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La Lectura

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El Mundo
Susana F. Marim�n · 2026-06-17 · via La Lectura

En algún rincón del norte de Italia, en la costa del Tirreno, entre la Toscana y Liguria, Ludovico Einaudi(Turín, 1955) vivió unos veranos que, día tras día, gota salada tras gota salada, fueron sedimentándose en su memoria infantil. De aquella suma de recuerdos, emociones y paisajes nació The Summer Portraits, un trabajo concebido como una evocación de la infancia y de la libertad que acompaña a los veranos interminables.

Con una amalgama de melancolía e imaginación, el compositor italiano transformó viejas imágenes, cuadros y recuerdos dispersos en un disco que funciona como un álbum de instantáneas sonoras. «Esos retratos nacen de la idea de la libertad, del contacto con la naturaleza, de los planes veraniegos... Esos tres meses siempre acababan siendo meses salvajes, en los que mis amigos y yo nos mimetizábamos con la naturaleza hasta convertirnos en ella», recuerda Einaudi. Pocas figuras de la música contemporánea han alcanzado una proyección tan transversal como la del pianista y compositor italiano.

Con millones de oyentes mensuales en plataformas digitales y una capacidad poco habitual para conectar con públicos de muy distintas generaciones, Einaudi se ha convertido en uno de los compositores vivos más populares del mundo. Su música ha acompañado algunas de las producciones audiovisuales más celebradas de las últimas décadas, con partituras para películas como Intocable, Nomadland o The Father, además de aparecer en numerosas series, documentales y campañas internacionales. Su estilo minimalista, emocional y profundamente evocador ha contribuido a acercar la música instrumental a una audiencia masiva. Un éxito que atribuye a su capacidad de «eliminar barreras mentales».

Su música, afirma, es «abierta y sin fronteras»: «Estoy dispuesto a experimentar absolutamente todo y creo que esto mantiene el flujo. Mi formación es en música clásica, pero disfruto del rock, de la electrónica y de cualquier tema bueno que caiga en mis manos. Mi música simplemente devuelve mis creencias, mis pasiones y mi visón al mundo». La música clásica le vio crecer y crecer y crecer hasta alzarse como el artista del género más escuchado en streaming. Aun así, en línea con su desencanto hacia las etiquetas que ve como un corsé asfixiante -y que no suele traer nada bueno- Einaudi mantiene que la música clásica «tiene límites demasiado estrechos». «Mucha gente se limita a un campo clásico demasiado puro. Generalmente, se tienen visiones muy estrechas sobre lo que se puede conseguir en este género. Encuentro que el mundo de la música clásica es demasiado rígido para mí», cuenta.

Su éxito masivo tampoco ha estado exento de críticas. Durante años, algunos sectores del mundo académico han cuestionado la simplicidad de su lenguaje compositivo o su enorme popularidad. Einaudi, sin embargo, parece cómodo habitando esa contradicción. Nunca ha mostrado demasiado interés por las jerarquías culturales ni por las fronteras entre alta y baja cultura. Lo único que le interesa, asegura, es la capacidad de una pieza para emocionar. Esa voluntad de derribar fronteras musicales ayuda a entender algunas de sus influencias más inesperadas.

Lejos de encerrarse en el repertorio académico, Einaudi reivindica referentes procedentes de universos sonoros muy distintos. Entre ellos se encuentra el rapero estadounidense Eminem, a quien admira desde hace décadas. «Siempre he sido fan de Eminem. Sigo su música desde el principio de su carrera. Es un artista puro, intenso, hermoso. Podríamos hacer una colaboración interesante juntos. Sus letras, su voz y mis armonías encajarían a la perfección», dice entre risas. En boca de un prodigio de la música clásica, algo así resulta casi esperpéntico, pero encaja perfectamente con una trayectoria construida sobre la curiosidad y la voluntad de explorar nuevos lenguajes. Al fin y al cabo, la música de Einaudi siempre ha habitado un territorio propio, a medio camino entre la tradición clásica, la música de cine, el minimalismo y la sensibilidad popular contemporánea.

"La música clásica es demasiado limitante. Se tienen visiones muy estrechas sobre lo que se puede conseguir en este género"

El éxito de su último lanzamiento, The Summer Portraits, una colección de 13 piezas para piano inspiradas en aquellos recuerdos estivales, le ha servido como punto de partida para una nueva gira mundial. Este verano, Einaudi aterriza en España con una propuesta que se aleja temporalmente de la intimidad de sus habituales recitales en solitario. Acompañado por un ensemble de 11 músicos, arreglos electrónicos y sintetizadores, el italiano se adentra en el formato de grandes recintos y espectáculos de gran escala. Nada que ver con los conciertos de aforo reducido y cercanía emocional que durante años han definido buena parte de su carrera. Para Einaudi, ambos formatos responden a necesidades artísticas distintas. Los grandes conciertos, explica, se asemejan a «pintar grandes cuadros». «Es como pintar con pinceles gruesos y colores llamativos. El concierto tiene mucha más dinámica.

Por supuesto, un solo de piano ofrece mucha más intimidad, pero la otra cara de la moneda es más amplia y abarca todos los colores de la vida», afirma el compositor sobre esta nueva propuesta escénica. Esta expansión sonora también tiene mucho que ver con una de las colaboraciones más importantes de esta etapa de su carrera: la de su hijo, Leo Einaudi. Productor y músico, Leo ha participado en The Summer Portraits aportando arreglos, texturas electrónicas y relecturas de algunas de las composiciones, una dimensión que también se reflejará en el directo. Parte de esos remixes y desarrollos sonoros se integrarán en el espectáculo, reforzando la distancia entre este nuevo formato y los recitales de piano con los que el compositor italiano cimentó su reputación internacional.

Para Einaudi, la conexión artística con su hijo trasciende el vínculo familiar. «Es una de mis mejores relaciones artísticas de los últimos años», cuenta. Una colaboración que, además de abrir nuevas posibilidades creativas a su música, le ha permitido seguir explorando territorios sonoros alejados de cualquier idea de pureza estilística.

Habla del piano, su fiel compañero, cómplice y colaborador durante más de 40 años, como su Gran Relación: «Cuando me siento al piano, es como si me encontrara frente a un camino que he recorrido de ida y vuelta durante años. Así que lo conozco todo, pero aún en esas 88 notas -aunque me lleve algo más de tiempo- hay combinaciones y recobecos que todavía me quedan por descubrir. Cabe la posibilidad de encontrar una nueva combinación de teclas que también sea nueva para mí. Con todos los años que llevo frente al piano, debería ser imposible. Pero no lo es. Y me encanta».