惯性聚合 高效追踪和阅读你感兴趣的博客、新闻、科技资讯
阅读原文 在惯性聚合中打开

推荐订阅源

Cyberwarzone
Cyberwarzone
Google DeepMind News
Google DeepMind News
宝玉的分享
宝玉的分享
博客园_首页
量子位
博客园 - 司徒正美
罗磊的独立博客
腾讯CDC
IT之家
IT之家
S
Schneier on Security
Hugging Face - Blog
Hugging Face - Blog
L
Lohrmann on Cybersecurity
H
Hacker News: Front Page
钛媒体:引领未来商业与生活新知
钛媒体:引领未来商业与生活新知
J
Java Code Geeks
Know Your Adversary
Know Your Adversary
人人都是产品经理
人人都是产品经理
有赞技术团队
有赞技术团队
大猫的无限游戏
大猫的无限游戏
D
Darknet – Hacking Tools, Hacker News & Cyber Security
AWS News Blog
AWS News Blog
Spread Privacy
Spread Privacy
I
InfoQ
T
Threatpost
Simon Willison's Weblog
Simon Willison's Weblog
云风的 BLOG
云风的 BLOG
L
LINUX DO - 热门话题
A
About on SuperTechFans
Blog — PlanetScale
Blog — PlanetScale
Latest news
Latest news
Forbes - Security
Forbes - Security
Security Latest
Security Latest
NISL@THU
NISL@THU
The GitHub Blog
The GitHub Blog
P
Proofpoint News Feed
The Hacker News
The Hacker News
M
MIT News - Artificial intelligence
S
SegmentFault 最新的问题
cs.AI updates on arXiv.org
cs.AI updates on arXiv.org
B
Blog
A
Arctic Wolf
C
Check Point Blog
G
Google Developers Blog
S
Security @ Cisco Blogs
Google DeepMind News
Google DeepMind News
The Cloudflare Blog
L
LINUX DO - 最新话题
奇客Solidot–传递最新科技情报
奇客Solidot–传递最新科技情报
P
Privacy International News Feed
小众软件
小众软件

La Lectura

El buen retiro Bad Bunny, Shakira, Aitana... por qué España vive la era dorada de los conciertos de estadio: "Esto es muy simple, en un mundo donde todo es fake, la gente quiere algo de verdad" Catherine Fletcher y un viaje por la historia de hace dos mil a�os El Mundo De los mitos paganos de Grecia y Roma a la fe universal de San Pablo, así nació el cristianismo: "Una misa católica es una ceremonia profundamente pagana" Valeria Luiselli y todas las formas de poder reimaginar una vida William Kentridge: "Mi madre siempre decía que uno debe mancharse las manos al menos una vez al día, y yo he procurado no olvidarlo" Cuando Pérez-Reverte era un joven con una mochila y una cámara: "Una vez que entiendes que el trabajo del periodista consiste en entrar, salir y contar, ya no vuelves a mirar el mundo como antes" Un poema de Elena Medel Patricia Almarcegui: "La turistificaci�n masiva contin�a y continuar�. El dinero no desaparece, cambia de lugar" Miguel Hern�ndez y la prosa de munici�n Bi Gan, director de 'Resurrection': "Los sue�os y el cine son dos expresiones para designar lo mismo" Jos� Sacrist�n y Mar�a Galiana, memoria eterna de nuestro teatro: "Nadie nos va a bajar de aqu� porque no nos da la gana" Juan Gracia Armend�riz ante doscientos catorce d�as de incertidumbre De cloaca al aire libre a monumento del arte urbano: "El BesArt es una referencia mundial" Cartago, el imperio sin memoria: mitos, teorías y verdades de la civilización que Roma quiso exterminar de la faz de la tierra La Casa de Bernarda Alba se hace baile en Madrid: "Espero que el p�blico pueda vivir el encierro, la angustia y los conflictos de estas mujeres sin necesidad de seguir la obra de forma literal" La Biblia de Ferrara, un monumento cultural de lo que somos y de lo que pudimos ser El Mundo Notas al pie de la historia: Cabello/Carceller devuelven la voz a los disidentes olvidados ficial Francis Ker�, arquitecto: "Una de las enfermedades de las democracias africanas es querer parecernos a Occidente sin tener las mismas ra�ces" M�sica, apocalipsis y pol�tica: Jos� �ngel Ma�as recomienda tres pel�culas que reflejan tres formas de entender el cine L�szl� Krasznahorkai: c�mo resistir al miedo gracias a los "errores" de la vida y el arte Rodrigo Rey Rosa: "Los criollos heredamos los peores modales de aquella Espa�a que M�xico denuncia" Jacinto Ant�n: "Soy periodista por casualidad. Cuando empec� ni siquiera sab�a de d�nde ven�an las noticias" Llegar tarde Aquellas hambres John Banville: "La literatura no sirve para nada, no nos hace m�s amables, guapos o inteligentes, s�lo nos produce placer, Pero, �qu� m�s hace falta?" 48 horas con Quevedo en Gran Canaria: "En este punto de mi vida no quiero agradar, me la suda fuerte" Roser Cabr�-Verdiell y la gu�a m�gica para acabar con el miedo por los hijos Barcelona y el Quijote, un amor no correspondido: "Cervantes deber�a ser un referente continuo" El marqu�s de Mor�s, el protofascista que vino de Francia Relato in�dito de Marta Jim�nez Serrano: Feliz Sant Jordi Alonso de Quesada, el poeta que esperaba en la sombra La Esfera de los Libros celebrar� Sant Jordi junto a los lectores 10 novelas en espa�ol recomendadas por el D�a del Libro 2026: Nerea Pallares, Luis Landero, Sara Barquinero, Jes�s Carrasco... 10 ensayos recomendados para el Día del Libro 2026: Historia, biografías, análisis e investigación para entender el presente 10 libros infantiles recomendados para el D�a del Libro 2026 Annie Ernaux y su diario de sombras en busca de la luz 10 novelas juveniles para el D�a del Libro: Laura Gallego, Alice Kellen, Blue Jeans... Thomas Korsgaard: "Una infancia de violencia y pobreza no hace que te conviertas en escritor" Eleg�a de �ngeles blasfemos: Bernardo Atxaga y la exactitud del caos Laura Fern�ndez recomienda para este Sant Jordi tres novelas heterodoxas para lectores poco comunes Mar�a Jos� G�lvez: "No soporto a esa gente que todo lo sabe y no duda nunca de nada" Todo el mundo se droga Cuentacuentos: 'pel�culas' vivientes para despertar el amor por la lectura El señor Calvet (Castilla versus Catalunya) La rebelión de la contracultura del libro: "Los fanzines han resurgido como reacción a la falta de autenticidad del mundo digital" Ángela Segovia y la reivindicación de lo libre y distinto en un mundo apagado Por qué Sherlock Holmes sigue siendo un fenómeno inagotable: "Aún necesitamos alguien que sea más inteligente que todas las fuerzas del mal" El crimen de guerra más perverso del ejército japonés: "Ellos solo quieren hablar de Hiroshima, no de su red de esclavas sexuales" Amélie Nothomb y el valor de los pájaros La exposición más radical de Antonio Ballester: "Es como ir de excursión, vas metiéndote entre plantas y rocas" 'La novia vendida', una fábula checa en clave contemporánea: "Es música bella, muy tierna, graciosa y llena de júbilo" Aitana S�nchez-Gij�n: "Mi experiencia como actriz joven es que te ofrecen ser el objeto de deseo. Ese rol se convierte en un arma de doble filo" Semezdin Mehmedinovic, una cr�nica de las palabras que resistieron al asedio La �ltima aventura literaria de la ins�lita Camila Ca�eque Ece Temelkuran y un mundo donde todos somos "extraños" pero aún no lo sabemos Miriam Toews: "Es ingenuo pensar que podemos mantener a alguien vivo en un libro, y sin embargo funciona" Tres montajes teatrales para repensar nuestra compleja identidad, seg�n Ernesto Caballero Indignada y aburrida Alejandro Gándara: "Sí es posible odiar a primera vista, pasa mucho con los académicos de la RAE" Somos vasos saltados Así ha cambiado Amazon la forma de leer y de escribir: "Por suerte, sigue mandando el gusto imprevisible del lector, no el algoritmo" Ciegos, pero sonrientes: David Toscana y la cara buena del dolor Lea Ypi, polit�loga: "En nombre de la seguridad se demoniza a los migrantes como si fuesen criminales" Juan Carlos Fisher: "Si ciertas personas que están en el poder en España fueran más cuidadosas, habría menos agresividad en la calle" Aby Warbug y el viaje a la gran locura del radical siglo XX Los secretos de un genio de los guiones para contar una historia de leyenda Un rey tirano, un rebelde asesinado y un apellido proscrito en la Suecia medieval : "Se nos conoce como asesinos. Ese es nuestro legado en el país" Selva Almada y la historia de una casa: gritar a la injusticia mediante una ausencia Capturar lo simple: cuando lo cotidiano se convierte en arte Secuelas, reciclaje y algoritmos: por qu� los taquillazos originales de Hollywood han muerto con el avance del siglo XXI Solvej Balle y el fin del aislamiento: vivir con otros un eterno presente Joana Marc�s: "Todo libro escrito por mujeres va a sufrir prejuicios" Los tres musicales de Christian G�lvez para entender mejor la vida y a nosotros mismos Ece Temelkuran: "Europa tiene que redefinir su concepto de hogar, si no lo hace no sobrevivirá, será un museo cadáver" Gente al sol Lorenzo Montatore: "La app que m�s uso es la de la linterna" Deslumbrados y a ciegas con Rilke �ngela, la c�lebre escultora de los 70 que desapareci�, busca donar su legado: "Pasar a la historia me importa un pepino, quiero dar a mi obra el hogar que merece" Un buen�simo debut hecho del humo de incendios lejanos La ONG que salva a artistas en peligro: "El n�mero de gobiernos autoritarios crece en todo el mundo mientras la democracia retrocede" Urbanismo, cultura y civilizaci�n: c�mo Roma transform� el valle del Ebro La guerra de Bosnia contada desde las entra�as de un edificio Las flores y los secretos de la pintura: "Era un anhelo personal mostrar piezas tan bellas" Los naufragios espa�oles que explican el valor del Imperio: "El hallazgo de la Santa Mar�a sigue siendo un reto arqueol�gico e hist�rico transcendental" Desertar Antonio Hitos: el c�mic de siempre para imaginar nuevas maneras de dibujar el futuro La dictadura argentina contada sin mitos ni ideolog�as Yuko Mohri, la nueva estrella del arte japon�s que se mueve entre el punk y el budismo zen Abdelaziz B�raka Sakin: "La democracia es el peor concepto que nos leg� el colonialismo" Frutas infieles Francisco Ferrer Ler�n: "M�s que a imitar a animales, deber�amos probar a imitar a cient�ficos y fil�sofos" Llegar al caldo primigenio de la fe por "la magia salvaje del idioma": los tres libros de �ngel Antonio Herrera El grito literario de Gustavo Faver�n: �M�s manojitos de opio para el pueblo! Luis Alemany: "Desde joven siento estar fuera de sitio, como Torres Blancas" Capa y el monopolio de propaganda Ai Weiwei, artista: "Aunque la censura en Occidente sea diferente a la de los pa�ses totalitarios, la esencia es la misma, a veces hasta es m�s dura" La revelaci�n literaria de Nerea Pallares: "En muchas culturas las mujeres deben reclamar su voz para poder existir"
Catherine Lacey, la escritora que busca la conciencia humana al otro lado de las palabras: "La IA debe servir para curar el cáncer, no para escribir novelas"
WILLY SOMMA · 2026-06-08 · via La Lectura

"Escribo simplemente porque quiero saber qué piensan otras personas", afirma rotunda Catherine Lacey (Tupelo, Misisipi, 1985), una de las escritoras más audaces y celebradas de Estados Unidos en la última década. "Un libro es, y debe ser, una comunicación entre dos personas mortales, no son sólo palabras colocadas en una página. Hay una persona real que vivió, y quizás murió, detrás de ese texto". En esta idea la autora resume buena parte de su obra, en la que late la necesidad desesperada de encontrar una conciencia humana al otro lado de las palabras. De comprobar que detrás de una frase, de una novela o de una confesión existe una vida intentando entenderse.

No es casual que El libro moebius (Alfaguara), su nueva novela, sea un texto obsesionado con la fragilidad de la realidad, con la imposibilidad de construir un relato estable sobre uno mismo y con esa sospecha contemporánea de que incluso la intimidad se ha vuelto teatralizada y performativa. Tampoco es casual que el libro, dividido en dos partes enfrentadas y con dos cubiertas especulares, nazca de una ruptura amorosa devastadora con el también escritor Jesse Ball -convertido aquí en la figura ominosa de "La Razón"- y de una crisis de fe más o menos simultánea. Para Lacey, ambas experiencias pertenecen al mismo territorio emocional. Perder una relación y perder una religión significan, en el fondo, perder una autoridad externa capaz de confirmar quién eres.

"Mi vida había entrado en una dinámica en la que necesitaba una figura de autoridad que validara mi realidad", explica desde México, donde vive desde hace casi cuatro años. "Y sin esa autoridad, te quedas únicamente con tu propia perspectiva. Eso me recordó muchísimo al momento en que dejé el cristianismo. Durante años pensé: si ya no existe esa autoridad espiritual o existencial, ¿cómo confío en mi mirada sobre el mundo?".

La pregunta atraviesa por completo esta novela, una obra híbrida, extraña y profundamente conmovedora en la que la autora mezcla memoria, ficción y reflexión hasta volver imposible distinguir dónde termina una cosa y empieza la otra. La estructura misma del libro, esa especie de cinta narrativa que se pliega continuamente sobre sí misma, parece diseñada para sabotear cualquier idea de verdad lineal. Los recuerdos cambian según quién los mire. El amor muta constantemente. La identidad nunca termina de fijarse. "Esa tensión es precisamente lo que me interesa de la escritura", dice. "Pasé dos años estudiando escritura de no ficción y todas las conversaciones giraban una y otra vez alrededor de las mismas preguntas: ¿qué es la verdad?, ¿qué es realmente la no ficción? Y al final, incluso hoy, sigo sin tener ni idea", reconoce entre risas.

Durante mucho tiempo, confiesa, Lacey creyó que jamás escribiría unas memorias. Había construido toda su carrera dentro de la ficción, primero con Nunca falta nadie, después con Las respuestas o la monumental y rompedora Biografía de X, un artefacto político, sentimental y filosófico sobre una artista capaz de reinventarse infinitamente a sí misma que fue un éxito rotundo. Pero entonces llegó la ruptura y, con ella, una sensación de irrealidad tan intensa que la ficción dejó de servirle.

"Durante un año lo único que podía escribir era lo que estaba ocurriendo de verdad", recuerda. "Pero incluso eso parecía ficción. El presente parecía irreal y el pasado también. Sentía que la vida me había acorralado para escribir directamente sobre ella". Aun así, desconfió constantemente de sus propios recuerdos. Revisó diarios, correos electrónicos, mensajes antiguos... Intentaba verificar la autenticidad de su memoria como si estuviera investigando un crimen. "Todo el tiempo me preguntaba: ¿cómo sé que esto ocurrió realmente?".

"A partir de los 40 la sociedad invisibiliza a las mujeres, pero precisamente ahí aparece otra clase de libertad"

Esa inseguridad no provenía solo de la escritura autobiográfica, sino también de la relación sentimental de la que estaba saliendo. "Había muchas veces en las que yo pensaba que algo había sucedido y la otra persona me decía que no. Y yo terminaba creyéndole. Eso también formaba parte del libro". La experiencia conecta directamente con uno de los grandes temas de toda su obra, pues los personajes de Lacey llevan años intentando escapar de sí mismos, reinventarse, adoptar nuevas identidades o sencillamente desaparecer. Sin embargo, en El libro moebius esa reinvención ya no aparece como una fantasía liberadora, sino como algo emocionalmente agotador.

Curiosamente, Lacey no habla de ello con pesimismo, sino casi con alivio. Acaba de cumplir 41 años y asegura sentir una libertad nueva respecto a las expectativas que tradicionalmente pesan sobre las mujeres. "Creo que hay algo muy liberador en sobrevivir a los veinte y a los treinta", dice entre risas. "Es como ese chiste de Hollywood según el cual, cuando una actriz supera los 40, solo puede interpretar a viejas o a bruja. De repente la sociedad te invisibiliza, te coloca fuera de tí misma, pero precisamente ahí aparece otra clase de libertad".

Mientras escribía Biografía de X, recuerda, sentía todavía la presión de justificar constantemente qué significaba ser una artista mujer. "Por eso inventé un personaje que no hubiera crecido bajo esas limitaciones. Quería imaginar cómo sería ser artista y mujer sin tener que responder continuamente a la pregunta de qué significa ser una artista femenina". Ahora, en cambio, observa a mujeres mayores que ella viviendo con una libertad mucho más compleja y menos obsesionada con la juventud. "Cada vez me interesa menos la idea de reinventarme y más la de entenderme, la de comprender la continuidad entre todas mis versiones anteriores".

En El libro moebius el amor, otro de sus grandes temas, tampoco aparece ya como redención romántica, sino como una experiencia de vulnerabilidad extrema. "En el tiempo del amor dejas tu vida en manos de otra persona y la retas a que la eche a perder", escribe en un momento del libro. Lacey se ríe cuando escucha la frase. "Me estaba burlando un poco de mí misma", admite. "En mis primeros libros había muchas frases que podían sacarse de contexto y circular como aforismos. Y la gente decía: ‘Catherine Lacey piensa esto’. Pero no, nunca fui yo, es sólo un personaje hablando".

"El amor y la religión funcionan de maneras muy parecidas. Las relaciones pueden destruirte incluso cuando hay amor"

Sin embargo, reconoce creer que existe algo profundamente sagrado en las relaciones amorosas. Para explicarlo recuerda una célebre performancede Marina Abramovic y Ulay en la que él sostiene un arco tensado apuntando directamente al pecho de la artista. "Esa imagen se me quedó grabada", dice. "Hay algo parecido en cualquier relación íntima. Depositas tu confianza en otra persona y, de alguna manera, le entregas la capacidad de destruirte". Lo interesante es que Lacey nunca reduce esa experiencia a puro dramatismo, pues en mitad del dolor siempre aparece también la ironía. "Hay algo muy gracioso en atravesar una ruptura devastadora y sentirte de pronto como un adolescente destrozado. En ese momento parece el fin del mundo, pero al mismo tiempo sabes que es temporal".

Quizá por eso sus novelas se resisten tanto al cinismo decarnado como a las narrativas optimistas y sensibleras. Sus personajes poseen y utilizan todas las herramientas intelectuales contemporáneas, del lenguaje terapéutico a la ideología feminista, y aun así siguen haciéndose daño. "Me interesa ver a los personajes en medio del caos. No me gustan los libros que te ofrecen una conclusión perfectamente cerrada. Prefiero ver a alguien intentando entender algo y no consiguiéndolo del todo, porque pienso que así es la vida", explica.

La religión ocupa un lugar central en esa búsqueda. Lacey creció en una familia profundamente evangélica del sur de Estados Unidos y pasó buena parte de su infancia dentro de la iglesia. "Durante años sentí mucha rabia por todo el tiempo que había perdido allí", reconoce. "Pensaba en todas las cosas que podría haber aprendido si no hubiera pasado quince horas semanales en la iglesia. Por ejemplo, nunca estudié idiomas, así que mi mundo estaba reducido a una sola visión". Con el tiempo, sin embargo, esa rabia se ha convertido en otra cosa.

"Creo que todos acabamos escribiendo sobre aquello que nos ocurrió antes de los doce años", dice citando a Faulkner. "Y en mi caso la religión fue la fuerza dominante de esa época, así que, lo quiera o no, siempre impregna todo lo que escribo".
Por eso, incluso cuando sus personajes rechazan la fe, siguen pensando en términos religiosos, de ulpa, redención, salvación y revelación. Estados Unidos, sugiere Lacey, "continúa siendo un país profundamente puritano incluso cuando se imagina secular". Y quizá ahí reside una de las claves de su literatura, pues sus novelas hablan constantemente de personas que intentan reemplazar la religión con el amor, el arte, el sexo, la política o la identidad.

"Hoy en día la gente vive atrapada en una personalidad paralela. Todos tenemos una versión teatralizada de nosotros mismos"

También con internet. Otro aspecto de la narrativa de la estadounidense, muy común en autoras como Katie Kitamura o Rachel Cusk, es la idea de representación, la sensación de que hoy todos interpretamos constantemente una versión de nosotros mismos. "Creo que la gente normal vive atrapada en una especie de personalidad paralela", sostiene Lacey. "Todos tenemos esta versión performativa y teatralizada de nosotros mismos, la que usamos en el trabajo, en la calle, incluso a veces con la familia o la pareja, y creo que nunca terminamos de resolver del todo la relación con ella".

En 2014 Lacey fue elegida en la prestigiosa Lista Granta de voces jóvenes.

En 2014 Lacey fue elegida en la prestigiosa Lista Granta de voces jóvenes.WILLY SOMMA

Como escritora, la cuestión le resulta especialmente incómoda. Cuando publicó su primer libro hace unos doce años, las redes sociales apenas formaban parte de la vida literaria estadounidense. "Ninguno de mis autores favoritos tenía presencia online y yo nunca había pensado en el lado performativo de ser escritor. Y de repente descubres que publicar un libro implica construir una personalidad pública". Durante mucho tiempo las entrevistas la hicieron sentirse impostora. "Siempre pensaba: ¿qué impresión estoy dando? ¿Estoy fingiendo? Pero creo que ahora ya hice las paces con eso. A veces dices cosas estúpidas, a veces pareces brillante y luego piensas: quizá también estaba actuando".

Estas otras cuestiones atraviesan también El libro moebius, en cuyas páginas la intimidad aparece contaminada por una lógica teatral donde incluso el duelo parece convertirse en una representación involuntaria. "Cuando atraviesas una gran pérdida, sea una muerte o el fin de un amor, notas que todo el mundo te observa de refilón, como preguntándose quién eres ahora y cómo vas a comportarte", reflexiona Lacey, quien insiste en que aunque sus libros suelen percibirse como oscuros, se siente hoy menos cínica que antes. De hecho, una de las revelaciones de esta nueva novela, afirma, "fue descubrir la importancia narrativa de la amistad. Nunca había escrito realmente sobre mis amistades, y eso es extraño porque ahí es donde he encontrado gran parte de la felicidad de mi vida".

En esta novela aparecen, además, algunas de las personas más importantes de su círculo íntimo y literario, desde la escritora Sarah Manguso hasta Brenda Lozano o su actual marido, el novelista mexicano Daniel Saldaña París, pequeñas presencias reales que funcionan casi como anclajes afectivos dentro del caos emocional del libro.

Ahora, mientras trabaja en dos nuevos proyectos todavía en proceso, asegura sentirse cada vez más fascinada por las relaciones duraderas y por la posibilidad de escribir vínculos no basados únicamente en el conflicto. "Es muy fácil escribir sobre parejas que se destruyen, sobre el final de las cosas. Lo difícil es escribir sobre personas que se tratan bien sin caer en algo empalagoso. Narrar una relación de 20, 30, 40 años, que puede no ser perfecta pero resiste, eso me parece un gran reto", asegura entre risas.

"Ahora que todo quiere reducirse a un titular o un clip de audio, un libro funciona precisamente porque no puede resumirse"

Ese cambio coincide también con su distancia creciente respecto a Estados Unidos. Instalada en México, observa ahora su país natal con mezcla de extrañeza y agotamiento. "Creo que necesitas irte de un lugar para entenderlo de verdad", reflexiona. "Todavía estoy en medio de ese proceso". Cuando empezó a escribir apenas era consciente de cuánto habían marcado su imaginación el colapso económico y emocional de la América contemporánea: la precariedad laboral, el deterioro del sistema sanitario o esa ansiedad permanente que atraviesa a buena parte de su generación.

"Hace poco me di cuenta de que Las respuestas trataba realmente sobre dinero y precariedad, aunque mientras la escribía pensaba que estaba haciendo una especie de experimento raro", admite sonriente. "Y luego entendí que el libro hablaba de vender tu cuerpo por dinero, de sobrevivir dentro de un sistema completamente roto".

Aun así, Lacey sigue creyendo obstinadamente en la literatura. No como una fuente de respuestas definitivas, sino como una experiencia íntima de reconocimiento. "Leer produce una sensación de alivio", dice. "No porque un libro te dé soluciones, sino porque de pronto reconoces algo de tu propia vida dentro de la experiencia de otra persona". Para ella, la novela sigue siendo una tecnología extraña y profundamente humana, una forma de interrupción lenta dentro de una cultura obsesionada con el fragmento y la simplificación. "Todo el mundo quiere reducirlo todo a un titular, a una frase corta, a un clip de audio", reflexiona. "Pero un libro funciona precisamente porque no puede resumirse del todo".

Por eso rechaza con tanta firmeza la idea de novelas escritas por inteligencia artificial. No por miedo apocalíptico ni por nostalgia cultural, sino porque considera que eliminarían precisamente aquello que hace valiosa la literatura. "Quiero saber qué piensa otra persona, eso es todo. No me interesa lo que piense una máquina", insiste Lacey, quien no se declara tecnófoba y reconoce incluso sentirse fascinada por el potencial de la IA, lo que cuestiona es su aplicación al arte. "Hay muchísimas cosas maravillosas que podríamos hacer con esta tecnología. Podría ayudarnos a curar enfermedades como el cáncer o a limpiar los océanos; a resolver problemas reales, pero no la necesitamos para escribir novelas, gracias", concluye.

El libro moebius

Catherine Lacey

Traducción de Núria Molines. Alfaguara. 224 páginas. 20,90 ¤ Ebook: 10,99 ¤