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Elvira Mínguez: "Me encabrona el cliché de que España es ...
Jorge Peteiro · 2026-05-28 · via Cultura

Es actriz con Goya y novelista con Premio Primavera, pero mantiene la beligerancia: "En el cine español aún se mezclan constantemente edadismo y machismo"

Elvira Mínguez: "Me encabrona el cliché de que España es un país de grandes actores secundarios. Es insultante"

Actualizado

La Elvira Mínguez (Valladolid, 1965) actriz acumula cinco nominaciones a los Goya, la última este mismo año por ‘La cena’, con una victoria en 2005 con ‘Tapas’. Su versión escritora acaba de publicar su segunda novela, ‘La educación del monstruo’, que ha obtenido el último Premio Primavera, uno de los más prestigiosos de España. En tiempos de intrusismo, ella se ha ganado su sitio en ambos mundos. Son pocos quienes lo logran.

¿Eres una actriz con un Primavera o una escritora con un Goya?
Ser, soy actriz, pero ahora que voy a cumplir 61 he llegado a la conclusión de que, en definitiva, lo que hago es contar historias de una forma u otra. Me gusta todo. Y luego hay que tener en cuenta una realidad de ser actriz y es que, según cumples años, los papeles son cada vez menos y más pequeños. Yo me puedo dar con un canto en los dientes porque sigo trabajando con regularidad, pero necesitaba hacer algo en las temporadas de parones, que me ponen de muy mala leche, empecé a escribir y, mira, me he encontrado con algo que me encanta.
¿Siguen faltando papeles para mujeres de 50 años? ¿No ha mejorado?
Desde luego que sigue pasando. Las mujeres siempre estamos en la cuerda floja. Indudablemente se ha avanzado muchísimo en el cine español en los últimos años, es una delicia ver mujeres directoras y en absolutamente todos los departamentos, pero aún falta y falta mucho. Hay una cuestión muy enraizada en nosotros como sociedad y es el edadismo, que en este oficio se mezcla con el machismo. A la hora de trabajar, una actriz de 60 no es lo mismo que un actor de 60. Esto es así, todavía no se ha arreglado y no soy especialmente optimista por los vientos políticos y sociales que soplan, pero creo que hay que ponerlo encima de la mesa y hablarlo. Cuando escribo, escribo sobre todo de mujeres, que no para mujeres, y mis personajes son adultos y plagados de grises. Ojalá más guionistas hicieran lo mismo. Es paradójico porque al cine van, sobre todo, mujeres mayores y, sin embargo, se las menosprecia en las tramas.
¿A qué te refieres con los vientos que soplan?
En este caso, a un evidente repunte antifeminista por un auge de ideas extremadamente conservadoras y machistas. Las mujeres siempre hemos estado sometidas a un juicio, lo estuvimos en el pasado, lo estamos en el presente y lo estaremos en el futuro. En el momento que soplan vientos duros desde la extrema derecha, la mujer se va otra vez a casa. En Estados Unidos están surgiendo movimientos que discuten si a las mujeres se les debe retirar el derecho a voto. Escuchas cada cosa que se te cae el alma a los pies y me da auténtico pavor. Estamos viendo las orejas al lobo y deberíamos tenerlo en cuenta antes de que sea tarde.
Dices que escribes mujeres complejas y plagadas de grises, ¿desde algunas corrientes feministas se ha infantilizado a la mujer, negando esos matices para convertirla en un ideal falso?
No sé si es infantil, pero sí se ha simplificado. Hay una infantilización histórica de la mujer que no tiene que ver con el feminismo sino con una cuestión religiosa. La mujer para procrear, cuidar y tener un papel secundario, sin ambiciones ni deseos. Esa imagen ha perdurado y ha convivido con nosotros durante muchísimo tiempo y a mí no me resulta tan lejana. Yo he escuchado a mi madre decir aquello de que la mujer del césar no solamente tiene que ser pura, sino además parecerlo. Y hace muy poco tiempo que no teníamos cartilla del banco. Ese paternalismo es un machismo de tres pares de narices. Y sí, en los últimos tiempos también he visto una manera de plasmar a la mujer, desde determinados sectores de la izquierda, como un ser de luz incapaz de hacer el mal que me interesa tan poco como la otra. Entre una cosa y otra, es difícil encontrar personajes de mujeres con todas las aristas que tenemos.
Sin embargo, tú siempre has hecho personajes duros. Irrumpiste en escena interpretando a una terrorista en ‘Días contados’ en 1995, cuando ETA aún asesinaba.
Sin duda. Siempre me acuerdo de que Carmelo Gómez me decía que habían hecho un casting de narices, refiriéndose a la suya y a la mía [risas]. Mucha gente sigue pensando que soy vasca y es un personaje que, sin duda, determinó mi carrera. Tengo un físico fuerte y en esta profesión y en este país tendemos al encasillamiento con facilidad. De repente hay algo que sale bien, haces un buen trabajo e inmediatamente te colocan ahí y te llega un personaje igual detrás de otro. Yo me reconozco mucho más en el sentido del humor, pero las cosas son así. Uno entra, juega con las cartas que tiene y ya está. Intentas, indudablemente, tener mejores bazas, pero las cartas son las cartas y las mías han sido esas. La tía dura.
Elvira Mínguez posa para la entrevista, en Oviedo.

Elvira Mínguez posa para la entrevista, en Oviedo.Jorge Peteiro

De todos modos has estado nominada al Goya en cuatro décadas distintas. No habrán sido malas las cartas.
Nunca lo había pensado. Sé que he llegado a conseguir muchas cosas que no esperaba, pero también de que no he logrado otras que sí esperaba. Es así, pero si me pongo a pensar en la cantidad de actores y actrices, seguramente mejores que yo, que no han tenido mis oportunidades, me salen muchísimos. No era consciente de eso que me has dicho y es muy heavy, así que, nada, habrá que seguir sumando décadas.
¿Qué esperabas conseguir que no has conseguido?
Me hubiera gustado ser considerada para papeles protagonistas en las mesas donde se toman las decisiones. He tenido premios por todos los protagonistas que he hecho, pero dentro del encasillamiento está también que soy una actriz secundaria. Mi gran batalla, y lo reivindico continuamente, es que cuando los actores estudiamos interpretación, no hay una especialidad de secundaria ni de protagonista. Sin embargo, los premios siguen dándose en esas categorías y eso ayuda al encasillamiento. Si nosotros mismos y la prensa lo aceptamos, te van a ver así eternamente. Imagínate que te dijeran que eres periodista secundario, ¿cómo te sentaría?
No muy bien.
Sería como darte una patada en los cojones, porque tú no tienes una especialidad. Eres periodista igual para un texto largo y uno corto. La batalla por ser considerada una actriz protagonista es la que a mí me hubiera gustado ganar y lo sigo peleando, pero a estas alturas ya… Cada vez que me encabrono con esto, recuerdo cuando murió Terele Pávez y empecé a escuchar y leer que se referían a ella como "la gran actriz secundaria". Pensé: "Dios, si Terele os escucha, se levanta y la lía". Es como ese cliché que tanto se repite de que España es un país de grandes secundarios. Es muy feo e insultante. En cualquier otra profesión no se admitiría, pero en la mía se acepta y se premia. Cuando me han dado un protagonista, he tenido premios y me gustaría haber tenido ese reconocimiento en España porque ahora, con 60 años, estaría en otro tipo de baremos, con más ofertas y ganando más dinero.
El libro se sitúa en el Valladolid de los 60 en el que tú creciste y sufriste abusos sexuales por parte de tu padre siendo niña. Son temas presentes en la novela. ¿Hay una parte de catarsis en ella?
No buscada. Quien tiene que hablar sobre este tema son los especialistas, que son los que saben cómo se tiene que tratar, cómo se tiene que hablar y qué es lo que hay que hacer. Ponerme a mí misma de bandera o de ejemplo, no me vale para nada ni a mí ni a otras víctimas. Además, siento que profundizar en mi experiencia es contribuir al sensacionalismo, no sé si me explico
Perfectamente.
Es que es un tema muy serio, muy doloroso y muy destructivo como para que cualquiera hable de ello con ligereza. Por suerte, hay grandes especialistas y son a quienes debemos escuchar.
En 2003 fuiste una de las protagonistas de ‘Los abajo firmantes’ que supuso, junto a los Goya de aquel año, dos grandes actos de protesta contra José María Aznar y la guerra de Irak y dio origen al apodo de ‘los de la ceja’. La relación entre el cine español y la derecha nunca se ha repuesto.
Francamente, me importa un bledo. Me ha pasado ir por la calle, cruzarme con alguien y que me hiciera el gesto de la ceja con mala hostia y me dijera alguna cosa desagradable. ¿Qué he hecho? Me he vuelto, le he mirado con mala cara, he pensado que menudo gilipollas, que si no tendrá otra cosa que hacer y punto. Ya está. No me merece mayor desarrollo intelectual. Siempre me he expresado como he pensado y como he querido, creo que todo el mundo tiene la libertad para poder hacerlo y, si no, tendremos que luchar todos para que exista esa libertad. Vivimos en un país democrático, por suerte, y no podemos permitir que la libertad para expresarse y discrepar se pierda.