
























En 1997 fue condenada a 29 años de prisión por el asesinato de su esposo Maurizio Gucci, heredero de la famosa casa de moda italiana. Solo cumplió 18 años por buen comportamiento. Madre de dos hijas, Alessandra y Alessa, no se habla con ellas. En la actualidad espera la resolución judicial por el testamento falso de su madre, por lo que podría heredar 20 millones de euros.
Sin posibilidad alguna de salir de la pobreza, una jovencísima Silvana Barbieri dejó su puesto en un hotelito en Vignola, a las afueras de Milán, para trasladarse a la gran ciudad en busca de nuevas oportunidades. El desastre de la Segunda Guerra Mundial lo hacía todo mucho más difícil, pero ya se suele decir, donde hay crisis, hay oportunidad.
Recién llegada a la que se convertiría en una de las capitales mundiales de la moda, Silvana encontró trabajo como lavaplatos en un restaurante. En 1948, con 21 años, se quedó embarazada de una niña llamada Patrizia, que durante sus primeros doce años de vida llevó el apellido paterno, Martinelli.
Esto fue lo único que tuvo de su padre biológico ya que las abandonó a su suerte. Como el destino es caprichoso, a finales de la década de los cincuenta Silvana conoció a un millonario empresario llamado Ferdinando Reggiani vinculado al sector de la logística y el transporte.
Gracias a su éxito consiguió acumular una considerable riqueza que supo invertir en bienes inmuebles como un complejo residencial de cien apartamentos y un palacio en Milán.

Lady Gaga en la película 'House of Gucci'GTRES
Una vez casados, Ferdinando adoptó a Patrizia con 12 años, otorgándole el codiciado apellido Reggiani que le permitió frecuentar desde su adolescencia a los miembros de la dolce vita italiana.
El mayor miedo de la joven era volver a la pobreza y como la relación con su madre era mayoritariamente tensa, decidió buscarse las habichuelas por su propio lado. Lo tuvo fácil. Como gastaba dinero a espuertas podía acudir a los mejores restaurantes y discotecas de Milán, asistir a eventos sociales y a exclusivas fiestas privadas.
En una de ellas conoció en noviembre de 1970 a Maurizio Gucci, heredero de la dinastía de la casa de moda de lujo italiana. Fue él quien cayó hipnotizado ante la apabullante belleza morena ya que la comparó con Elizabeth Taylor.
A pesar de la fuerte oposición de la familia Gucci, que la consideraba una trepadora social -Rodolfo Gucci desheredó temporalmente a su hijo- la pareja se casó en la iglesia de San Sepolcro en Milán con la asistencia de más de 500 invitados. Los Gucci estaban escandalizados.
Los primeros años de su matrimonio, Maurizio y Patrizia los pasaron en Nueva York, donde bajo la protección de su tío Aldo Gucci, el joven heredero de veintipocos años hacía prosperar a la empresa al otro lado del Atlántico. Tuvieron dos hijas, Alessandra (49) y Allegra (45).
La pareja era una de las más codiciadas en los eventos de la alta sociedad italiana y una de las que más interés generaba de cara a los medios. Pero, de repente, cayó la bomba emocional. Después de 13 años de matrimonio, Maurizio abandonó a Patrizia en 1985 por otra mujer llamada Paola Franchi, por lo que la obligó a ratificar el divorcio en 1994.
En ese impasse entre la separación y el divorcio, Patrizia (77) se marchó a Mónaco donde vivió primero en un apartamento de lujo y después en una mansión acorde a su nombre. Lo que más le dolía no era solo que la hubiesen dejado, sino que ya no tendría acceso a los fondos ilimitados de los Gucci. Solo recibió como pensión alimenticia 500.000 dólares anuales.
La situación se fue calentando hasta que su ex esposa empezó a maquinar el asesinato de Maurizio que encargó a un grupo de sicarios el trabajo sucio. El 27 de marzo de 1995 la prensa italiana y gran parte de la internacional habría sus informativos con este asesinato que asombró al ámbito de la moda lo mismo que el de Gianni Versace en el verano de 1997.
Tras las investigaciones pertinentes, finalmente, Patrizia, apodada como lady Gucci, fue arrestada el 31 de enero de 1997 y, al año siguiente, fue condenada a 29 años de prisión de los que solo cumplió 18 años por buen comportamiento. Lo curioso es que mientras estuvo en la prisión de San Vittore de Milán le ofrecieron el tercer grado con la condición de que encontrara un trabajo, pero lo rechazó. Nadie se esperaba la respuesta: "Nunca he trabajado en mi vida y no voy a empezar ahora".
Después de que sus hijas Alessandra y Allegra defendieran su inocencia, las jóvenes quedaron heridas cuando se emitió el veredicto de culpabilidad. Rompieron cualquier tipo de vínculo y se sintieron traicionadas. Cuando su madre por fin quedó en libertad en 2016 sufrieron otro golpe emocional ya que Patrizia les exigió la pensión vitalicia pactada en el divorcio que un juez permitió que recibiera. En total, 1.7 millones de dólares anuales.
Esta situación también tuvo daños colaterales en la figura de una prima carnal de Maurizio quien, casualmente, se llama Patrizia Gucci, que publicó el libro Gucci. La verdadera historia de una dinastía exitosa para limpiar el honor de su familia.
En el volumen, la autora escribió que "su exmujer, así como instigadora del asesinato, Patrizia Reggiani, tiene el mismo nombre que yo y durante muchos años se presentó como Patrizia Gucci, generando confusión y daño en mi persona e imagen, tanto en mi vida personal como profesional".
La relación entre Patrizia, Alessandra y Allegra se desvaneció. Las hijas pusieron tierra de por medio y se instalaron en Suiza donde viven con sus respectivos esposos e hijos. Por activa y por pasiva no han permitido que lady Gucci vea a sus nietos. Ambas están vinculadas a la empresa Gucci.
Cuando falleció su padre, Maurizio, heredaron las tres residencias principales de Milán, Saint Moritz y Nueva York, así como los dos yates, Avel y Creole, que se los quedó Allegra debido a su pasión por el mar.
Durante el tiempo que estuvo cautiva, Patrizia tampoco se llevó bien con su madre, Silvana, con quien desde que tuvo uso de razón siempre se había llevado bastante mal. Cuando Silvana falleció en 2019 a los 90 años y se leyó el testamento, que firmó desde la cama del hospital, su única hija se quedó perpleja porque su nombre no aparecía.
La Fundación Fernando y Silvana Reggiani heredó un amplio complejo inmobiliario valorado en 14 millones de euros cerca de la Estación Central de Milán formado por unas 130 viviendas y varios locales comerciales y garajes que generan alrededor de 950.000 euros anuales en alquileres.
Asimismo, el organismo recibió en metálico 4 millones de euros y una partida de 100.000 euros para gastos de gestión. En total hablamos de 20 millones de euros.
Por ello, Patrizia mandó investigar qué había ocurrido para que siendo la única heredera no hubiese recibido nada. Un tribunal de Milán dictaminó que el testamento firmado por Silvana en noviembre de 2018 era falso, por lo que la Fiscalía de Milán investigó al abogado que gestionó la fundación por un supuesto delito de manipulación de persona vulnerable, aunque fue absuelto. El juez impugnó el testamento al considerarlo falso.
La resolución, que ya ha sido recurrida, considera que el documento notarial contenía declaraciones que no se corresponden con lo que realmente ocurrió durante su formalización.
La clave de este asunto ha sido una empleada doméstica que grabó la reunión por orden de Silvana por si había algún problema con el reparto de la herencia. La anciana dejó dicho que, si esto ocurría, la información se tenía que entregar a su hija y sus dos nietas.
La justicia prosigue su camino mientras Patrizia se frota las manos por la posibilidad de recibir otros 20 millones de euros.
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