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Manten�a Borges, siempre �l, que la memoria arrastra consigo su peso, su pena y su castigo. Recordar libera, pero, en seg�n qu� casos, condena; condena a lo m�s grave y quiz� peor de uno mismo. Sin remisi�n ni escapatoria. La sentencia del argentino "Yo no hablo de venganzas ni de perdones; el olvido es la �nica venganza y el �nico perd�n", que figura en Fragmentos de un evangelio ap�crifo, se antoja reveladora. No una barbaridad de reveladora, la verdad, pero s� lo suficiente para cuanto menos situar la pel�cula con la que Marta Matute ha partido el a�o en dos. Yo no morir� de amor (qu� maravilla de t�tulo, por dios) comprime en apenas hora y media seis a�os en la vida de una joven desde que su madre empieza a sufrir los primeros s�ntomas de Alzheimer hasta el final de casi todo. La pel�cula, y aqu� lo relevante, se estructura como la memoria misma de manera tan caprichosa y err�tica como dolorosa y definitiva, tan atenta a cada recuerdo esencialmente triste como descuidada con todo aquello que el tiempo, la desgana y hasta la falta de vocabulario ha dado en llamar felicidad. Y desde ah�, la directora, con la inestimable ayuda de un reparto muy cerca de la perfecci�n, levanta un aut�ntico monumento de emoci�n, de certidumbre, de pena y, no menos importante, de liberaci�n.
Sobre el papel, y si se cae en el error de prestar simplemente atenci�n al rigor de lo narrado, Yo no morir� de amor podr�a pasar por una pel�cula agriamente realista y hasta ligeramente cruel sobre la cat�strofe que supone para una familia cualquiera una enfermedad as�, tan definitiva como injusta. Toda la cinta est� narrada desde el punto de vista de una protagonista (qu� gran actriz ser� porque ya lo es J�lia Mascort) que se debate entre la obligaci�n de cuidar y la necesidad de crecer o, mejor, de simplemente vivir. Sin embargo, la voz de Matute es mucho m�s ambiciosa. La verdadera intenci�n de la pel�cula no es tanto la puntual descripci�n, aunque tambi�n, de lo que sucede por fuera (que si la falta de recursos, que si la insensibilidad social, que si la atrocidad de casi todo) como el detallado retrato de lo que arrasa por dentro, muy adentro. Y es ah�, en la certeza de lo com�n, de lo compartido, de lo de todos, donde la pel�cula se hace grande. Hay denuncia s�, pero sobre todo hay iluminaci�n. Profunda, oscura y muy dolorosa, pero iluminaci�n al fin.
Estructurada por episodios y con una fotograf�a firmada por Sara Gallego memorable en su capacidad para sugerir huecos, vahos, vac�os y silencios, Yo no morir� de amor avanza por la pantalla como mil peque�os fragmentos de recuerdos encajados sobre un tapiz apretado de olvidos, olvidos diminutos y necesarios. No se trata de reconstruir lo que pas� de manera organizada y cl�nica, sino de conformar la materia misma de una memoria arrasada. Por eso, el tiempo de la pel�cula discurre a saltos solo pendiente de su l�gica interna, de su cadencia de sufrimiento y barro; por eso, los descomunales trabajos de Sonia Almarcha, Tom�s del Estal y Laura Weissmahr se enfrentan con la misma pasi�n y entrega a todo lo que muestran y a todo lo que callan; por eso, esa casa a medio construir permanentemente en plano que todo lo tapa; por eso, la sabia puesta en escena tan pendiente en todo momento de lo que ense�a como de lo que oculta; por eso, Yo no morir� de amor se atreve a ser una de las pel�culas del a�o y, ya se ha dicho, el mejor t�tulo que ha lucido una pel�cula en mucho tiempo.
El resultado es una pel�cula construida toda ella sobre un estruendo, un estruendo silencioso de injusticia, un estruendo mudo de puro desolador. Y as�, lo que queda es una bell�sima contradicci�n que tambi�n es una revelaci�n fulgurante sobre la memoria que tambi�n lo es sobre el olvido, sobre el perd�n y hasta sobre la venganza. Borges no podr�a estar m�s de acuerdo.
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Directora: Marta Matute. Int�rpretes: J�lia Mascort, Sonia Almarcha, Tom�s del Estal, Laura Weissmahr, Guillermo Benet. Duraci�n: 94 minutos. Nacionalidad: Espa�a.
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