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El arquitecto, ensayista y profesor Eduardo Prieto publica 'Los lugares de Petrarca', un texto breve y delicad�simo sobre el padre del Renacimiento que da hasta v�rtigo por la manera tan descarnada en la que mira al mundo de las ideas

'El encuentro de Petrarca con Laura', fresco pintado en el siglo XIX por Elisabetta Benato Beltrami ubicado en la Casa Petrarca de Arqu�, Padua.
Actualizado
Hay algo �nico en la obra del arquitecto, ensayista y profesor Eduardo Prieto: en 2019, Prieto escribi� el libro m�s apegado a la realidad material que se pueda imaginar, una Historia medioambiental de la arquitectura (C�tedra, 2019), que era casi una enciclopedia de su disciplina llena de barros, maderas, piedras y fuegos. En 2023, public� Los laberintos del aire (Asim�tricas), que trataba del Renacimiento, del aire y el viento m�s que de lo s�lido, pero que, de alguna manera, tambi�n era una ampliaci�n de Historia medioambiental de la arquitectura.
Y, en 2026, Prieto entrega Los lugares de Petrarca (Acantilado) un texto breve y delicad�simo como literatura que da hasta v�rtigo por la manera tan descarnada en la que mira al mundo de las ideas.

Los lugares de Petrarca
Eduardo Prieto
Acantilado. 144 p�ginas. 16 �
En realidad, el primer v�rtigo consiste en escribir esas cuatro palabras: mundo de las ideas. Prieto, adem�s de arquitecto, es fil�sofo. Sin embargo, el mundo de las ideas no es en Los lugares de Petrarca un concepto filos�fico-historiogr�fico sino una realidad vivida y atada a la realidad material. El mundo de las ideas del libro es un espacio en el que importan la textura de las rocas, la profundidad de las grutas y la direcci�n de los vientos. Es un lugar en el que habita un hombre, Francesco Petrarca, en su b�squeda del amor, la belleza y la trascendencia.
�Es Los lugares de Petrarca un libro de viajes? Es tentador hacer esa analog�a ahora que el g�nero de la literatura de viajes parece un anacronismo perdido en el siglo XX. Y, en parte, s�, el libro de Prieto sigue el esquema del palimpsesto viajero de Petraca. Toma los lugares del poeta y, sobre todo, toma sus vagabundeos de N�poles a Avi��n, pero no como an�cdotas sino como esencias de la experiencia humana. Los lugares del poeta explican el amor. Los lugares del fil�logo explican su enso�aci�n. Los lugares del viajero explican el desarraigo. Los lugares de la codicia explican el mal estar en la vida. Y no es que la vida est� en los lugares que habitamos. Es que la vida es los lugares que habitamos.
La experiencia petrarquiana de todas esas ciudades, desiertos y capillas fue angustiosa. Petrarca vivi� en una huida permanente que era desesperaci�n por el mundo, desesperaci�n moral. En Los lugares de Petrarca, Prieto le ofrece una salida en forma de un di�logo cervantino con Montaigne. El m�stico y el pragm�tico se encuentran en la noche y acoplan sus lugares, sus huidas y reclusiones. Hay algo �nico en Los lugares de Petrarca.



















