























"La gran pregunta que siempre me estuve haciendo mientras escribía era si la humanidad, tal y como la conocemos en este momento, es digna de salvación". Como ocurre con su literatura, en una conversación Elaine Vilar Madruga (La Habana, 1989) no tarda demasiado en llegar al centro de la herida. Desde hace años, la escritora cubana ha construido una de las obras más singulares y ambiciosas de la narrativa latinoamericana reciente, un territorio donde el realismo mágico se mezcla con el terror, la fábula política, la imaginación desbordada y una exploración obstinada de los cuerpos, el deseo, la violencia, la maternidad y las estructuras del poder.
Ahora, con La piel hembra (Barrett), una novela de casi 700 páginas y una ambición desmesurada, bíblica y febril, donde el milagro puede confundirse con la maldición y donde la fe aparece sometida a un interrogatorio constante; culmina un ciclo novelístico iniciado con la celebrada y premiada La tiranía de las moscas, y continuado en El cielo de la selva y Las cavidades. Una tetralogía unida por obsesiones comunes que encuentra aquí una suerte de cierre monumental.
"Quería escribir una novela que me permitiera desarrollar a profundidad las miradas que he tenido en torno a territorios temáticos como la maternidad, el sistema de creencias que construimos sobre nuestros cuerpos, la corporalidad, el deseo femenino, lo mesiánico y el papel tan importante que juegan la fe y la religión en las dinámicas de la vida humana", explica a su paso por España.
El resultado es una novela atravesada por incendios reales y simbólicos, incendios que arrasan pueblos, cuerpos y conciencias, que iluminan y devastan al mismo tiempo. "Es una novela iluminada por el esplendor devastador y tenebroso de los incendios", reconoce entre risas. "La he clasificado como una novela llamará, una novela que juega con los pespuntes del realismo mágico, pero que también busca en las costuras del terror sobrenatural y del terror más realista, de aquello que subyace como la verdad más profunda de nosotros como especie", reflexiona. "Intentaba, detrás de la epicidad del relato, escribir una historia sobre el humano cambiante, sobre cómo las creencias y la posibilidad de la salvación, cómo la esperanza del milagro, la ilusión del milagro, pueden ir corroyendo el tuétano de las vidas y transformando nuestra esencia más profunda".
Como ocurre en muchos clásicos de esa geografía, la historia transcurre en un territorio de montañas, supersticiones y prodigios. Un espacio que nunca termina de identificarse con un lugar concreto y que, precisamente por eso, adquiere una dimensión simbólica. Y como ocurre en gran parte de la literatura de Vilar Madruga, el escenario funciona como una extensión de sus personajes. "Los lugares y el territorio aparecen como espacios asfixiantes donde los seres humanos intentan sobrevivir creándose nuevas reglas y nuevas formas de vida".
La geografía se convierte así en una cárcel física y moral. Las montañas, los incendios y los pueblos aislados son también formas materiales del miedo, de la culpa y de la esperanza. En ese contexto, una noche, todas las mujeres del lugar experimentan una extraña calentura y, sintiéndose llamadas por dios, se escapan de sus casas y sus maridos para regresar a la mañana siguiente recubiertas de un polvo dorado y embarazadas. Embarazadas del nuevo mesías.
"Cuando deja de cuestionar sus creencias, el ser humano y su fe se vuelven monstruosos"
En el centro de todo se encuentra la necesidad humana de creer. La fe, no sólo la religiosa, sino entendida en un sentido amplio, aparece aquí no como una certeza sino como un campo de batalla, como una fuerza capaz de sostener una vida o de destruirla. Como una promesa de salvación que puede convertirse en instrumento de dominación. "Es una novela que sigue abordando lo sagrado y que está especialmente interesada en la construcción de los sistemas de creencias. Piensa también en torno a los fanatismos, en cómo esos sistemas pueden ir desde lo religioso hasta lo político, pasando por esos mesías que construimos a veces en la vida cotidiana". La autora observa con desconfianza esa necesidad tan humana de depositar el destino propio en manos ajenas, pues detrás de cada mesías percibe una sombra monstruosa. "Cuando deja de cuestionar sus creencias, el ser humano y su fe se vuelven monstruosos".
La pregunta central emerge entonces con toda su potencia. ¿Qué ocurriría si apareciera una figura salvadora? ¿Y si esa figura estuviera encarnada en una mujer? "Si acaso se presentara ante nosotros una figura mesiánica, y más aún una figura mesiánica encarnada en cuerpo de mujer, ¿mereceríamos ser salvados por ella? ¿Llegaríamos a reconocerla? En un mundo donde aún las mujeres luchan por espacios y territorios de convivencia, donde las verdades dichas desde boca de mujer son poco creídas, ¿entenderíamos una verdad sagrada que viniera desde una piel hembra?", se pregunta.
"En siglos de historia literaria se ha hablado poco del cuerpo de la mujer y mucho menos del cuerpo de la mujer como cuerpo deseante"
La pregunta no es sólo religiosa, también es política y profundamente feminista. Toda la obra de Vilar Madruga ha estado atravesada por la reflexión sobre los cuerpos femeninos y sobre la forma en que la historia, la cultura y el patriarcado han intentado controlarlos. En La piel hembra esa preocupación alcanza una intensidad particular porque la novela convierte el cuerpo en su principal escenario de conflicto. "En siglos de historia literaria se ha hablado poco del cuerpo de la mujer y mucho menos del cuerpo de la mujer como cuerpo deseante", sostiene. "Hay una especie de territorio colonizado en torno a las palabras que las escritoras podemos permitirnos usar, por eso es urgente contar las múltiples realidades de nuestros cuerpos. Es también una forma de mapearlos", explica.
En efecto, en la novela los cuerpos desean, envejecen, se transforman, enferman, recuerdan y se convierten en territorio de milagros y maldiciones. La maternidad aparece ligada al misterio, a la violencia, al poder y a la metamorfosis. Los personajes cargan sobre la piel las marcas de la fe y de la historia. "Es una novela donde los cuerpos sufren la metamorfosis del envejecimiento, de los milagros, de los cuerpos de mujeres embarazadas por un milagro que puede verse como maldición. Hay mucha corporalidad en la maldición y en el milagro. Se podría decir que es una novela sobre la corporalidad maldita y también sobre la corporalidad bendita", concede la escritora.

La escritora cubana Elaine Vilar Madruga la semana pasada en la librería La Felguera de Madrid.Javier Cuesta
Así, la maternidad ocupa un lugar central dentro de esa exploración. No una maternidad idealizada sino una multitud de maternidades posibles, contradictorias e incluso monstruosas. "Es un tema que me obsesiona y que me acompaña desde hace años", reconoce. "Aquí hay una subversión de las maternidades tradicionales. Veremos madres de todo tipo. Está la maternidad monstruosa de Regina, que instrumentaliza a su hijo para alcanzar el reconocimiento y el poder que siempre ha deseado. Están las maternidades milagrosas, las maternidades simbólicas y también una maternidad lésbica, que era una deuda que tenía conmigo misma porque me di cuenta de que había escrito mucho sobre maternidades, pero no sobre maternidades queer".
"El patriarcado ha deformado a hombres y mujeres, deformado la manera en que nos miramos los unos a los otros"
Esa voluntad de cuestionar los relatos heredados atraviesa toda la novela. También su mirada sobre las estructuras sociales. Para Vilar Madruga, la literatura no puede desligarse de la realidad política. Aunque sus libros estén poblados por milagros, seres fantásticos o imágenes cercanas al mito, el objetivo sigue siendo mirar de frente el mundo contemporáneo. "El patriarcado ha deformado a la humanidad entera, a hombres y mujeres. Ha deformado la manera en que nos miramos los unos a los otros. Ha deformado las estructuras sociales y la manera cultural en que se miran los cuerpos de las mujeres. Por eso es tan importante que la literatura sirva como un mecanismo de construcción de pensamiento crítico", reivindica.
Los personajes de La piel hembra -plásticos, coloridos, rotundos- viven atrapados entre fuerzas devastadoras, entre la violencia de los hombres y la violencia de los sistemas que esos hombres han construido, entre el deseo de salvación y las formas de poder que terminan corrompiéndolo. "Es una novela a contracorriente del poder", resume la autora. "Una que pretende desnudar los mecanismos del poder y mostrar cómo el poder no sirve a los pobres de este mundo, sino que los instrumentaliza de miles de formas".
Sin embargo, sería un error leer la novela únicamente desde una clave puramente política, pues lo que la mueve, en última instancia, es una preocupación existencial mucho más amplia que atraviesa toda la obra de la autora. "El ser humano ha necesitado siempre de la esperanza y de la ilusión", remacha con sencillez. "Tenemos un deseo muy profundo de ser salvados. Pero eso que parece un anhelo natural puede transformarse en una sed monstruosa de soberbia y de poder". De ahí surge otra de las grandes tensiones del libro, la que enfrenta memoria y olvido. "Son dos fuegos cruzados. La memoria y el olvido son dos zonas de debate que me interesa recorrer. ¿Somos dignos de salvación si decidimos olvidar? ¿La memoria nos rescata de algo? ¿Recordar nos salva de futuras catástrofes", plantea.
Son preguntas que dialogan con una época marcada por la incertidumbre y la fragmentación de los relatos comunes. "No descubro nada si digo que vivimos tiempos de posverdad y que parece que el mundo se ha atomizado en verdades subjetivas. Cada vez resulta más difícil abordar siquiera la posibilidad de una verdad absoluta", lamenta.
"Quizás ya no podemos ser comunidad en un mundo donde se nos ha vendido el individualismo como única posibilidad"
Frente a ese escenario, la literatura aparece como una herramienta incómoda pero necesaria. "La literatura es siempre un reflejo incómodo", sostiene, "una llamada de alerta que nos obliga a abrir los ojos y a mirarnos los unos a los otros, a establecer contacto humano más allá de lo conveniente o de lo aparente". También por eso su escritura se resiste a las etiquetas estrechas. Aunque su obra dialogue con la tradición del realismo mágico, Vilar Madruga insiste en que le interesa más tensionar esa herencia que reproducirla.
Su literatura nace, explica, "de una tradición cubana profundamente oral, de las historias escuchadas durante la infancia, de las conversaciones familiares, de los relatos transmitidos alrededor de una mesa o de una cocina. Pero también de una voluntad de construir una imaginación latinoamericana abierta, híbrida y mestiza", define. "Me interesa crear una mística y una idea mítica del discurso vinculadas a Latinoamérica como una zona sin fronteras", explica. "Una zona donde podamos mezclar vocablos de México, Colombia, Perú, el Caribe. Me gusta que el lenguaje sea una ventana sensorial que nos recuerde la ancestralidad de la cual provenimos".
Esa búsqueda se traduce en novelas donde lo grotesco convive con lo lírico, donde el humor puede transformarse en tragedia y donde los personajes individuales se funden constantemente con voces colectivas. "Siempre me ha interesado la coralidad, ños personajes colectivos, las manadas humanas, las tribus. Me pregunto si todavía estamos preparados para ser comunidad en un mundo donde se nos ha vendido el individualismo como única posibilidad de salvación". La pregunta, en realidad, conecta con todas las demás. Con la fe, con el deseo, con la maternidad, con la memoria, con el poder y con la historia.
Porque si hay una obsesión que vertebra toda la obra de Elaine Vilar Madruga es la búsqueda de una respuesta imposible. "La pregunta secreta que mi literatura lleva años intentando responder", confiesa, "tiene que ver con la idea de la salvación. ¿Merece la humanidad algún tipo de salvación? ¿Merecemos ser salvados? ¿Queda todavía algo por salvar?". Luego, guarda silencio apenas un instante antes de formular la cuestión que parece sostener toda su escritura: "¿Cómo podemos salvar lo que todavía hay de bueno dentro del ser humano antes de que se convierta en ceniza?".
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