En esta novela la autora narra la doble imposibilidad de regresar a su ciudad natal y de despedir a su abuelo

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"La última vez que hablé con mi abuelo me dijo: 'Nací en una guerra y moriré en una guerra'. Murió al día siguiente, el 20 de abril de 2022, en la ciudad ucraniana de Tokmak. La ciudad había sido rodeada el 27 de febrero por las tropas rusas". Con estas palabras arranca Ocupación, de Margaryta Yakovenko (Tokmak, 1992), y en ellas se condensa ya la doble imposibilidad sobre la que se levanta todo este libro de memoria familiar: la de regresar a su ciudad natal y la de despedir a su abuelo.
Durante casi dos meses Víctor Konstantínovich Yakovenko agonizó postrado en su cama, sin medicamentos ni médicos disponibles, pues los pocos que quedaban solo atendían a soldados rusos. La autora, su hermano y sus padres, instalados en España desde hace décadas, no pudieron acompañarlo. A su entierro acudieron siete personas, bajo el sonido de los disparos. Tampoco pudieron visitar la tumba. El ejército ruso acabó expropiando el piso familiar y entregándoselo a un médico militar, su esposa y su hijo de diez años, inscrito de inmediato en el mismo colegio al que la propia Yakovenko había asistido en la infancia. Es un detalle devastador: la vivienda expropiada como pérdida de identidad, la escuela como lugar donde el pasado y el presente se superponen.
A partir de ahí, la autora retrocede y reconstruye una genealogía que abarca todo el siglo XX. Sus bisabuelos paternos se casaron en Tokmak en enero de 1914, meses antes de que él fuera reclutado por el ejército zarista. Tuvieron seis hijos de destinos dispares, algunos de ellos conforman un inventario de los males del siglo: uno muere de niño al caer de un caballo, otra a los veinticuatro a manos de un marido violento, otro vuelve de liberar Europa con el Ejército Rojo y termina en la KGB persiguiendo a nacionalistas ucranianos. El menor, Víctor, nacido en 1939, es el abuelo de la autora. Se casó con Raísa Vasílievna, miembro de una familia rusa despojada de sus bienes y deportada a Ucrania para repoblar las zonas que el Holodomor, la gran hambruna propiciada por Stalin, había dejado vacías. El padre de Raísa, Vasiliy, murió en el tren camino del gulag...
Ocupación es el libro que escribe una nieta escritora para honrar la desolación: Tokmak está ocupada, en su casa familiar vive gente ajena. No quedan los muebles, ni las alfombras, ni los álbumes, ni el escritorio donde aprendió a leer. Todo acabó tirado a la basura por una mujer rusa que lo desechó como antiguallas. No está el abuelo, que murió solo, en una cama fría, sin que nadie de los suyos pudiera echar un puñado de tierra sobre su ataúd. No queda siquiera la tumba a la que volver, pues está al otro lado de una frontera que no puede cruzarse. Lo único que le queda a Margaryta Yakovenko, en Madrid, es un mote tierno que ya nadie volverá a pronunciar, y un conjunto de nombres propios —Konstantín, María, Aleksandra, Iván, Vasiliy, Raísa, Víctor— que la violencia quiso borrar de la tierra.
Tokmak no es Sarajevo ni Auschwitz ni Stalingrado. Es un lugar del que apenas sabemos algo y, en cambio ahí pasó todo, en versión reducida, sobre cuerpos sin nombre. La historia europea del siglo XX suele contarse desde los centros (desde Versalles, desde el Reichstag, desde el Kremlin), pero también se cuenta, como muestra este libro, desde la calle Nekrásov de una ciudad de 30.000 habitantes en la estepa entre Crimea y el Donbás.
La autora escribió este libro porque sus recuerdos se estaban volviendo blandos. Y lo ha hecho como se levanta un cenotafio, creando una tumba de palabras donde los muertos sin lugar puedan descansar. El abuelo le había confesado al padre que su sueño era que ella escribiera algún día sobre Tokmak. Tokmak significa, en tártaro, lugar de batalla. La etimología se ha cumplido demasiadas veces.

Ocupación
Margaryta Yakovenko
Seix Barral. 184 páginas. 19 ¤ Ebook: 10,99 ¤











