




















Antes incluso de que Paul Val�ry formulara la pregunta ��No es tambi�n un sue�o el cine?�, pocas met�foras han perseguido de manera tan insistente y clara al extra�o invento de los Lumi�re como la de la enso�aci�n. Buster Keaton, por ejemplo, imagin� una pel�cula entera como la consecuencia alucinada de un proyeccionista de cine incapaz de distinguir la vigilia del sue�o -que tambi�n era deseo- m�s profundo. En efecto, en El moderno Sherlock Holmes (1924), un hombre sue�a con ser detective y su delirio le hace entrar en la pantalla de la sala de cine donde la ficci�n y la realidad se confunden con el denso espesor de lo on�rico. Resurrection, del director chino Bi Gan, lleva esta asociaci�n (sue�o y cine) al paroxismo, al grado m�s alto de alucinada y feliz confusi�n. �Estoy convencido, y de este convencimiento surge la pel�cula, de que el cine y el sue�o son dos expresiones para designar lo mismo�, dice el director a modo de presentaci�n. �Uno de los mayores halagos que he escuchado de mi pel�cula fue de un espectador que me confes� que no ten�a claro si hab�a visto o so�ado mi pel�cula. Esa es, sin duda, la experiencia que busco�, a�ade, traductor mediante, con una sonrisa.
La entrevista tiene lugar durante la celebraci�n de la Seminci de Valladolid apenas unos meses despu�s de que la cinta arrancara las primeras exclamaciones de asombro en el Festival de Cannes donde, por cierto, recibi� el Gran Premio del Jurado. De entonces a ahora, este viaje quim�rico, adem�s de �pico, por la historia del cine y de los sue�os no ha hecho m�s que sumar adictos y son�mbulos. Dividida en cinco episodios, Resurrection transcurre en un mundo entre apocal�ptico y desesperado en el que la humanidad ha renunciado a la capacidad de so�ar a cambio de la inmortalidad. Unos pocos rebeldes y obstinados, conocidos como �delirantes�, se aferran a su rebeld�a, a su obstinaci�n y a sus sue�os. Para liberar a uno de estos sujetos, al que interpreta el actor Jackson Yee, de su obstinado delirio, un agente del orden y de la eternidad (Shu Qi) entra literalmente en sus sue�os, gui�ndolo a trav�s de un siglo de cine. Todo sea por alcanzar una liberaci�n que, quiz�, no es tal. La pel�cula transita entre �pocas y estilos. Se comienza en el cine expresionista mudo para, acto seguido, seguir (y so�ar) por el cine negro, la Revoluci�n Cultural China, la era del capitalismo desaforado que la sigue, el cambio de milenio, que sucede todo �l en un �nico plano secuencia desaforado de m�s de media hora, y el futuro so�ado en el que todo es cine porque todo no puede ser m�s que sue�o. Se trata de un viaje pendiente �nicamente de su propia e inestable imposibilidad, de su delirante e irresistible fracaso, de su adictiva capacidad de enga�o. Cada �poca reconfigurada celebra uno de los sentidos hasta llegar al �xtasis de una sexta posibilidad de sentir, de so�ar y, ya puestos, de vivir. Hay monstruos, esp�as, monjes, estafadores, vampiros... El resultado es una celebraci�n psicotr�pica de la imagen en movimiento.

El director Bi Gan en Cannes.MUNDO
�La idea de la pel�cula�, comenta Bi Gan, �tom� cuerpo durante la pandemia. Al principio, ten�a en mente algo muy diferente: algo muy personal que desarrollara las ideas de tiempo y memoria de las que me hab�a ocupado en mis pel�culas anteriores, Kaili blues (2015) y Largo viaje hacia la noche (2018). Pero, finalmente, me decid� por algo que creo que nos afecta a todos ahora mismo. Por eso el t�tulo de Resurrection. Creo sinceramente que ha llegado el momento de que nos volvamos a pensar como especie�. Nadie, desde luego, puede acusar al director chino, que con apenas 35 a�os de edad parece decidido a revolucionar su oficio, de falta de ambici�n. Y sigue: �Lo que hemos perdido en estos cien a�os no es el cine como forma de arte, sino nuestra incapacidad para conectar nuestros sue�os con �l. La gente se ha acostumbrado a la comodidad de la tecnolog�a. Estoy convencido de que el tiempo que dedicamos a dispositivos como los m�viles, sus aplicaciones y programas, nos impide experimentar el mundo en un tiempo que podemos considerar real. Ahora mismo dependemos completamente de las limitadas capacidades sensoriales que ofrece un dispositivo; dependemos de macrodatos para procesar la experiencia. De hecho, nos hemos convertido en un producto, nuestra experiencia diferida a trav�s de terminales digitales se ha transformado en un objeto de explotaci�n... Por eso, insisto, hablo de la necesidad de una especie de resurrecci�n�. Queda claro.
De entre todas las maravilladas alucinaciones con las que se entretiene Resurrection, una vuelve a destacar. Como ya ensayara con anterioridad, el plano secuencia adquiere en unos de los fragmentos la categor�a de revelaci�n. Es virtuosismo, s�, pero algo m�s. En una ciudad portuaria de aire ciberpunk envenenada de luces de ne�n, un delincuente de nombre Apolo que nunca ha besado a una chica se enamora de una joven cantante. Estamos en el �ltimo instante de un milenio, en la �ltima noche de 1999. Como si se tratara de la versi�n m�s loca de Romeo y Julieta, bajo una lluvia impenitente, nuestros h�roes se enfrentan a mafiosos, moteros, cantantes de karaoke, bandas enloquecidas de p�jaros, narcotraficantes y vampiros. Son 36 minutos de un �nico plano. Digamos que Bi Gan contin�a buena parte de la exploraci�n casi suicida a la que se oblig� en las citadas Largo viaje hacia la noche y Kaili blues. En su pel�cula anterior, las heridas de la memoria y el amor perdido se transformaban en el paisaje de un raro naufragio donde los fragmentos del presente s�lo adquir�an sentido como reflejos del pasado. Y as� hasta que una sala de cine, siempre el cine, serv�a de refugio al protagonista vagabundo. All� empezaba la aventura. Un plano infinito de 59 minutos de duraci�n (casi el doble que el de ahora), pero esta vez rodado en tres dimensiones, sumerg�a al espectador en lo m�s profundo de todo lo profundo. Cine en apnea.

Una imagen de 'Resurrection', de Bi Gan.
�Sinceramente�, comenta Bi Gan, �lo que menos deseo es que se me encasille como el director que siempre usa el mismo truco. De hecho, de entrada, nos obligamos a prescindir del plano secuencia. Pero luego nos dimos cuenta de que la mejor manera de retratar ese momento de la pel�cula era precisamente con el dinamismo y la fiebre de... un plano secuencia�. Pausa. �A veces pienso que soy un poco como el futbolista que, cuando se ve apurado, echa mano del recurso que mejor conoce y que le surge de manera instintiva�. �Y c�mo fue esta vez? �Muy complicado. Como siempre. Empezamos a ensayar la toma aproximadamente medio mes antes del rodaje en Chongqing con sus callejones laber�nticos. Despu�s, filmamos desde las dos o las tres hasta las siete de la ma�ana durante muchas noches. Fueron horas y horas de rodaje para crear unos 30 minutos de metraje en la pel�cula final. Hay que tener en cuenta que tres horas se condensaron en un time-lapse para crear una atm�sfera on�rica... Todo fue dif�cil. Las luces se calentaban demasiado, hubo que ocultar la red de tuber�as y aspersores que simulaban la lluvia... En cada movimiento, hab�a al menos diez personas siguiendo, preparando y planificando�. �Lo volver� a hacer? �Nunca m�s... Aunque esta frase ya la dije una vez�. Y r�e.
Cuenta Bi Gan que hasta los 18 a�os apenas vio ninguna pel�cula. Recuerda que su primer contacto con el cine fue gracias al c�mico Stephen Chow. Y as� hasta que empez� a frecuentar la compa��a de Tarkovski, Antonioni, Fellini, Almod�var, Saura y, por supuesto, Buster Keaton. �Lo que descubr� entonces es que el cine es un lenguaje universal que tiene que ver con algo �ntimo que compartimos todos: los sue�os. El cine y el sue�o son lo mismo�.
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