle la vuelta al relato. Presentan a Espa�a como una especie de Estado tramposo, poco menos que una plataforma de abastecimiento il�cito, cuando lo que hay a este lado de los Pirineos son estancos legales, producto legal, precios oficiales y un monopolio estatal regulado.

�Quien echa humo de verdad no es el pueblo franc�s, sino la Hacienda francesa y el gremio de los buralistas�, afirma el estanquero.

Si lo de Espa�a les parece una �provocaci�n�, lo de Andorra deber�a ser, como m�nimo, un ataque frontal... y, sin embargo, el tono cambia. Mucho. En el Principado no hay seis estancos para 938 vecinos: hay decenas de puntos de venta concentrados en pocos kil�metros, con escaparates que parecen dise�ados para atraer precisamente al mismo cliente franc�s que dicen proteger. En Pas de la Casa, por ejemplo, se cuentan alrededor de 80 tiendas con licencia para vender tabaco en un n�cleo de unos 3.000 habitantes. Eso no es un cintur�n: es un macrozoco de la nicotina a cielo abierto.

Y, sin embargo, ah� no hay cartas incendiarias hablando de �Estado traficante�, ni titulares sobre ofensivas comerciales, ni esa indignaci�n casi moral que despliegan contra Espa�a. Francia dispara contra el socio europeo que cumple las reglas del mercado �nico y mira de reojo al vecino que directamente vive de no jugar con ellas. Cierto es que ahora Par�s tiene delante algo bastante peor que pueblos fronterizos como Les llenos de estancos. No porque el cintur�n legal haya cambiado de naturaleza, sino porque por esa misma frontera ya no circulan solo cartones comprados al otro lado de la raya, sino tambi�n cigarrillos falsos fabricados a escala industrial.

UNA GRAN TRAMA DE TABACO 'FAKE'

El caso conocido m�s reciente de fabricaci�n industrial de cigarrillos fake en la Pen�nsula es el que ha sacado a la luz hace unos d�as la Guardia Civil a ra�z de una espectacular intervenci�n en Granollers. En realidad, la operaci�n Yankao-Mikao arranca en verano de 2024, cuando la Benem�rita intercepta en La Jonquera un env�o de hoja de tabaco procedente de Europa del Este.

Cigarrillos falsificados producidos en masa en una trama desmantelada por la Guardia Civil en Catalu�a.

Cigarrillos falsificados producidos en masa en una trama desmantelada por la Guardia Civil en Catalu�a.E.M.

A partir de ah�, los agentes siguieron la mercanc�a hasta un punto log�stico en Piera y meses despu�s —ya en marzo de 2026—, culminaron su trabajo llevando a cabo cinco registros simult�neos en Granollers, Piera, Mollet del Vall�s, Lloret de Mar y Vidreres. El balance: 20 detenidos, cuatro ingresos en prisi�n y la paralizaci�n de una nave en Granollers equipada para producir entre 850.000 y 900.000 cigarrillos diarios —unas 45.000 cajetillas— con 11 trabajadores en situaci�n irregular y en condiciones que los investigadores describen como cercanas a la explotaci�n.

La materia prima con la que hac�an los �pitis fake� hab�a llegado desde Bulgaria y Ruman�a; el producto final ya hab�a alcanzado, como m�nimo, la frontera francesa; y el fraude fiscal potencial se sit�a en torno a 30 millones de euros, con una producci�n equivalente a siete millones de cajetillas.

Y a pesar de todo, Granollers, as� contado, no es el problema: es la prueba de que el mismo corredor por el que salen cartones legales sirve tambi�n para mover una producci�n clandestina que alimenta no solo el mercado franc�s, sino circuitos de distribuci�n en varios pa�ses europeos.

Espa�a aparece como uno de los territorios donde ese tabaco se fabrica o transita antes de salir hacia otros mercados. Claro que Francia tambi�n ha detectado estructuras de producci�n en su propio territorio. En diciembre de 2021, las aduanas galas desmantelaron en Poincy un taller clandestino de fabricaci�n de cigarrillos. Un a�o despu�s, en la misma zona, frustraron la instalaci�n de nueva maquinaria destinada a reactivar la producci�n. No es solo un pa�s de destino: tambi�n es escenario del problema.