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La guerra en Ir�n le ha recordado a India, de manera contundente, cu�n expuesta sigue estando su econom�a. Fuertemente dependiente de las importaciones de petr�leo, el pa�s asiste al disparo de su factura energ�tica, lo que arrastra a la rupia hacia abajo: una moneda ya debilitada por la fuga de capitales desde las elecciones nacionales de junio de 2024. El aumento de los costes de importaci�n est� ampliando el d�ficit por cuenta corriente y obligando al Banco de la Reserva de India a librar una batalla perdida para frenar la depreciaci�n de la divisa, mientras los inversores salen en silencio por la puerta. La soluci�n, aunque evidente, sigue siendo esquiva: India debe producir m�s de lo que consume, y eso exige construir la capacidad industrial y manufacturera que hasta ahora no ha logrado desarrollar.
El camino hacia ese objetivo pasa por la inversi�n extranjera directa. Sin embargo, India sigue atrayendo una cantidad sorprendentemente escasa, especialmente en el sector manufacturero, donde la necesidad es m�s urgente. Esta carencia se produce justo cuando India acaba de cerrar un hist�rico Tratado de Libre Comercio (TLC) con la UE, poniendo fin a casi dos d�cadas de negociaciones. Al eliminar aranceles sobre una amplia gama de productos, el acuerdo abre perspectivas prometedoras para los sectores automotriz, farmac�utico y digital. Es un hito genuino. Pero los hitos no son destinos.
El d�ficit por cuenta corriente de India lo impulsan los precios del petr�leo, no los aranceles. Su base industrial representa apenas el 2,8% de la producci�n mundial, frente al 30% de China. Y cada a�o, entre 8 y 10 millones de j�venes se incorporan a un mercado laboral incapaz de absorberlos en empleos productivos y formales. M�s de la mitad de la fuerza laboral sigue atrapada en la agricultura, el sector de menor productividad. Un acuerdo comercial, por bien dise�ado que est�, no cambia nada de esto.
Las cifras de inversi�n hablan por s� solas. Vietnam —con una poblaci�n de apenas 100 millones de habitantes— atrae IED equivalente al 4,2% de su PIB. India, con m�s de 1.000 millones de personas y un peso estrat�gico muy superior, apenas alcanza el 1%. Las razones son estructurales y bien conocidas: infraestructuras deficientes, mercados laborales r�gidos, aranceles que penalizan a los exportadores y, lo m�s da�ino, el desmantelamiento de la red de tratados bilaterales de inversi�n tras la denuncia por parte de Nueva Delhi de m�s de 70 acuerdos entre 2016 y 2018. La investigaci�n demuestra que esas denuncias han reducido los flujos de IED en m�s del 30�%. Para un industrial europeo que eval�a construir una planta en India en los pr�ximos 20 a�os, la ausencia de protecci�n efectiva al inversor no es un inconveniente burocr�tico: es un factor que descarta la opci�n.
Europa tiene un inter�s directo en resolver esto. Dejando a un lado los flujos que transitan por centros financieros extraterritoriales, la UE ya es el mayor inversor extranjero en India. A medida que las empresas europeas buscan diversificarse y reducir su exposici�n a China, India es una candidata natural, pero solo si ofrece la seguridad jur�dica que el capital a largo plazo exige.
Aqu� reside la omisi�n m�s grave del TLC: no incluye compromisos concretos sobre el acceso al mercado para las inversiones manufactureras. No se trata de un obst�culo t�cnico insuperable, sino de una elecci�n pol�tica que puede revertirse. Los acuerdos recientes de la UE con Singapur, Vietnam e Indonesia contienen disposiciones claras sobre acceso al mercado y trato nacional para los inversores industriales. Con India, la cuesti�n simplemente se ha pospuesto para negociaciones futuras.
Esas negociaciones futuras deben comenzar ahora. Lo que se necesita es un acuerdo de protecci�n de inversiones que cubra el trato justo, la protecci�n contra la expropiaci�n, la libre transferencia de beneficios y, de forma crucial, un mecanismo de resoluci�n de controversias cre�ble. India ya ha anunciado un nuevo modelo de tratado de inversi�n; es el momento de finalizarlo e implementarlo mediante un acuerdo bilateral concreto. Un paso paralelo �til ser�a la adhesi�n de India al Acuerdo sobre Facilitaci�n de las Inversiones para el Desarrollo de la OMC, ya firmado por 127 pa�ses. Ambas medidas enviar�an una se�al inequ�voca: que India no solo corteja la inversi�n extranjera de palabra, sino que est� construyendo el marco institucional para sustentarla.
Nada de esto presenta dificultades t�cnicas especiales. El sector manufacturero indio ya est� en gran medida abierto al capital extranjero. Las barreras son legales e institucionales, no sectoriales. Un enfoque pragm�tico, inspirado en la experiencia de la UE con Indonesia, podr�a funcionar igual de bien aqu�. La voluntad pol�tica existe en ambas partes, como lo demuestra el propio TLC. Lo que se necesita ahora es que esa voluntad se sostenga en el trabajo m�s arduo y menos vistoso de las negociaciones de inversi�n.
Hay tambi�n margen para la ambici�n. La UE y la India podr�an complementar un acuerdo de inversi�n con una alianza dedicada al comercio y la inversi�n verdes, un mecanismo para movilizar capital privado hacia la descarbonizaci�n de la econom�a india. Ambas partes saldr�an ganando: Europa obtiene oportunidades de inversi�n; India consigue el capital que necesita para reducir la dependencia de las importaciones de combustibles f�siles que hoy la dejan tan expuesta.
La crisis en Oriente Medio es una alarma a todo volumen. Las vulnerabilidades econ�micas de India —depreciaci�n de la moneda, una balanza de pagos fr�gil, un mercado laboral bajo presi�n demogr�fica— son reales y urgentes. La IED en el sector manufacturero es probablemente el instrumento m�s eficaz para abordar los tres retos a la vez: genera divisas, crea empleo formal y refuerza la resiliencia industrial, reduciendo la dependencia de las importaciones energ�ticas.
El Tratado de Libre Comercio UE-India fue un primer paso necesario. Ser� el acuerdo de inversi�n el que determine si esta asociaci�n transforma verdaderamente ambas econom�as. Es hora de dejar de tratarlo como un mero tr�mite y reconocerlo por lo que realmente es: la prioridad estrat�gica de esta relaci�n.
Alicia Garc�a Herreroes economista Jefe para Asia Pac�fico en el banco de inversi�n NATIXIS e investigadora en Bruegel.
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