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El Mundo
Luis Mart�nez · 2026-06-27 · via La Lectura

Actualizado

Según la leyenda que Dave Eggers recoge en uno de sus libros más célebres, Dios ofreció al ser humano la posibilidad de elegir entre dos regalos: el ganado y el Qué. «¿Qué es el Qué?», preguntó el primer hombre dinka. Pero Dios calló. El hombre pensó que el ganado le proporcionaría alimento y abrigo. El Qué, en cambio, era lo desconocido. Podía ser todo o simplemente su muerte. Así que el hombre se quedó con el ganado.

Ousman Umar no es dinka. Él nació en la tribu de Fiaso, en la zona central de Ghana, pero su aventura existencial coincide como si se tratara de un reflejo sobre la superficie del agua con la de Valentino Achak Deng, el protagonista de la tribu dinka del sur de Sudán de la novela de Eggers. Cuenta Ousman que no sabe cuándo nació exactamente. Cuenta que calcula que tiene 37 ó 38 años. Cuenta, eso sí, que nació un martes. Entre los suyos eso es más importante. Cuenta que como su madre murió en su nacimiento, él debería estar también muerto porque así lo dice la tradición. Pero sobrevivió. Y un día, sigue, vio un avión en el cielo y se preguntó quién (y qué) es el hombre blanco que es capaz de hacer volar un trozo de metal. Y justo en ese momento, selló su destino. Ousman Umar eligió el Qué.

Con 13 años cruzó el Sáhara a pie y allí vio morir a sus compañeros de travesía. Con 16 fue testigo de cómo su mejor amigo se ahogaba al hundirse la patera en la que viajaban. Con 17 llegó a Barcelona. Fueron cinco años de periplo como un Ulises moderno en busca de lo desconocido. Allí durmió durante meses en la calle. Y así, hasta que Montse y su marido, sus padres de entonces en adelante, le acogieron, le ayudaron y le besaron en la frente antes de dormir. ¿Y si ella era el Qué? Pisó España analfabeto y hoy tiene dos carreras universitarias, un máster, un premio de la ONU y dirige una ONG creada por él que responde al nombre de NASCO Feeding Minds. Primero contó su historia en un libro y ahora ese libro es una película dirigida por Dani Sancho y protagonizada por él mismo, en primera persona. Viaje al país de los blancos se titulan el libro, la película y, en efecto, el Qué.

«Fue un golpe emocional tremendo», recuerda Ousman sobre trabajo como actor de sí mismo. Y sigue: «Volver a mirar con los ojos del niño que fui fue volver a sufrir el frío, el miedo, la indiferencia. No fue fácil, pero tenía claro que nadie mejor que yo para contarme a mí mismo». La película repasa de forma puntual cada una de sus heridas. Lo hace de manera tan pautada como verista, pero sin exhibicionismos, sin intención ejemplificadora, sin didactismos cargantes. «Sé que he vivido una historia fuera de lo común», continúa, «pero tengo claro que he llegado tan lejos no por ser el más fuerte, sino para cumplir un propósito, para dar voz a todos los que murieron por el camino. Mi historia solo tiene sentido para dar sentido a todas las historias que se perdieron por el camino».

Ousman trabajó como soldador en Acra cuando apenas era un adolescente. De ahí fue a Níger, donde se encontró con Musa, un amigo de Ghana. Juntos se dirigieron a Agadez, donde comienza el desierto. Y ahí se dieron de bruces con la primera de las infinitas pesadillas que vivirían durante los próximos cinco años. En el Sáhara, camino de Libia fueron, él y todos los que como él perseguían su propio Qué, engañados y quedaron solos y a su suerte. De los 46 que comenzaron la travesía solo seis llegaron vivos. Cuatro años pasó en Libia hasta que reunió los 1.800 euros que le pedían para llevarle en patera a Europa.

«La historia de la humanidad no existe al margen de la historia de la emigración», dice. «Cuando algunos hablan de prioridad nacional, yo me pregunto: ¿de qué hablan exactamente? ¿Se nos ha olvidado acaso que acabada la Segunda Guerra eran los españoles los que llegaban en patera a las costas de Venezuela? Sí, no eran pateras de Ghana ni de Senegal ni de Mali ni de Nigeria... Eran pateras desde España que se llamaban barcos fantasmas. Más en concreto fue un barco de nombre Saturnino el que arribó con 106 personas después de casi dos meses de travesía desde Las Palmas». Pausa. «Sinceramente, antes que de prioridad nacional debería hablarse de prioridad humana».

Ousman Umar, en un momento de la película sobre su vida que protagoniza.

Ousman Umar, en un momento de la película sobre su vida que protagoniza.David Panza Fàbregas

Mantiene Ousman, y lo mantiene en carne propia, que la emigración no es amenaza sino oportunidad. «Mi vida y mi sufrimiento hoy sirven para que millones de otras personas puedan ver la luz en la oscuridad», dice y como prueba presenta todos los proyectos educativos que su fundación desarrolla, precisamente en Ghana, donde ha creado, entre otras muchas iniciativas, aulas informáticas. «Llegué a España analfabeto, no supe leer ni escribir hasta los 19 años. Pero fui capaz de superar todo el sistema educativo español, de aprender dos idiomas y de aprobar la selectividad para entrar en la facultad de Química. Todo eso en seis años. Y todo ello trabajando 40 horas arreglando bicicletas. Eso demuestra que realmente el talento no tiene color, que el racismo es absurdo», afirma, se detiene un segundo y continúa: «Nos regalan miedo para vendernos seguridad... El racismo es la mezcla de miedo al pobre, miedo a lo desconocido y una profunda ignorancia». Definitivamente, Ousman eligió el Qué.