Los libros
Narrativa
La historiadora y acad�mica brit�nica desvela en 'Los caminos a Roma' algunos de los misterios de las civilizaciones antiguas

Calzada que conduc�a a la ciudad de Gerasa, en la actual Jordania.
Daniel Cap�
Actualizado
La v�a romana fue el camino que traz� Roma para construir su imperio. R�mi Brague plante� esta tesis en un libro fundamental, titulado La v�a romana. Para Brague, la romanidad -y, por ende, Europa- se caracterizaba por la apertura de nuevos horizontes a partir de la conciencia de su propia fragilidad. Como su pensamiento no estaba a la altura de los griegos, no dud� en asimilar la filosof�a ateniense. Y lo mismo se hizo con Jerusal�n cuando asumi� la superioridad de su mensaje �tico. La v�a romana es el camino, la ruta y la calzada, pero tambi�n un m�todo y una mirada sobre la realidad, un modo de ser. De esta forma, el mundo cl�sico sab�a que caminar y pensar van de la mano, y que ambos obedecen a un mismo impulso. La civilizaci�n occidental naci� aqu�, en ese punto donde distintas tradiciones se entrecruzan, se integran y se expanden. Sobre este supuesto, y con una erudici�n deslumbrante, la historiadora Catherine Fletcher acaba de publicar en la editorial Taurus un ensayo ambicioso: Los caminos a Roma: Un viaje al pasado de Europa, con el que nos invita a mirar hacia atr�s para entender mejor el presente.

Los caminos a Roma
Catherine Fletcher
Traducci�n de T. de Lozoya y J. Rabasseda. Taurus. 560 p�ginas. 26,90 � Ebook: 12,99 �
El libro arranca de una observaci�n bien documentada: las grandes carreteras europeas siguen con bastante fidelidad los trazados que los ingenieros militares de Roma establecieron hace dos mil a�os. Conducir de M�rida a Astorga siguiendo la Ruta de la Plata supone obedecer el dictado de un C�sar. La historia ofrece estos reversos, aunque no siempre hermosos.
Quiero decir que lo que regresa en la historia no es necesariamente la grandeza. Fletcher no lo oculta en su libro. Las mismas v�as por las que se expandi� el comercio, la lengua, las costumbres, las leyes y la religi�n; las mismas que hicieron posible el Grand Tour de los rom�nticos o el turismo de masas fueron tambi�n las calzadas por las que circularon los convoyes del terror durante la II Guerra Mundial. Resultan fascinantes las p�ginas que Fletcher escribe sobre la relaci�n de Mussolini con la grandeza hist�rica de Roma. Por supuesto, esta voluntad pol�tica y est�tica no era inocente. El pasado nunca lo es del todo.
Fletcher escribe con la elegancia caracter�stica de los mejores historiadores anglosajones. Su lectura es entretenida, culta y luminosa. Al atravesar Europa de camino a Roma, descubrimos no s�lo el tiempo estratificado bajo las grandes v�as de comunicaci�n, sino tambi�n nuestra propia condici�n humana.

























