Del moro al Foro
Entonces los amargados todav�a decid�an sobre las carreras de futbolistas y toreros. No hab�an sido reemplazados por la masa facilona, que fluye y ya est�, compuesta por guiris y disfrutones.

Mbapp�, en el banquilloAP/Foto
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SI el Bar Cock estaba unido a Chicote por un t�nel subterr�neo, Las Ventas y el Bernab�u comparten el mismo pulso electrificante. La simbiosis entre las dos pajarer�as es uno de los mitos de la vieja ciudad. Mi leyenda favorita, para qu� andarnos con rodeos. Entonces los amargados todav�a decid�an sobre las carreras de futbolistas y toreros. No hab�an sido reemplazados por la masa facilona, que fluye y ya est�, compuesta por guiris y disfrutones. Un experto en ciudades quedar�a muy sorprendido con el diagn�stico que arrojar�a una ITV a esta city de coraz�n paletillo. Ya no se dicta sentencia en Madrid, la �nica se�a de identidad aceptable. Justo se ha diluido cuando la Administraci�n busca con m�s sa�a una bandera para cubrir el pabell�n madril� o madraca. Ni los chulapos, ni las verbenas, ni Malasa�a ni las asociaciones de vecinos que boicotean conciertos, ni el oso ni el madro�o, ni Rita Maestre, ni Latinoam�rica, ni Julio Iglesias, ni el jodido intercambiador de Diego de Le�n. La identidad de Madrid estaba en su condici�n de Foro, de examinador, de fielato. Aplicaron el antibi�tico a los amargados y ya solo retumban c�nticos pelotas en el estadio y oles de pl�stico en Las Ventas.
Por ah� se llevan a Fernando Adri�n a hombros por cuarta vez y Mbapp�, fermentado por la levantisca de Florentino P�rez, aparece en zona mixta sanchificado, o sea, larg�n, un poco ventajista y mesi�nico perdido. O yo o el escudo parece decir este enviado de Houellebecq para cobrarse la venganza del 2 de mayo. El cord�n umbilical de Francisco Silvela transporta, sin embargo, a los pocos amargados que quedan de un coraz�n a otro de la ciudad. Madrid late por la Castellana y por la calle Alcal�. Algunos invocar�n otros corazones como el Prado, que est� bien, o al Movistar Arena, que tambi�n, o al Teatro Espa�ol, vale. Pero la resistencia libra la �ltima batalla en Las Ventas y en el Bernab�u.
El otro d�a form� parte del pelot�n de renegados que sacudi� a Mbapp� con una macedona de insultos. Y silb�, con un pitito sin fuerza, a Fernando Adri�n. No hay una experiencia parecida a la de perderse entre los �ltimos amargados, cavar la trinchera con ellos, y pronunciar el conjuro que mantuvo en pie esta ciudad, que mantiene en pie las pocas cosillas ca��s que quedan frente a las hordas de la revoluci�n: As� no se viene a Madrid.





















