Cine
Fatih Akin devuelve a su filmograf�a siempre convulsa la gracia del gesto reposado, la mirada tranquila y el drama hondo

Jasper Billerbeck en La isla de Amrum.
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Una isla es por definici�n un espacio autosuficiente, aut�nomo, con sus propias reglas para sobrevivir y, con permiso de los posibles y muy temibles volcanes, perfecto. La primera de las utop�as, la de Tom�s Moro, era una isla; la Arcadia como lugar id�lico, que no geogr�fico, tambi�n fue isla y la idea plat�nica de la Atl�ntida lo mismo. Se dir�a que solo en una isla es posible pensar la existencia de un gramo de bondad donde nunca nadie lo hubiera imaginado. Y, en efecto, a ello se aplica el director turco-alem�n Fatih Akin en la que es su pel�cula m�s clara, pautada y m�s alejada del patr�n siempre convulso de su cine desde Contra la pared (2004). No en balde, se trata de contar la posibilidad de un nazi bueno de la mano de la infancia del director, guionista y actor Hark Bohm.
La pel�cula cuenta la historia de un ni�o en una de las islas Frisias septentrionales en la costa del mar del Norte. Estamos en la primavera de 1945, en las postrimer�as de la Segunda Guerra Mundial. Alemania vive con estupor la que parece una derrota inevitable. Mientras, el cr�o protagonista se afana en lograr lo que parece imposible: pan blanco, mantequilla y miel. Todo por satisfacer, como el buen hijo que es, a una madre que asiste at�nita al derrumbe de lo que cre�a inmutable. Para lograr su prop�sito, se enfrentar� a una complicada cadena de trueques, aventuras, favores y silencios distribuidos por la trama con gracia, sentido del ritmo y el eco no tan lejano de las f�bulas de siempre. Cabe a�adir que la mujer es una nazi convencida esposa de un jerarca nazi y el chaval, en correspondencia, es miembro de las juventudes hitlerianas.
La isla de Amrum discurre por la pantalla, ya se ha dicho, a distancia de ese empe�o claustrof�bico y violento tan com�n en la filmograf�a del director. Los planos se abren con la intenci�n de retratar el diminuto tama�o de un ni�o, con sus diminutos afanes de ni�o, en la inmensidad de un mar inabarcable que todo lo inunda. Y lo hace desde una isla, por definici�n perfecta y ajena a todo, de espaldas al fin de una era que anuncian los aviones bombarderos al pasar. El paisaje, como en los cuadros de Caspar David Friedrich, aparece as� como una revelaci�n. Y exactamente igual que en la obra del pintor rom�ntico por excelencia, el protagonista de Akin, errante y empeque�ecido ante la enormidad del horizonte, parece contemplar el mundo y, en realidad, se mira por dentro. Lo que el cr�o acierta a ver no es tanto la Alemania humillada y cruel que se extiende a sus pies, aunque un poco tambi�n, como simplemente el abismo del alma. Suena tremendo, quiz� cursi, y lo es. Tremendamente cursi y exageradamente alem�n.
El resultado es una pel�cula precisa, tierna, delicada y, por todo lo anterior y por contraste quiz�, devastadora; una pel�cula que lejos de disculpar nada o suavizar responsabilidad alguna, alcanza a describir desde el m�s an�malo, tranquilo y hasta perfecto de los lugares (la isla de la infancia) el m�s brutal, injusto y soez de los mundos posibles.
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Director: Fatih Akin. Int�rpretes: Diane Kruger, Laura Tonke, Jasper Billerbeck. Duraci�n: 93 minutos. Nacionalidad: Alemania.





























