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El Mundo
Luis Mart�nez · 2026-06-24 · via Cultura

Actualizado

Teta, mama, seno, busto... Eso en castellano elemental o mamario. Lolas, bufas, pechugas, delantera, chichis... Y esto otro en rancio español estepario. Viva, la primera (que también es la última) película firmada por Aina Clotet, vive toda ella pendiente de la cicatriz que deja en una mujer una amputación a la altura de precisamente el pecho. La primera imagen de la película ya es de por sí reveladora. La protagonista a la que interpreta la propia directora se somete a una mamografía y se duele. En verdad es la propia imagen la que duele. «Es curioso», comenta la directora durante tanto tiempo solo actriz, «casi todas las mujeres hemos pasado por algo así y sorprende que sorprenda. No se trata de una simple radiografía. La máquina estruja la teta y vaya si duele». Pausa.

«Varios hombres me han comentado la sorpresa de ver que algo tan en apariencia inocuo y común sea tan agresivo. Y esa sorpresa me hace feliz. Me parece importante que esa simple secuencia genere solidaridad y que sirva para entender muchas de las cosas por las que pasamos las mujeres. Cuando no sabes si esa prueba va a llevar a un diagnóstico de cáncer, experimentas una sensación de fragilidad enorme. No es una parte del cuerpo cualquiera. Es una parte de la anatomía muy simbólica», razona Clotet y se diría que lo hace, como su propia película, a pecho descubierto.

Para situarnos, Viva cuenta la historia de una mujer atravesada originalmente por una mastectomía. La prueba de antes lleva a ella. Lo que en principio y en manos de cualquier otra cineasta con menos afición por el riesgo daría para un drama, en las de Clotet se convierte en una desesperada, encendida, híbrida e indefinible exaltación del deseo, de la vida, del sexo y hasta del propio cine. Todo se lo permite una película premiada en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes que igual es farsa estridente que melodrama loco sin renunciar, atentos, a la ciencia ficción. La película discurre en un tiempo futuro y extraño, pero perfectamente reconocible, donde la vida se alarga a voluntad y el cambio climático ha arrasado con casi todo.

Pero seguimos con los pechos.

Hace poco salió a la luz la confesión de la actriz Sharon Stone de que su marido la dejó cuando ésta le comentó que se tenía que someter a una mastectomía...
-Sí, lo leí. Y es algo que no solo le pasó a ella. Una de las cosas que me comentaron tanto los médicos como muchas de las mujeres con las que hablé para preparar el guion es el alto nivel de separaciones tras un cáncer de mama. En el fondo es una enfermedad en la que la curación muchas veces pasa por la mutilación de una parte del cuerpo femenino que es un símbolo del erotismo. Por desgracia, es así. Lo que demuestra que el erotismo está totalmente fagocitado por una mentalidad heteropatriarcal del cuerpo de la mujer... Por otro lado, me quedo con lo positivo. Si tu pareja te deja por eso, está muy claro que no era la pareja adecuada. Mejor que se vaya.
¿Cómo se alcanza ese nuevo erotismo que plantea en su película?
Quiero pensar que la clave está en no esconder las cicatrices, en asumirlas, en hacerlas propias. Una enfermedad te coloca delante de un cuerpo distinto que también es un cuerpo bello. El erotismo y el deseo tienen que abandonar la esclavitud de los cuerpo normativos y perfectos. Los cuerpos diferentes puede ser perfectamente abrazados y deseables.

La que habla empezó en el cine con apenas 11 años cumplidos. Ella en verdad iba para médico o algo más acorde con la tradición familiar de la que su padre, Bonaventura Clotet Sala, uno de los más reputados expertos en la lucha contra el sida, es el último eslabón. «Todo fue por casualidad. Una vez, de niña, mi hermano y yo acompañamos a mi padre a una entrevista en televisión. Por allí pasó una directora de cásting, se fijó en nosotros y nos hizo una prueba. Lo siguiente, para escándalo de mi madre, fue verme en la serie Estació d'enllaç durante 140 episodios. Iban a ser una decena de capítulos, pero se alargó...», recuerda la ahora directora.

Cuenta que cuando se decidió por el cine, tras darle alguna que otra vuelta y contra el consejo de muchos de sus profesores deslumbrados por las notas de una alumna modelo, pronto sufrió un pinchazo de arrepentimiento. «Imagino que siempre se echa de menos lo que no tienes. En cualquier caso, mis padres siempre me animaron a hacer lo que me apasiona. Y eso hice», afirma para acto seguido intentar una explicación de por qué ha esperado a cumplir los 40 para lanzarse a dirigir. «Por un lado, me centré en actuar todo este tiempo porque es lo que me gusta. Pero, por otro, te das cuenta de que creces sin referentes. Sí, estaban Isabel Coixet o Icíar Bollaín, pero no muchas más. Luego he trabajado con muchas mujeres directores y, ahora, me siento arropada por una generación de la que forman parte Mar Coll, Carla Simón, Alauda Ruiz de Azúa o Belén Funes, pero cuesta...», añade y en los puntos suspensivos deja quizá el principio de un lamento, una reivindicación o un programa de futuro, como se quiera.

«Lo que noto», añade, «es que las mujeres tenemos siempre una exigencia superior. En muchas entrevistas, me preguntan por los hijos y no veo que esa misma pregunta se haga a los directores. Me parece bien visibilizar a los niños y a las personas mayores, pero da la impresión que la responsabilidad siempre cae del mismo lado. Apenas se habla de corresponsabilidad. Y eso hace que tengas que pelearte con el sentimiento de culpa que la sociedad ha inoculado solo en una parte de la población». Pausa. «Mira que me he criado en un ambiente de total libertad y lleno de estímulos. Y aún así, todas las mujeres sufrimos aún la presión de que necesitas un amor para encontrar tu lugar en el mundo. Yo, como todas, he sentido el peso de la idea del amor romántico. Sientes que tienes que luchar contra ti misma y contra esos patrones de conducta que están ahí contigo, aunque no quieras», insiste.

¿Dónde queda la polémica con Leticia Dolera [ésta prescindió de Clotet para un personaje cuando se quedó embarazada]?
Ha pasado mucho el tiempo y ya está. No quiero darle ningún tipo de importancia más. Por suerte, las dos estamos haciendo nuestras carreras y me alegro mucho de que Leticia esté haciendo muchas cosas bonitas. Ya está.

Tetas, senos, busto o mamas... Eso o sexo, pasión o vida. Clotet renace como directora para renombrar en Viva el deseo en femenino y en plural.