























Mark Zuckerberg ha contado en alguna ocasi�n haber le�do los "best seller" del presidente chino Xi Jinping. Se trata de varios vol�menes que se han traducido en 37 idiomas y distribuido por 170 pa�ses, y que recogen en cientos de p�ginas los discursos del hombre m�s poderoso del mundo, en cuanto a poder pol�tico concentrado en una sola persona. Zuckerberg, presidente de Meta, presume de hablar mandar�n con cierta fluidez. Incluso se ha atrevido a dar alg�n discurso en ese idioma durante sus muchos viajes a China.
En aquellas visitas, el multimillonario estadounidense ha tratado de resucitar Facebook, bloqueado desde 2009 en el gigante asi�tico, al igual que otras decenas de plataformas occidentales. Tambi�n ha intentado abrir una red social hermana �nicamente para ese mercado, como ocurre en el caso de TikTok, que en China opera bajo otra plataforma llamada Douyin.
Pese a sus muchos gui�os al pa�s asi�tico, los planes de Zuckerberg no han parado de estamparse contra al muro de Pek�n. El r�gimen no funciona con gestos simb�licos ni con afinidades culturales superficiales, sino con una arquitectura pol�tica y regulatoria dise�ada para filtrar, controlar y, llegado el caso, expulsar. El �ltimo episodio lo confirma con crudeza.
Esta semana, Pek�n ha dado un paso in�dito al vetar la compra efectuada por parte de Meta sobre Manus, la plataforma de inteligencia artificial que en China rivalizaba con la emergente DeepSeek. La operaci�n, valorada en 2.000 millones de d�lares y cerrada en diciembre, ha sido desmantelada por orden de la Comisi�n Nacional de Desarrollo y Reforma, que invoc� una combinaci�n de seguridad nacional, controles de exportaci�n y normativa sobre inversiones estrat�gicas. Traducido: China decide qui�n entra, qui�n sale y qu� tecnolog�a puede cruzar sus fronteras.
El caso es especialmente revelador porque rompe una regla no escrita. Hasta ahora, las autoridades chinas tend�an a intervenir antes de que las operaciones se cerraran. Aqu� han actuado a posteriori, cuando el capital ya se hab�a transferido y m�s de cien empleados de Manus trabajaban bajo el paraguas de Meta en Singapur. El mensaje es inequ�voco: ning�n acuerdo est� blindado si el gobernante Partido Comunista considera que afecta a sus intereses.
Manus no es una empresa cualquiera. Nacida en 2022 bajo el paraguas de la tecnol�gica Beijing Butterfly Effect Technology, se hab�a posicionado como uno de los actores emergentes en el competitivo ecosistema chino de inteligencia artificial, rivalizando con otros grandes proyectos. En un contexto donde este sector se ha convertido en un activo estrat�gico -equiparable a la energ�a o la defensa-, permitir que una compa��a extranjera absorba ese conocimiento supone, para Pek�n, una fuga inaceptable de capital tecnol�gico.
La reacci�n de las autoridades ha sido proporcional a esa preocupaci�n. Los cofundadores de Manus, Xiao Hong y Ji Yichao, fueron convocados en marzo a Pek�n y, seg�n varias informaciones, se les retuvo el pasaporte durante la investigaci�n. No pueden abandonar el pa�s. Esto es una pr�ctica conocida en China cuando hay intereses estrat�gicos en juego: limitar la movilidad de los ejecutivos para garantizar la cooperaci�n. Al mismo tiempo, los reguladores han intensificado las advertencias al sector, dejando claro que ninguna empresa de IA puede aceptar capital extranjero sin supervisi�n previa.
Seg�n ha informado el Wall Street Journal, ejecutivos de Manus hab�an mantenido conversaciones recientemente con Meta sobre la posibilidad de dimitir como v�a para resolver la investigaci�n de Pek�n sobre la adquisici�n. Xiao hab�a planteado a funcionarios chinos la opci�n de abandonar Meta junto con otros ejecutivos clave de Manus. Nada de esto ha servido.
China lleva a�os reforzando su blindaje tecnol�gico. La legislaci�n permite revisar cualquier inversi�n extranjera que pueda afectar a la seguridad nacional, una categor�a deliberadamente ambigua que abarca desde semiconductores hasta algoritmos. A esto se suman controles de exportaci�n cada vez m�s estrictos y una vigilancia creciente sobre el talento. Ingenieros e investigadores son considerados recursos estrat�gicos.
Los analistas chinos sostienen que esta pol�tica responde, en gran parte, a la presi�n externa. Estados Unidos ha estado durante a�os apretando con sus propias restricciones, limitando la exportaci�n de chips avanzados y el acceso de empresas chinas a tecnolog�a cr�tica. El resultado es una din�mica de desacoplamiento progresivo, donde ambas superpotencias tratan de reducir su dependencia mutua mientras compiten por el liderazgo en IA.
En ese tablero, Meta llega con desventaja. A diferencia de otras multinacionales que han logrado adaptarse parcialmente al entorno chino, la compa��a de Zuckerberg nunca ha conseguido una posici�n estable. "La transacci�n de Manus cumpli� �ntegramente con la legislaci�n vigente", ha declarado un representante de Meta.
China no permite que plataformas extranjeras operen con autonom�a en sectores sensibles como las redes sociales o la inteligencia artificial. Exige control local, acceso a datos y alineamiento con las directrices pol�ticas. Para empresas como Meta, cuyo modelo de negocio se basa precisamente en la gesti�n global de datos, esa cesi�n resulta inviable.
Para Zuckerberg, el golpe es doble. Por un lado, pierde una inversi�n estrat�gica en un �rea clave. Por otro, confirma que su largo cortejo a China no ha dado frutos tangibles. Ni los discursos en mandar�n, ni las lecturas de Xi, ni las visitas institucionales han alterado una realidad b�sica: el mercado chino no se abre por simpat�a, sino por conveniencia pol�tica. Y ahora mismo, esa conveniencia no existe.
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