Con una escritura que cuenta pero no incide, la escritora cántabra explora el cansancio de una generación acostumbrada a un movimiento constante en 'Última escala'

La escritora Marta San Miguel.
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Sobre Enrique Granados yo sólo conocía su final, ahogado en el Canal de la Mancha junto a su mujer por culpa de un torpedo alemán de 1916. Y esa tragedia es el punto de partida de un breve libro biográfico que, más divulgativo que minucioso, no pretende saciar la curiosidad sobre el músico ilerdense, sino más bien despertarla y removerla.

Última escala
Marta San Miguel
Libros del Asteroide. 224 páginas. 19,95 ¤ Ebook: 9,99 ¤
"Los nudos se deshacen sin tirar de ellos", afirmaba la periodista, poeta y narradora Marta San Miguel (Santander, 1981) en un poema de El tiempo vertical, y en algún momento de Última escala (estupendo título en su polisemia, del mismo modo que la idea del dibujo de la cubierta sintetiza maravillosamente bien no sólo el contenido del libro sino su espíritu) se diría que ésa ha sido la actitud: un poco a la manera que tienen los franceses de hoy de abordar la Historia o el género biográfico (me refiero a autores como los sobrevaloradísimos Jean Echenoz o Éric Vuillard), la idea habría sido contar más bien lo justo, no incidir, dejar sitio al lector para que complete el runrún de ese tiempo que aquí se deja insinuado, o que en algunos tramos directamente se omite, aunque el libro esté estructurado a partir de páginas separadas para cada año de vida.
Hay un pequeño y correcto contexto de las diferentes épocas (la Barcelona de la Renaixença, la de la Semana Trágica...), pero también grandes elipsis, e incluso cierta aceleración, cambios de ritmo tan sobrevenidos como los de las partituras, las travesuras y los caprichos de Granados: hay poca transición, por ejemplo, entre el anonimato y la gloria. Así, cuando se inaugura la Sala Granados en el Tibidabo (honor que, por definición, resultaba excepcional) ha habido una información insuficiente sobre el crecimiento de su fama, y mucho más que de sus conciertos, sus viajes o sus logros hemos leído apuntes sobre sus apuros, sus deudas, sus clases.
Otras veces parece la prudencia, o algo así como la "discreción ajena" la que hace que se nombren cosas sin entrar en ellas: "Para Granados, una vida, un cuerpo, un día, el amor de una sola mujer o un pentagrama eran medidas demasiado limitadas".
Como si hubiera decidido comparecer aquí más en su naturaleza de poeta que en su trabajo de periodista, San Miguel lo fía casi todo a la música y al agua, y eso es un acierto. Protagonistas de la vida de Granados, el miedo al agua (casi una profecía) y el amor a la música articulan el relato secreto e íntimo del libro, aunque haya también "intrusiones" y "selfis" de la autora, que son, al principio, mucho más bonitas que pertinentes, y que luego se afianzan como el making of de un libro que, por su extensión y su tono, tal vez no lo necesitaba.
























