El volumen 'La salud mental en el cine y las series', coordinado por Clare Elizabeth Cannon y Pablo Alzola, reflexiona sobre varias historias del mundo audiovisual que "nos enseñen a mirar y ser mirados"

Fotogramas de algunas de las series y películas tratadas en el ensayo.
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Ahora que la salud mental se ha convertido en uno de los grandes problemas de la esfera pública, el riesgo de convertir el sufrimiento en una etiqueta, una moda o un mero contenido nunca ha sido tan alto. La salud mental en el cine y las series, volumen coordinado por Clare Elizabeth Cannon y Pablo Alzola, plantea una pregunta ambiciosa: ¿puede la ficción ayudarnos a comprender mejor la vulnerabilidad humana?
La respuesta que ofrecen los autores es afirmativa, aunque con una condición importante. El cine y las series no contribuyen a una mejor comprensión de la salud mental cuando reducen a los personajes a diagnósticos, traumas o estereotipos. Lo hacen cuando consiguen representar la complejidad de la experiencia humana y mostrar a las personas en el entramado de relaciones, pérdidas, esperanzas y conflictos que dan forma a una vida.

La salud mental en el cine y las series
Edición de Clare Elizabeth Cannon y Pablo Alzola
Editorial: Ediciones Universidad de Navarra, EUNSA.
Año de publicación: 2026
Disponible en EUNSA: aquí.
El libro reúne ensayos de psicólogos, especialistas en comunicación y estudiosos del mundo audiovisual que analizan obras como Inside Out 2, Lady Bird, This Is Us, El padre, Cerrar los ojos o Los destellos. Su interés, sin embargo, no reside únicamente en el comentario cinematográfico. Lo que vertebra este conglomerado es una determinada idea de la narración como espacio de reconocimiento.
La introducción ofrece una de las claves del volumen al defender que necesitamos historias que "nos enseñen a mirar y ser mirados" y que se resistan a "aplanar la experiencia humana convirtiéndola en mero contenido". Frente a la proliferación de relatos prefabricados y a la lógica de los algoritmos, los coordinadores reivindican la mirada humana como una herramienta insustituible para explorar los territorios más difíciles de la experiencia.
Uno de los aciertos del libro es su insistencia en los vínculos. La salud mental no aparece tratada como una cuestión exclusivamente individual ni como un problema clínico aislado. Por el contrario, muchos de los capítulos muestran cómo el bienestar psicológico está ligado a la capacidad de establecer relaciones significativas, afrontar las pérdidas y reconstruir la propia identidad. El duelo por la muerte de un hijo, la adolescencia como proceso de maduración, la fragilidad de la memoria en la vejez o la restauración de los lazos familiares son algunos de los territorios explorados.

Pablo Alzola y Clare Elizabeth Cannon, editores del volumen.
Resulta sugerente la propuesta de Elizabeth Cannon sobre las "narrativas dialógicas". Frente a los relatos basados en el enfrentamiento y la simplificación, la autora reivindica historias capaces de generar encuentro. Su planteamiento parte de una intuición sencilla pero fecunda: la vulnerabilidad no debe presentarse como espectáculo ni como signo de debilidad, sino como una condición compartida que puede convertirse en puente entre las personas. Como escribe, "la vulnerabilidad no es un problema ajeno, sino un terreno común donde poder crecer juntos".
El libro tiene también el mérito de escapar tanto del optimismo ingenuo como del fatalismo contemporáneo. No busca ofrecer soluciones rápidas ni convertir el cine en una terapia. Más bien explora cómo determinadas historias pueden ayudarnos a nombrar el dolor sin quedar atrapados en él. De ahí que una de las ideas más interesantes del volumen sea que las audiencias actuales no buscan "consuelos fáciles ni finales artificiales", sino relatos que reconozcan la dificultad sin convertirla en la última palabra.
La obra constituye una defensa de la ficción como lugar de encuentro humano. En tiempos de polarización, simplificación y consumo acelerado de imágenes, sus autores recuerdan algo que el mejor cine siempre ha sabido: comprender a otro ser humano exige tiempo, atención y una mirada capaz de permanecer allí donde la fragilidad se hace visible.





















