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Gertrudis, la secretaria "socialista hasta la médula" que...
Ángeles Escrivá MadridMadrid · 2026-05-24 · via Crónica

El momento de mayor conmoción para Gertrudis, aquel que le indicó que se había producido un antes y un después, que todas las barreras de protección habían caído y se iba a producir un cambio de mundo, probablemente fue el momento en el que el policía de la UDEF le comunicó que iba a proceder a practicarle un «registro corporal externo». Resulta injusta la comparación en una mujer a la que describen como trabajadora y seria, y resulta enjundioso establecer el paralelismo, pero la escena recordaba al momento no tan lejano en el que los agentes del caso Ábalos interceptaron un disquete oculto en los pantalones de Anaïs, la nueva amiga especial del ex ministro de Transportes, mientras registraban su casa de Valencia.

Gertrudis Alcázar, Gertru, la mujer de confianza del presidente Zapatero estaba allí, en aquel inmueble de 181 metros ubicado frente a la sede del PSOE, en Ferraz nº35, el lugar que su jefe había elegido como centro de operaciones para sus negocios. Los agentes la cachearon para evitar que los dispositivos electrónicos que pudiera llevar a cuestas pudieran «perderse, alterarse o destruirse», como muy diplomáticamente había indicado en su escrito el magistrado instructor. Le incautaron sólo el teléfono.

Como otras mujeres antes que ella, Gertrudis pudo percatarse entonces de que la de secretaria fiel y leal, cuyo deporte diario es la idolatría al jefe, es una profesión de altísimo riesgo.

A día de hoy el juez José Luis Calama, el reputado magistrado instructor experto en delitos económicos de la Audiencia Nacional, la considera una «pieza operativa esencial» de la presunta trama relacionada con el caso Plus Ultra cuyo «líder» sería Zapatero y cuyos miembros están siendo investigados por la comisión, presuntamente, de los delitos de pertenencia a organización criminal, tráfico de influencias, apropiación indebida, falsedad documental y blanqueo de capitales.

Gertrudis Alcázar sería, según el relato del juez Calama en el auto que ha sacudido la política nacional, la «encargada de la elaboración y cobertura formal de documentación» de una estructura internacional que ha estado maniobrando en operaciones de petcoke, oro, compraventa de acciones y divisas en contacto con autoridades de Venezuela, China, Emiratos Árabes y otros países.

"Le protegía de todo"

Getrudis Alcázar, Gertru para los amigos y en el mundo de la política, ha sido una mujer poderosa. Una mujer poderosa desde la discreción más insobornable. Y por eso ha suscitado críticas y halagos, como casi todas las mujeres que han estado en su posición. Las críticas vienen de quienes intentaron saltar la barrera que ella interponía entre Zapatero secretario general, Zapatero presidente, y el resto del mundo. «Es muy inteligente, seca, con mucho carácter. El suficiente para mantener a raya a los miembros de la Ejecutiva del secretario general sin un solo titubeo. Tenía la potestad para decidir si podías pasar al despacho del jefe, era su parapeto, le protegía de todo. Cumplía con su función y tenía tal capacidad que me cuesta pensar que haya hecho lo que haya hecho, no fuera consciente de ello. Es socialista hasta la médula», señala a Crónica un dirigente del PSOE con importantes cargos de representación institucional.

Otro, ya retirado de la vida pública, pero que formó parte de los Gobiernos de Rodríguez Zapatero, la define como una persona «excepcional, amabilísima, accesible, trabajadora, de origen humilde, honrada y muy leal, a la que han metido en un lío, no se sabe bien si el juez o el propio Zapatero. Eso se verá».

Gertrudis, la secretaria "socialista hasta la médula" que protegía "sin titubeos" a su Zapatero "de oro".

Gertrudis, la secretaria "socialista hasta la médula" que protegía "sin titubeos" a su Zapatero "de oro".

La propia Gertrudis Alcázar ha escrito que nació en la población castellanomanchega de Daimiel, pero que su familia la trasladó a Madrid, donde estudió en el colegio San Isidro Labrador y en el Instituto Beatriz Galindo. Su militancia está vinculada al PSOE de Ciudad Lineal. Es hermana de Antonia Alcázar, la actual alcaldesa socialista de la localidad madrileña de Velilla de San Antonio. También en apuros judiciales: este miércoles se sentará en el banquillo de la Audiencia Provincial de Madrid acusada de un delito de prevaricación -relacionado con la actividad al aire libre de un restaurante de la localidad- por el que la Fiscalía pide tres años de prisión.

Gertrudis no está casada y su primer rastro político la sitúa como secretaria de Joaquín Almunia en aquellos convulsos años en los que el PSOE no encontraba un recambio eficaz para Felipe González. Rodríguez Zapatero la incorporó a su equipo hace casi 30 años y con él ha permanecido hasta ahora, acompañándole primero en sus cargos institucionales hasta que renunció a permanecer en el Consejo de Estado y, posteriormente, en sus actividades privadas.

Una de las 'Zapatistas'

Su nombre sale en el libro Las Zapatistas de Inmaculada Sánchez como una de las 74 mujeres que lograron asaltar el poder después de superar todo tipo de resistencias machistas dentro de su partido. El libro describe una primera etapa socialista, la monopolizada por Felipe González y sus hombres, en la que los compañeros se avisaban entre sí con un «cuidado con estas brujas» cuando se referían a las feministas de su partido, se escandalizaban con las cuotas femeninas que pedían con un «hasta ahí podríamos llegar», y las denostaban con comentarios impresentables. Se relata, por ejemplo, el momento en el que Enrique Múgica, ministro de Justicia, al ver como su compañera Cristina Alberdi accedía al Consejo General del Poder judicial, preguntaba: «¿Sabéis si han hecho más cocinas en el edificio?».

La llegada de Rodríguez Zapatero fue una revolución para las mujeres socialistas que fueron alcanzando altas cotas de poder, cuya máxima expresión fue la vicepresidencia para Teresa Fernández de la Vega. En esa misma ola iba Gertrudis Alcázar. Junto con Angélica Rubio, actual miembro del Consejo de Administración de RTVE, Gertru llegó a Moncloa protagonizando anécdotas como aquella en la que, cuando ambas se encontraban en plena exploración de las dependencias del Palacio, hicieron saltar las alarmas y fueron reconvenidas por la Guardia Civil. De aquella época de euforia y efervescencia feminista, sobre Gertrudis Alcázar se ha escrito que «quienes la conocen no dudan en equipararla en sapiencia e influencia a Pilar Navarro, la Piluca de Felipe González. Aseguran que supera a Piluca en visión política. No en vano, ha sido militante antes que secretaria e iguala en discreción a sus predecesoras».

Sin aspirar a ser más de lo que era, pero siendo inevitablemente más que una secretaria para un presidente con el que llegó a desarrollar una sincronía total, sus opiniones políticas influían en el presidente. ABC le atribuía esta semana la elección de Tomás Gómez como Secretario General del Partido Socialista de Madrid en 2007. Tres años después de la llegada del Presidente a Moncloa. Ella le enseñó un reportaje publicado en un periódico y él apostó por Gómez. Más adelante, en las primarias frente a la candidatura de la hoy número dos de Óscar López se incorporó como vocal en la Ejecutiva de Gómez y trabajó con lealtad hacia él cuando era cuestionado desde los sectores sanchistas.

"Unos ideales"

Lo cierto es que Gertrudis Alcázar ha sabido combinar esa discreción para los asuntos institucionales con sus posicionamientos en el partido. De hecho, del mismo modo que lo hiciera Rodríguez Zapatero, tampoco tuvo ningún inconveniente en respaldar públicamente a Susana Díaz, de la que fue avalista, en las primarias contra Pedro Sánchez. Del 21 de abril de 2017 es un artículo firmado por ella y otros dos compañeros del partido en el que justifican su respaldo a la que fuera presidenta andaluza para la secretaría general alegando que «un partido político como el PSOE es un colectivo de personas unidas por unos ideales y un proyecto de sociedad», «consciente de dónde viene, lo que representa en la historia de nuestro país, que se muestra satisfecho de lo que ha aportado», «sin asamblearismo ni populismos», «con principios», que lucha contra «los muchos techos de cristal aun por romper en favor de la igualdad de las mujeres»...

Los mensajes en las redes sociales de Gertrudis Alcázar son durante años un azote contra el PP. «La historia de la corrupción del PP en Madrid es la historia de la denuncia de los socialistas madrileños», escribía orgullosa y reivindicativa. Son, sobre todo, un continuo ensalzamiento de la figura de su jefe, «un socialista de oro». «¡A ver quien hace la labor que está haciendo el presidente Zapatero por el mundo!», retuiteaba. Y una reivindicación continua de la labor del presidente en pro del feminismo que incluso le llevó a Cabo Verde; de su trabajo para lograr el fin de ETA, y de cada uno de los actos públicos en los que ha venido interviniendo.

Un cambio

La reconciliación del presidente Zapatero con el presidente Sánchez, que dio lugar a la colaboración del primero en campañas electorales y al condicionamiento de la política exterior, pareció hacer mella también en los posicionamientos públicos de Gertrudis Alcázar. Algo debió pasar en coincidencia porque su defensa del feminismo, entre otras cosas, dejó de plasmarse en sus mensajes. En ellos no se registrará alusión alguna a las aportaciones jurídicas del Gobierno de Sánchez contra las que se levantaron las feministas tradicionales a las que ella estaba vinculada, como la Ley Trans o la del Sólo sí es sí, que acortó la estancia en prisión de violadores o maltratadores. Y no hay alusión alguna, como tampoco mereció la atención del presidente Rodríguez Zapatero, al trasiego vergonzoso de prostitutas con dinero público, ni al resto de presuntas corrupciones mayores de los protagonistas del caso Ábalos , que devolvieron al PSOE y al Gobierno socialista a las cavernas del machismo. Su último mensaje en redes sociales es del pasado día 13 y reproduce un artículo de El País sobre un asunto que nada tiene que ver con nada de lo anterior, relacionado con la muerte del Hilda Farfante, la voz de los desaparecidos del franquismo. Según relata el juez en su auto, había una guerra soterrada de conveniencias que, quizás, aconsejaba el silencio.

La historia de la aerolínea Plus Ultra, que ha llevado al grupo Zapatero a los juzgados se remonta a marzo de 2021, cuando el Gobierno de Pedro Sánchez aprobó el rescate de esta empresa en quiebra con capital venezolano en el Consejo de Ministros. Sucedió después de que, según el auto del juez, la carrera por conseguir el visto bueno entre Ábalos y Zapatero la ganase el presidente, a quien el magistrado instructor atribuye el presunto cobro, entre él y sus hijas, de unos dos millones de euros en comisiones.

El magistrado asegura de Gertrudis en este punto que es una «pieza fundamental de la estructura organizada y estable», dedicada al «ejercicio ilícito de influencias» y detalla los correos intercambiados entre ella y el gestor de Julio Martínez, el amigo de running del presidente (que ha acabado siendo, presuntamente, quien le proporcionaba las empresas pantalla), para constituir una sociedad en Dubái.

El juez aporta otros correos posteriores que contienen la «copia del contrato honorarios Sepi» (organismo que dio vía libre a la aprobación); reproduce la conversación de la secretaria en la que se sugiere ir «consensuando los conceptos de las facturas» y se alude a la posibilidad de ir dividiendo las cantidades contenidas en estas, de un modo que el magistrado descalifica. «La operativa de la facturación está desvinculada de la realidad económica», afirma. Así, con ser delicado el asunto, cabe la posibilidad de que no sea lo único a lo que se tenga que enfrentar Gertrudis Alcázar, habida cuenta de que la investigación se inició a raíz de una solicitud de colaboración por parte de las fiscalías francesa y suiza, que le seguían la pista a una organización internacional.

Tras los últimos acontecimientos, Gertrudis Alcázar ha pasado a formar parte de la estirpe de secretarias cuya fidelidad hacia su jefe las ha hecho pasar por los tribunales. Antes que ella pasaron por los juzgados las empleadas de confianza de Rodrigo Rato y de Eduardo Zaplana, Teresa Arellano y Mitsouko Henríquez, las dos finalmente absueltas. Todas ellas tenían un perfil similar. Inteligentes, solteras, dedicadas por completo a su trabajo, poderosas en su terreno, criticadas y alabadas a partes iguales, extremadamente discretas y, después, con la vida destrozada. Arellano, la secretaria de Rato, rompió a llorar en la Audiencia Provincial cuando llegó su turno de declarar: «Mi vida se acabó y no lo logro superar».

De la abogada de una de ellas es una frase memorable, pronunciada entonces con ironía: «Ahora resulta que la de secretaria es una profesión de riesgo». Y Gertru lo sabe.