El software de la startup valenciana ayuda a más de 2.000 mánagers a gestionar sus equipos, aunque el poder permanece donde estaba: en manos del humano.

José J. Burgos, CEO de Booster.
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La figura del manager, o del jefe en castellano no tan antiguo, no es plato del gusto de todos. Ocurre con frecuencia que un técnico excelente, un estupendo redactor o un abogado devora-pleitos se marchitan al subir en el escalafón y asumir el yugo de transmitir a su equipo una visión estratégica o una serie de objetivos. En España es menos común que en Estados Unidos que un gran trabajador senior siga siéndolo sin verse atrapado en las redes de la patada hacia arriba como fórmula para mejorar su salario. Si el pasillo asfixiante de la promoción es el único camino o el camino hegemónico, el remedio pasa por dotar a ese mando de la ayuda necesaria. Bastan tres segundos para adivinar lo que sigue. En efecto, una buena brújula es la inteligencia artificial.
Aunque la marca Fresh People sigue viva en internet, la startup detrás del nombre estrena uno nuevo, Booster. Suyo es ese software con vestido de copiloto entrenado para acunar al manager en su agridulce travesía. José J. Burgos, el CEO, "un veterano de Lanzadera", donde la compañía reside desde 2022, explica el viraje asumido y las penurias del profesional al que ahora, con una varita mágica, se auxilia: "Éramos una empresa que vendía servicios de consultoría en recursos humanos, pero detectamos un problema. La consultoría no cambia hábitos, así que lo apostamos todo a diseñar un software y ese hito ha supuesto una transformación total del negocio. Si en 2023 el 90% de los ingresos provenía de los servicios y sólo un 10% de la pata tecnológica, hoy ocurre al revés".
Actualmente, Booster emplea a 35 personas y cerrará 2026 con unos ingresos anuales recurrentes próximos a 1,7 millones de euros. El ejercicio pasado ya multiplicó por tres el ARR y el 13 de mayo la startup anunció una ronda de 2,6 millones liderada por Inveready y en la que participan empresarios de España y México, país este último donde hay mimbres para internacionalizar la propuesta. De momento, 50 corporaciones y alrededor de 20.000 usuarios recurren al SaaS de la compañía valenciana. "Hemos diseñado una herramienta capaz de acompañar al líder para que obtenga mejores resultados gracias a una gestión a la vez más eficiente y humanista. Trabajamos día a día con más de 2.000 managers y con clientes tan importantes como Acciona, Decathlon, La Liga y el Atlético de Madrid", expone Burgos antes de que el periodista le detenga de inmediato, pues los conceptos "eficiente" y "humanista" colocados en el mismo renglón evocan inevitablemente un oxímoron. Se explica el entrevistado: "La gestión de equipos de alto rendimiento debe centrarse en las personas, en sus inquietudes, fortalezas y aspiraciones. Es un enfoque diferencial. Visualizamos al empleado dentro de la organización, recogemos las charlas con sus jefes, sus temores y sus propuestas para cumplir un plan de acción. Creemos que los líderes deben dedicarse no a organizar el trabajo, sino a desarrollar equipos capaces de cumplir objetivos".
El copiloto acompaña en todo el ciclo al cuadro intermedio, pero también a un consejero delegado o un vicepresidente. Ayuda a definir las metas del colectivo, crea planes de acción, prepara las conversaciones con cada integrante del departamento o área, recoge el plural estado de ánimo y rastrea la evolución del trabajo. Con todos esos datos, se generan escenarios y se destapan riesgos y oportunidades. Asimismo, la IA escribe al jefe y al empleado a través de plataformas como Teams, Slack o Google Chat. En el primer caso, Booster "se convierte en un segundo cerebro donde el manager registra dónde quiere profundizar, consiguiendo dos cosas: que la gestión del equipo crezca en calidad y cantidad (con rotaciones de plantilla reducidas en un promedio del 10-15%) y que la visibilidad de lo que sucede entre bambalinas se multiplique por diez". En el segundo escenario, un disparador de preguntas interroga cada cierto tiempo al trabajador ofreciéndole siempre algo a cambio, por ejemplo una fórmula para perfilar sus objetivos. El propio profesional puede aportar pruebas de evidencias sobre el estado de una tarea o proyecto, puede autoevaluarse y se puede pronunciar sobre los planteamientos que le hace el manager.
Pasar de ser un capitán atrapado en el sándwich de la presión recibida por arriba y por abajo a contar con una IA de cabecera implica una curva de aprendizaje que oscila entre el día pelado para los nativos digitales y un mes para los perfiles más veteranos y analógicos. Burgos arroja las siguientes estadísticas para validar la tesis de Booster y apostar por un nuevo modelo (al fin y al cabo, la startup es un imponente recolector de información): el 70% de la fidelización del talento depende del jefe, no del sueldo o de los beneficios flexibles. Si no hay complicidad, la batalla está perdida. Desde el flanco del líder, un 60% confiesa sentirse incapaz de transmitir a sus subalternos la estrategia de la compañía y la inmensa mayoría advierte que la carga burocrática se come otro 60% del tiempo que podría dedicarse a mimar el talento. Por último, más del 60% de las opiniones de los empleados hacia la empresa que les paga son negativas.
Para evitar alucinaciones, Booster aplica tres capas de entrenamiento. Primero, existen más de 1.000 escenarios diseñados para determinar qué recursos ofrecer al manager en función de su situación. Segundo, la estrategia, cultura y buenas prácticas de cada organización y unidad de negocio se vuelcan en el software. Y, tercero, la base de datos crece con cada interacción registrada. Como broche anti-derrapes, los humanos de la startup revisan todas las interacciones que la empresa-cliente tiene con la IA. Avisa el CEO al final: "Ofrecemos escenarios y el asesoramiento para afrontarlos, pero decide el manager, que además tiene a su disposición cada paso de la lógica del copiloto para plantearle X o Y". El poder sigue donde estaba: en la carne, el hueso y la materia gris.




















