La escritora publica 'La prisa y la espera', un libro en el que destaca la necesidad del reposo en un mundo tantas veces regido por la urgencia y rapidez

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En La prisa y la espera, María Folguera reflexiona sobre el proceso creativo en una época dominada por la productividad constante. Una mezcla de memoria y literatura que reivindica la pausa como eje esencial de la creación. La autora, que acaba de estrenar Ubú en Matadero Madrid, vuelve también sobre las obsesiones de nuestro presente: el poder, la ambición y el absurdo.
- ¿Qué libro tiraría a una piscina?
- ¿Se trata de algún ritual, una bendición para devolverle al agua clorada las maravillas que inspiró? Podría ser entonces Piscinosofía, de Anabel Vázquez, o El invencible verano de Liliana, de Cristina Rivera Garza.
- ¿Por qué escribe y dirige, qué le impulsa a ello?
- Hace tiempo que no dirijo, es tan absorbente que no permite la compatibilidad, y a mí me gusta vivir entre la narrativa y la dramaturgia. Pero tomo notas para un futuro proyecto que creo debería dirigir yo.
- Si pudiera viajar en el tiempo, ¿a dónde iría?
- A Lesbos, a los festivales de música donde competía Safo en honor a Afrodita.
- ¿Qué hábito ajeno le resulta insoportable?
- Que algunos hombres escupan en la acera.
- ¿Es posible odiar a primera vista?
- Hay odios basados en la apariencia, pero deberían transformarse en curiosidad y escucha.
- ¿Quién sería el Nobel de los malvados?
- Quien haya reclamado con más descaro y puerilidad el premio Nobel de la Paz.
Tiendo a llenar mi agenda. Estoy aprendiendo a amar los domingos por la tarde y su pequeña depresión.
- Su libro reflexiona sobre la espera, ¿qué cosas merece la pena esperar hoy?
- La amistad y sus altibajos, los procesos de creación artística... es hermoso que en tiempos de la inmediatez y la aceleración haya algunas cosas que se resistan a obedecer ese mandato.
- ¿La prisa es una forma de miedo?
- Sí, el miedo a perder a Kairos, ese dios griego de la oportunidad.
- ¿Qué le da más miedo: no tener tiempo o tener demasiado?
- Tiendo a llenar mi agenda. Estoy aprendiendo a amar los domingos por la tarde y su pequeña depresión.
- ¿Qué parte de crear consiste en no hacer nada?
- Es imprescindible perderse, callar, rendirse; bajar el párpado, que diría Remedios Zafra.
- Un olor de infancia.
- La fábrica Mahou y el amargor de cebada tostada.
- ¿Qué canción no puede dejar de escuchar
- Ese hombre, la canción de Rocío Jurado, en versión de La India.
- ¿Qué canción le gustaría para su entierro?
- El lugar correcto, de Natalia Lafourcade.
- "El amor es..."
- Misterioso.
- ¿Quién fue su primer amor?
- Soñé que Will Smith me daba un beso en la mejilla.
- ¿Cuál ha sido su sueño más raro?
- He rebuscado en mi historial de conversaciones de whatsapp. Creo que el sueño más raro que localizo está en un mensaje que dice: "Hoy he soñado que estaba con mi hija en una cola infinita para ver a Julio Iglesias. Y un mapache nos mordía".
- ¿Qué película podría ver todos los días?
- Con faldas y a lo loco.
- ¿Qué obra de arte robaría de un museo?
- El mundo de Christina, de Andrew Wyeth,en el MOMA, o el autorretrato de María Roesset, en El Prado.
- ¿La inspiración llega o se provoca?
- Hay que cultivarla.
- ¿Qué conversación querría alargar indefinidamente?
- Quiero que una conversación entre amigas sea más que un almuerzo o un paréntesis de hora y media.
- ¿Qué cosa importante sólo entendió demasiado tarde?
- Que ser madre es como un viaje al centro de la tierra.
- ¿Cuál es su mayor contradicción?
- Sé que el abuso del plástico es nocivo para el medio ambiente y sigo comprando en supermercados que lo utilizan hasta extremos absurdos.
- ¿En qué fantasmas cree?
- Creo en la necesidad de fantasmas.
- ¿Cuál es su rutina para despolitizarse?
- Toda rutina es política.
- ¿Qué no soporta del mundillo cultural?
- Mi propia preocupación por la opinión ajena
- ¿A quién pondría en el Ministerio de Cultura?
- A Ariadna, con un ovillo que permita salir viva del laberinto.








