惯性聚合 高效追踪和阅读你感兴趣的博客、新闻、科技资讯
阅读原文 在惯性聚合中打开

推荐订阅源

OSCHINA 社区最新新闻
OSCHINA 社区最新新闻
T
Threatpost
GbyAI
GbyAI
M
MIT News - Artificial intelligence
Apple Machine Learning Research
Apple Machine Learning Research
U
Unit 42
B
Blog
量子位
Scott Helme
Scott Helme
P
Proofpoint News Feed
NISL@THU
NISL@THU
Y
Y Combinator Blog
L
LINUX DO - 热门话题
T
The Exploit Database - CXSecurity.com
PCI Perspectives
PCI Perspectives
人人都是产品经理
人人都是产品经理
T
The Blog of Author Tim Ferriss
AI
AI
让小产品的独立变现更简单 - ezindie.com
让小产品的独立变现更简单 - ezindie.com
Cloudbric
Cloudbric
L
LangChain Blog
Threat Intelligence Blog | Flashpoint
Threat Intelligence Blog | Flashpoint
Cisco Talos Blog
Cisco Talos Blog
奇客Solidot–传递最新科技情报
奇客Solidot–传递最新科技情报
爱范儿
爱范儿
S
Secure Thoughts
www.infosecurity-magazine.com
www.infosecurity-magazine.com
Recent Commits to openclaw:main
Recent Commits to openclaw:main
CTFtime.org: upcoming CTF events
CTFtime.org: upcoming CTF events
AWS News Blog
AWS News Blog
C
Check Point Blog
Hacker News: Ask HN
Hacker News: Ask HN
雷峰网
雷峰网
F
Full Disclosure
大猫的无限游戏
大猫的无限游戏
aimingoo的专栏
aimingoo的专栏
V2EX - 技术
V2EX - 技术
Webroot Blog
Webroot Blog
P
Proofpoint News Feed
钛媒体:引领未来商业与生活新知
钛媒体:引领未来商业与生活新知
The Cloudflare Blog
Cyber Security Advisories - MS-ISAC
Cyber Security Advisories - MS-ISAC
O
OpenAI News
博客园 - 叶小钗
N
News | PayPal Newsroom
Microsoft Azure Blog
Microsoft Azure Blog
博客园 - 聂微东
K
KPMG report finds enterprise disconnect between AI and its ROI | CIO
Vercel News
Vercel News
小众软件
小众软件

La Lectura

El buen retiro Bad Bunny, Shakira, Aitana... por qué España vive la era dorada de los conciertos de estadio: "Esto es muy simple, en un mundo donde todo es fake, la gente quiere algo de verdad" Catherine Fletcher y un viaje por la historia de hace dos mil a�os El Mundo De los mitos paganos de Grecia y Roma a la fe universal de San Pablo, así nació el cristianismo: "Una misa católica es una ceremonia profundamente pagana" Valeria Luiselli y todas las formas de poder reimaginar una vida William Kentridge: "Mi madre siempre decía que uno debe mancharse las manos al menos una vez al día, y yo he procurado no olvidarlo" Cuando Pérez-Reverte era un joven con una mochila y una cámara: "Una vez que entiendes que el trabajo del periodista consiste en entrar, salir y contar, ya no vuelves a mirar el mundo como antes" Un poema de Elena Medel Patricia Almarcegui: "La turistificaci�n masiva contin�a y continuar�. El dinero no desaparece, cambia de lugar" Miguel Hern�ndez y la prosa de munici�n Bi Gan, director de 'Resurrection': "Los sue�os y el cine son dos expresiones para designar lo mismo" Jos� Sacrist�n y Mar�a Galiana, memoria eterna de nuestro teatro: "Nadie nos va a bajar de aqu� porque no nos da la gana" Juan Gracia Armend�riz ante doscientos catorce d�as de incertidumbre De cloaca al aire libre a monumento del arte urbano: "El BesArt es una referencia mundial" Cartago, el imperio sin memoria: mitos, teorías y verdades de la civilización que Roma quiso exterminar de la faz de la tierra La Casa de Bernarda Alba se hace baile en Madrid: "Espero que el p�blico pueda vivir el encierro, la angustia y los conflictos de estas mujeres sin necesidad de seguir la obra de forma literal" La Biblia de Ferrara, un monumento cultural de lo que somos y de lo que pudimos ser El Mundo Notas al pie de la historia: Cabello/Carceller devuelven la voz a los disidentes olvidados ficial Francis Ker�, arquitecto: "Una de las enfermedades de las democracias africanas es querer parecernos a Occidente sin tener las mismas ra�ces" M�sica, apocalipsis y pol�tica: Jos� �ngel Ma�as recomienda tres pel�culas que reflejan tres formas de entender el cine L�szl� Krasznahorkai: c�mo resistir al miedo gracias a los "errores" de la vida y el arte Rodrigo Rey Rosa: "Los criollos heredamos los peores modales de aquella Espa�a que M�xico denuncia" Jacinto Ant�n: "Soy periodista por casualidad. Cuando empec� ni siquiera sab�a de d�nde ven�an las noticias" Llegar tarde Aquellas hambres John Banville: "La literatura no sirve para nada, no nos hace m�s amables, guapos o inteligentes, s�lo nos produce placer, Pero, �qu� m�s hace falta?" 48 horas con Quevedo en Gran Canaria: "En este punto de mi vida no quiero agradar, me la suda fuerte" Roser Cabr�-Verdiell y la gu�a m�gica para acabar con el miedo por los hijos Barcelona y el Quijote, un amor no correspondido: "Cervantes deber�a ser un referente continuo" El marqu�s de Mor�s, el protofascista que vino de Francia Relato in�dito de Marta Jim�nez Serrano: Feliz Sant Jordi Alonso de Quesada, el poeta que esperaba en la sombra La Esfera de los Libros celebrar� Sant Jordi junto a los lectores 10 novelas en espa�ol recomendadas por el D�a del Libro 2026: Nerea Pallares, Luis Landero, Sara Barquinero, Jes�s Carrasco... 10 ensayos recomendados para el Día del Libro 2026: Historia, biografías, análisis e investigación para entender el presente 10 libros infantiles recomendados para el D�a del Libro 2026 Annie Ernaux y su diario de sombras en busca de la luz 10 novelas juveniles para el D�a del Libro: Laura Gallego, Alice Kellen, Blue Jeans... Thomas Korsgaard: "Una infancia de violencia y pobreza no hace que te conviertas en escritor" Eleg�a de �ngeles blasfemos: Bernardo Atxaga y la exactitud del caos Laura Fern�ndez recomienda para este Sant Jordi tres novelas heterodoxas para lectores poco comunes Mar�a Jos� G�lvez: "No soporto a esa gente que todo lo sabe y no duda nunca de nada" Todo el mundo se droga Cuentacuentos: 'pel�culas' vivientes para despertar el amor por la lectura El señor Calvet (Castilla versus Catalunya) La rebelión de la contracultura del libro: "Los fanzines han resurgido como reacción a la falta de autenticidad del mundo digital" Ángela Segovia y la reivindicación de lo libre y distinto en un mundo apagado Por qué Sherlock Holmes sigue siendo un fenómeno inagotable: "Aún necesitamos alguien que sea más inteligente que todas las fuerzas del mal" El crimen de guerra más perverso del ejército japonés: "Ellos solo quieren hablar de Hiroshima, no de su red de esclavas sexuales" Amélie Nothomb y el valor de los pájaros La exposición más radical de Antonio Ballester: "Es como ir de excursión, vas metiéndote entre plantas y rocas" 'La novia vendida', una fábula checa en clave contemporánea: "Es música bella, muy tierna, graciosa y llena de júbilo" Aitana S�nchez-Gij�n: "Mi experiencia como actriz joven es que te ofrecen ser el objeto de deseo. Ese rol se convierte en un arma de doble filo" Semezdin Mehmedinovic, una cr�nica de las palabras que resistieron al asedio La �ltima aventura literaria de la ins�lita Camila Ca�eque Ece Temelkuran y un mundo donde todos somos "extraños" pero aún no lo sabemos Miriam Toews: "Es ingenuo pensar que podemos mantener a alguien vivo en un libro, y sin embargo funciona" Tres montajes teatrales para repensar nuestra compleja identidad, seg�n Ernesto Caballero Indignada y aburrida Alejandro Gándara: "Sí es posible odiar a primera vista, pasa mucho con los académicos de la RAE" Somos vasos saltados Así ha cambiado Amazon la forma de leer y de escribir: "Por suerte, sigue mandando el gusto imprevisible del lector, no el algoritmo" Ciegos, pero sonrientes: David Toscana y la cara buena del dolor Lea Ypi, polit�loga: "En nombre de la seguridad se demoniza a los migrantes como si fuesen criminales" Juan Carlos Fisher: "Si ciertas personas que están en el poder en España fueran más cuidadosas, habría menos agresividad en la calle" Aby Warbug y el viaje a la gran locura del radical siglo XX Los secretos de un genio de los guiones para contar una historia de leyenda Un rey tirano, un rebelde asesinado y un apellido proscrito en la Suecia medieval : "Se nos conoce como asesinos. Ese es nuestro legado en el país" Selva Almada y la historia de una casa: gritar a la injusticia mediante una ausencia Capturar lo simple: cuando lo cotidiano se convierte en arte Secuelas, reciclaje y algoritmos: por qu� los taquillazos originales de Hollywood han muerto con el avance del siglo XXI Solvej Balle y el fin del aislamiento: vivir con otros un eterno presente Joana Marc�s: "Todo libro escrito por mujeres va a sufrir prejuicios" Los tres musicales de Christian G�lvez para entender mejor la vida y a nosotros mismos Ece Temelkuran: "Europa tiene que redefinir su concepto de hogar, si no lo hace no sobrevivirá, será un museo cadáver" Gente al sol Lorenzo Montatore: "La app que m�s uso es la de la linterna" Deslumbrados y a ciegas con Rilke �ngela, la c�lebre escultora de los 70 que desapareci�, busca donar su legado: "Pasar a la historia me importa un pepino, quiero dar a mi obra el hogar que merece" Un buen�simo debut hecho del humo de incendios lejanos La ONG que salva a artistas en peligro: "El n�mero de gobiernos autoritarios crece en todo el mundo mientras la democracia retrocede" Urbanismo, cultura y civilizaci�n: c�mo Roma transform� el valle del Ebro La guerra de Bosnia contada desde las entra�as de un edificio Las flores y los secretos de la pintura: "Era un anhelo personal mostrar piezas tan bellas" Los naufragios espa�oles que explican el valor del Imperio: "El hallazgo de la Santa Mar�a sigue siendo un reto arqueol�gico e hist�rico transcendental" Desertar Antonio Hitos: el c�mic de siempre para imaginar nuevas maneras de dibujar el futuro La dictadura argentina contada sin mitos ni ideolog�as Yuko Mohri, la nueva estrella del arte japon�s que se mueve entre el punk y el budismo zen Abdelaziz B�raka Sakin: "La democracia es el peor concepto que nos leg� el colonialismo" Frutas infieles Francisco Ferrer Ler�n: "M�s que a imitar a animales, deber�amos probar a imitar a cient�ficos y fil�sofos" Llegar al caldo primigenio de la fe por "la magia salvaje del idioma": los tres libros de �ngel Antonio Herrera El grito literario de Gustavo Faver�n: �M�s manojitos de opio para el pueblo! Luis Alemany: "Desde joven siento estar fuera de sitio, como Torres Blancas" Capa y el monopolio de propaganda Ai Weiwei, artista: "Aunque la censura en Occidente sea diferente a la de los pa�ses totalitarios, la esencia es la misma, a veces hasta es m�s dura" La revelaci�n literaria de Nerea Pallares: "En muchas culturas las mujeres deben reclamar su voz para poder existir"
El hombre que baila a los cuadros: "El flamenco no debe cortar las alas a quienes abrimos nuevos caminos"
Sara PoloTexto José AymáFotografías Reda SlaftiVídeo TextoFotogr · 2026-06-05 · via La Lectura

Un trueno rompe de golpe el silencio sepulcral. tracatrá-tracatrá-tracatrá. Y de nuevo, el vacío. Los zapatos negros ahora resuenan contra el mármol, ahora se deslizan con un leve siseo. Las paredes retumban, responden a la afrenta con un eco descarnado. El edificio vacío de buena mañana se estremece, se oscurece. No existen nada más que los colores vivos y las formas informes del surrealismo, nada más allá de esa sala 44 del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid en la que un hombre baila sin música.

En la que un hombre le baila a los cuadros

La cabeza lisa y brillante de Francisco Hidalgo resplandece mientras su cuerpo se agita. Zapatea, tracatrá-tracatrá-tracatrá, mira al infinito, a la nada, frena en seco, resbala despacio, lento, se vuelve con infinita quietud. Observa El proscrito deslumbrante de Roberto Matta (1966) y la impresionante composición lo envuelve, las cinco obras dispuestas en un cubo abierto terminan por acogerlo entre verdes, rojos y amarillos, lo funden con los gruesos trazos negros que recorren su geografía. Un universo abstracto como sus movimientos eclécticos, también como su mirada. Es imposible ponerse en su piel, ver con sus ojos, sonar con sus pies, sentir con sus manos, sumergirse en el misterio de su gesto. Pero a la vez, en esa concentración infinita y contagiosa, todo cobra sentido.

El bailaor toma aire, su pecho se infla bajo la camisa negra abierta que vuela en cada giro, suena la pintura, vibran los colores, su sombra se extiende sobre el lienzo, penetra en su historia, se adueña de su discurso. Llena el silencio. Hace tiempo que Francisco Hidalgo decidió que lo suyo era liberarse de las ataduras del ritmo y bailarle al silencio. Al silencio y a la pintura. Llegó al arte pictórico por pura curiosidad y se quedó a vivir en esa sinergia para convertirla en su gran proyecto de investigación.

«Yo siempre he querido bailar, pero necesitaba encontrar una forma personal de hacerlo, había algo en mí que no tenía cabida en el flamenco ortodoxo», asegura. Ni siquiera su propio físico se adapta a los cánones clásicos empezando por el pelo, o por la ausencia del mismo. Confiesa sotto voce que la alopecia le ha costado más de un disgusto y algún que otro rechazo los tablaos más puristas. «He encontrado en las artes plásticas una herramienta para llegar a mi cuerpo, a mi imaginario, para dar una consistencia a mi danza y encontrar otros mundos», explica. Ese camino lo ha llevado a bailar a las obras de los residentes de la Casa de Velázquez, a transformar en movimiento las fotografías de Paolo Gasparini y Carlos Pérez Siquier en la Fundación Mapfre, a trasponer en performance el universo de Oswaldo Guayasamín y a dejar que La Lectura lo acompañe hoy por los pasillos del Thyssen para sumergirse en su proceso creativo.

No es la primera vez que el museo madrileño acoge la confluencia entre arte y folclore español entre sus paredes. Por su programa Flamenco delante de un cuadro han pasado Niño de Elche, Esperanza Fernández, Sebastián Cruz o Ángeles Toledano desde que el primero sintió la imparable llamada de la inspiración ante uno de los últimos autorretratos ante el espejo de Lucian Freud. «Me llamó y me dijo que había compuesto una canción y que quería cantarla a capella delante del cuadro. Me pareció una muy buena idea y se la propuse a más artistas», rememora José María Goicoechea, director de comunicación de la institución madrileña y coordinador del programa. «Los músicos tienen una relación muy directa con el arte. Hay algo abstracto que conecta ambas disciplinas y a nosotros nos permite difundir el trabajo del museo de formas diferentes». «Se trata de romper imaginarios, al final todo va de eso», agrega, por su parte, el artista autodenominado «exflamenco», que hace ya dos décadas puso Bulos y tanguerías a la obra de Francis Bacon.

Pero regresemos a esta mañana solitaria en la sala surrealista del Thyssen. Plantémonos ahora ante el Campesino catalán con guitarra de Joan Miró (1924) como se planta Hidalgo ante el azul intenso con el que el pintor inició el camino hacia su particular lenguaje de signos tras su primera visita a París, en la que conoció a los poetas y artistas dadaístas y surrealistas. Desarrolla también el bailarín una especie de lenguaje paralelo. Su cuerpo no sigue fielmente las formas pero sí apela a la simbiosis. Todo es mucho más ligero, más silencioso, más suave que antes. El tiempo se para, las manos en alto giran y bajan, giran y suben, se repliegan. Resurge, abre sus alas y de golpe, rompe la simetría. El cuerpo desaparece, sólo hay brazos y cabeza. Y las suelas ocres de palo santo que se funden con el marco dorado. Por fin, se planta ante el Miró, le rinde honores, le habla con pitos, le interpela, recorre las líneas finas con sus manos. La puntera dibuja círculos en el suelo, el espectador entra en trance.

«Me ha llevado mucho a Vicente Escudero», reflexiona el bailaor más tarde, en alusión a uno de sus referentes que, como él, rompió las líneas clásicas del flamenco para entregarse al baile experimental, muy en contacto con los artistas y poetas del surrealismo -entre ellos, efectivamente, Joan Miró- en el albor de los años 30 del siglo pasado. Como sucediera con la danza del vallisoletano, la de Francisco Hidalgo encuentra a menudo la incomprensión de un público demasiado rígido para aceptar lo que se sale del canon. El gaditano abre Facebook y muestra algún comentario al azar: «Este tío está distorsionando el flamenco»; «Parece que está haciendo taichí»; «Esto no es flamenco, es un cosaco».

El aludido levanta la vista del teléfono: «Pues a mí esto no me afecta, a mí esto me pone. Me pone que la gente me insulte. Yo lo que quiero es que mi baile provoque, y a partir de lo pictórico consigo cuerpos interesantísimos que generan una respuesta en la gente». Vuelve al cuadro de Miró: «No me sugiere elegancia en los movimientos, lo que me inspira es, precisamente, romper con ese esteticismo de la tradición, de la forma correcta. Es en esas sensaciones en las que yo profundizo en busca de una coreografía. El arte a mí me suscita cosas, me mueve por dentro y lo que sale es auténtico. Noto mucho cuando veo algunos cuerpos impostados intentando hacer vanguardia, cuando fuerzan algo diferente sólo por el hecho de que sea diferente, no porque de verdad les surja del interior».

Pero entonces, ¿es flamenco esto que estamos contemplando, o es otra cosa? «El flamenco es la musicalidad a la que yo sujeto mi baile, el género por el que me rijo, pero creo que no todo en este arte debe ser sota, caballo y rey. Cada uno tenemos nuestra verdad y todas son respetables. La vida avanza, las mentalidades cambian y la ortodoxia no debe cortar las alas a quienes abrimos nuevos caminos», replica el bailaor, que se gana la vida, de hecho, en tablaos más o menos clásicos. Niño de Elche cita los Pensamientos verticales del compositor estadounidense Morton Feldman: «El flamenco, al igual que la luz de los cuadros de Rothko o que el viento que surca un monte, es algo sin origen ni objetivo». Y abunda: «Una de las cosas más maravillosas que tiene lo flamenco es que no conocemos su origen de una forma clara y certera, y eso posibilita la creatividad, la ficción, la mentira, que es donde se encuentra la verdadera belleza».

El mismo Lucian Freud que inspiró a Niño de Elche su De la intimidad: soleares-estudio y dio pie al ciclo Flamenco delante de un cuadro en el Thyssen provocó también que añadiera a su biografía el prefijo ex: «Cuando le preguntaron por su pátina surrealista, Freud alegó que su pintura, al contrario, lo que hacía era intensificar la realidad, y utilizaba ex e in para nombrar esos distintos acercamientos. Por su culpa me hice un anillo con la inscripción ex para la mano derecha y me estoy haciendo otro in para la izquierda», confiesa entre risas Francisco Contreras, el hombre tras el alias.

Ya 20 años atrás había encontrado una sonora inspiración flamenca en los retratos más perturbadores de Francis Bacon. «El sentido del flamenco no es estructural, como establece el canon. Más allá de lo estético, las formas de dolor, de enfermedad, del esfuerzo están intrínsecamente relacionadas con la idea del cantaor como un cuerpo resonante. El sadomasoquismo, la violencia, los toros, la sangre, lo marica, todo lo que tiene que ver con lo excéntrico, con el lumpen, con lo marginal, lo maleducado, lo gitano. Todo eso es flamenco. Nos quedamos con una forma muy tópica y eso es un error. Cuando hablamos de la santísima trinidad, cante, toque y baile, no hablamos de poesía y de pintura, de cuestiones elementales del ser que el flamenco ha tratado de mil formas diferentes».

Para Niño de Elche, un cuadro, sin duda, suena «de una forma material e inmaterial». Es la segunda la que interesa al artista ilicitano, la que lleva a una reflexión mucho más filosófica, similar a la que sirve de motor al cuerpo de Francisco Hidalgo. «Cuantos más estratos e interrogantes le coloques a la obra, a su historia, al pintor, más cosas nos contará el sonido, también de cómo lo leemos desde la contemporaneidad», asegura, y lanza una petición: «Hay que profundizar en el cuadro, no utilizarlo de fondo de escenario. La experiencia no consiste en cantar o bailar delante de una obra sino en sumergirse al máximo en ella y en lo que supone».

"El sadomasoquismo, la violencia, la sangre, lo marica, lo excéntrico, el lumpen, lo marginal, lo maleducado, lo gitano. Todo eso es flamenco. Nos quedamos con una forma muy tópica y eso es un error"

Niño de Elche

Ese trabajo previo de inmersión en la pintura llevó a Hidalgo unos días antes de su performance a recorrer la colección permanente del Thyssen en busca de imágenes que le provocaran. Primero subió a la segunda planta, la que termina en el siglo XIX. Y no sintió nada. Pero al llegar al siglo XX se dio de bruces con el monumental Rothko de dos metros y medio de alto y tuvo que sentarse. «Me dio mucha paz, mucha quietud, mucha reflexión, como entrar en otra dimensión», recuerda. «Estuve largo rato sentado contemplando ese rectángulo verde sobre morado y me di cuenta de que a todo el mundo le sucedía lo mismo. No pasaban por delante sin más. Se paraban, embelesados. Un señor se sentó a mi lado e incluso cerraba los ojos por momentos y hacía pequeños gestos con el ceño. Fue mágico».

La coreografía arranca, efectivamente, con una posición de rezo, las manos entrelazadas, la respiración lenta y profunda, el largo pendiente proyectado sobre el cuello. El rostro, fijo, no transmite emoción. La mirada se eleva, los dedos se mueven despacio y las líneas se abren, la mirada se eleva. Gira, gira rápido, rápido, ahora se ralentiza. La boca dice algo que el oído no percibe, el cuerpo se entrelaza en ángulo recto, un espasmo y el cuerpo cae al suelo.

«Es como entrar en un sueño, en un estado alterado de conciencia, como si te pusieras en órbita. Conectas y no hay nada comparable, todo el mundo debería experimentarlo. Cuando vuelves a la realidad ni siquiera recuerdas bien qué es lo que ha ocurrido. Es tremendamente difícil de explicar», describe el bailaor ante un café, largo rato después de deshacerse del traje y enfundarse el uniforme de calle, tras unos minutos de silenciosa ausencia para reconectar con el mundo real, para aterrizar. «Y cansa, cansa muchísimo», añade. «No es la parte física, los bailarines estamos muy preparados para eso, nos cuidamos mucho. Es la cabeza la que desfallece, es un profundísimo agotamiento emocional. Cuando se produce esa conexión entre artes en tu interior te vacías completamente, todo tu ser se pone al servicio de lo que estás experimentando. Es maravilloso pero madre mía, ahora mismo estoy reventado».

«Bailarín de circo», llamaban a Francisco Hidalgo en su Algodonales natal, junto a la Sierra de Grazalema, cuando de niño decía que quería ser bailaor. «Era el mariquita que sabía bailar sevillanas», rememora. Sin antecedentes flamencos, el niño Francisco bailaba en un local con el suelo de cemento, esquivando las ristras de ajos que colgaban del techo. Transformó el juicio ajeno en gasolina para su inspiración y sigue haciéndolo a los 40 mientras prepara el salto de su proyecto de investigación artística de los cuadros a la palabra. «Le voy a bailar a los versos de Arthur Rimbaud», anuncia. «Su rebeldía, su inquietud, sus ganas de mandar todo a la mierda para vivir una vida menos bohemia pero más cómoda... Me siento muy identificado con él». Sobre Rimbaud / del horizonte al silencio, dirigido por Susanne Zellinguer, tendrá un ensayo abierto el próximo 18 de junio en los Teatros del Canal de Madrid.