Cine
Damian McCarthy insiste en su particular concepci�n del g�nero tan inundado de ideas delirantes y gozosas como ligeramente desarticulado

Adam Scott en un momento de Hokum.
Actualizado
No est� claro que juntar muchas ideas, algunas de ellas deslumbrantes, sea por fuerza una buena idea. Con la nueva pel�cula de Damian McCarthy, una de las voces m�s identificables --por sencillamente �nica e imposible de definir-- del nuevo terror, sucede que su mayor virtud es tambi�n su m�s evidente defecto. Pocas pel�culas como Oddity, su anterior trabajo, y ahora Hokum juntan en sus poco m�s de tres horas, si uno decide contra toda l�gica y contra su propia salud probablemente verlas una detr�s de otra, tal acumulaci�n de sorpresas, giros de guion, citas a cl�sicos, mezclas de ambientes y texturas y hasta monstruos delirantes. Y se agradece sin duda. Cada uno de los dos t�tulos se antoja una especie de compendio de todos los modos de llevarse sustos en todas las posturas posibles. Pero tambi�n es cierto que tal acumulaci�n subyugante de alicientes y est�mulos acaba por sencillamente abrumar, cuando no solo despistar. Si uno hace balance, que para eso estamos, gana, sin duda, el placer de lo terror�fico, pero es imposible no salir del cine sin una sensaci�n de ligera decepci�n por todo lo que podr�a haber sido y no es.
Esta vez se cuenta la historia de un escritor que acude a una remota posada en mitad de ninguna parte donde hace mucho sus padres fueron felices. Quiz� por primera y �nica vez. Lleva consigo las cenizas de sus progenitores con intenci�n de rendir un �ltimo homenaje que tambi�n es, a su manera, una petici�n de perd�n. Nuestro h�roe encarnado por Adam Scott se responsabiliza de la muerte de su madre y de la posterior ruina et�lica de su padre. Lo que all� encontrar� es, por orden, a) una mujer desaparecida de repente; b) un asesinato sin resolver; b) un bosque se dir�a que encantado; c) un ascensor que no funciona; d) un loco con ballesta, y e) una bruja. Dicho as� suena inexplicable y sobre la pantalla lo es a�n m�s.
Como ya ocurriera en parte en Oddity, Damian McCarthy lo quiere todo, a todo se atreve y no renuncia ni al postre. Por momentos, Hokum es f�bula moral, a ratos comedia agria, cuando quiere giallo cl�sico y, si no queda m�s remedio, cuento g�tico con una tendencia nada disimulada a la extravagancia porque s�. Hokum se disfruta casi por obligaci�n. No hay manera de no sentirse apelado, abrumado o simplemente apabullado en alguna de sus mil maneras de llamar la atenci�n. Es m�s, cuando ya parecen agotadas las propuestas porque sencillamente ya no existen m�s, la pel�cula se lanza (y no desvelamos nada) a una m�s: la redenci�n como horizonte.
El resultado deja de todo menos indiferente. Y eso por s� solo es un logro y una rareza en un cine demasiado acostumbrado a los clich�s y las met�foras desaforadas. Hokum se ve y se vive con la sensaci�n de asistir a algo completamente nuevo por mucho que cada uno de sus elementos se haya contemplado mil veces. Pero bien es cierto, y volvemos al principio, que duele ser testigo de solo una parte de todo lo prometido. Lo dicho, juntar demasiadas ideas quiz� no es la mejor de las ideas.
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Director: Damian McCarthy. Int�rpretes: Adam Scott, Florence Ordesh, Peter Coonan. Duraci�n: 101 minutos. Nacionalidad: Irlanda.






















