
























Actualizado
Fue una tarde fr�a, heladora, desapacible en todos los aspectos, por los toros y por el p�blico. La corrida de La Quinta fue un bluf infumable, desbravada y deslucida, pero no exenta de unas complicaciones sordas que en los tendidos encontraron incomprensi�n, pitos extra�os y palmas de tango hostiles en mitad de las faenas. Hasta que a �ltima hora salt� el �nico toro encastado, que se dio con humillaci�n y transmisi�n, recorrido y repetici�n, y por tanto con posibilidades de triunfo. Tom�s Rufo se qued� en la frontera. No debi� haber sido as�. Los aceros fueron tambi�n una cruz este g�lido s�bado para olvidar.
Llovi� durante todo el d�a como pronosticaban las previsiones de los hombres y mujeres del tiempo. Sin embargo, la lona que exig�a el pliego de condiciones no se hab�a puesto en la noche del viernes y, ya cuando rompi� a llover en la ma�ana, no se pod�a poner. La lona est�, existe, alguna rara vez se ha visto extendida sobre el ruedo. Pero no suele colocarse con previsi�n para extra�eza de todos. Quince minutos antes de la corrida asom� el sol entre las nubes y ces� la lluvia y se obr� el milagro del extraordinario drenaje del piso de plaza de Las Ventas. Apenas algunos charcos en una arena incre�ble que absorbe como una esponja.
Hab�a abierto la cinque�a y seria corrida de La Quinta un toro alto, despegado del suelo, fuera de tipo -no ser�a el �nico-, muy finas las puntas y muy afiladas las ideas, siempre escondido detr�s de la mata, dormido y pendiente del torero. Un cabr�n amagado. La humillaci�n escasa solo en el embroque, que alcanzaba al paso, midiendo, uf. Hab�a parecido otra cosa en los buenos quites de Miguel �ngel Perera y Daniel Luque, pero al final fue una cosita. Perera se puso sin mucha fe -ni el esfuerzo cab�a-, lo pas� por las dos manos sinti�ndose escaneado, abrevi� la faena -la gente raramente hostil; un desarme la encon� m�s- y se eterniz� con el descabello tras un feo espadazo.
No mejor� el panorama torista un toro m�s bajo, pero manso perdido. Daniel Luque le mont� un alboroto formidable con el capote, en un saludo partido en dos; la segunda parte,en los medios, fue extraordinaria. Cant� la gallina escupi�ndose del caballo. Luque volvi� a brillar, ahora por cordobinas. El toro se fij�, por fin, en el peto por imperativo presidencial, en el tercer encuentro. No llevaba nada dentro. Ni el m�nimo celo, ni la m�nima humillaci�n. El torero lo brind� al p�blico a saber por qu� y quiso enredarlo en los terrenos de sol, pues ya se hab�a levantado un inc�modo y fino viento. Ni a su altura ni con toda la sabidur�a del especialista en esta casa se consigui� nada. Unas palmas de tango est�pidas otra vez para un tipo por encima de las circunstancias. Un pinchazo, una estocada, un descabello.
Los aceros siguieron sin viajar en el turno de Tom�s Rufo. Que arruin� su esfuerzo con la espada despu�s de una faena muy trabada, planteada en los terrenos de toriles, con un toro encogido de atr�s que nunca tir� hacia delante. Se ven�a sin irse nunca, con un trato relativamente m�s amable por el pit�n derecho, si se compara con el infumable izquierdo. Rufo intent� siempre darle sitio, provocarle inercias -con m�s resultados al hilo que cruzado-, pero no hubo caso: lo ten�a siempre encima y por dentro. Sufri� el talaverano en su querer. El bast�simo cuarto, ensabanado, careto, casi se comi� de salida a Miguel �ngel Perera, que tuvo que tomar el olivo acorralado contra las tablas. Duarte se faj� en la brega. La bestia hizo sonar el estribo en los dos notables puyazos de Juan Melgar. No hab�a nada en su interior, perd�a el objeto. Como si no existiera la muleta. MAP no se dio coba con el toro a su bola y el personal, tambi�n.
La plaza maltrat� ya directamente a Daniel Luque en un merit�simo trabajo con un quinto de fin�simas puntas y fondo desaparecido. Se ven�a siempre por dentro. Lo lleg� a enjaretar mientras la estupidez volv�a a reinar con palmas de tango.
A �ltima hora, ya digo, sal�o un sexto con una humillaci�n no vista hasta ahora, una transmisi�n cierta y un recorrido largo, especialmente por la mano derecha. La cara muy abierta del tal Carretero. Parec�a m�s de Adolfo que de La Quinta. Tom�s Rufo brind� al p�blico despu�s de que Fernando S�nchez pusiera a la gente caliente por primera vez en toda la tarde. Rufo se dobl� con el toro, lo tore� con largura y encaje -abus� de esa gestualizaci�n de irse al pit�n contrario- y parec�a, por momentos, que levantar�a la losa; la muleta por abajo, trepidante el ritmo, breves las tandas. Y se qued� en la frontera del triunfo. Luego, vino la cruz de la estocada baja y el silencio.
LAS VENTAS. S�bado, 9 de mayo de 2026. Segunda de feria. Lleno. Toros de La Quinta, cinque�os; serios; desbravados, complicados; destac� el encastado 6�.
PERERA, DE TURQUESA Y ORO CON CABOS NEGROS. Estocada baja y atravesada y siete descabellos (silencio); dos pinchazos y estocada rinconera (silencio).
LUQUE, DE CELESTE Y ORO. Pinchazo, estocada delantera y descabello (silencio); pinchazo y descabello. Aviso (silencio).
RUFO, DE TABACO Y ORO. Tres pinchazos, estocada rinconera y dos descabellos. Aviso (silencio); estocada baja, tres descabellos. Aviso (silencio).
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