






















Vivían de okupas en una vivienda del distrito madirleño de Puente de Vallecas, cambiaban de disfraz en cada golpe y llegaron a apoderarse de joyas valoradas en más de tres millones de euros. Un día se hacían pasar por obreros de la construcción, otro por repartidores, en una ocasión uno de ellos entró vestido de mujer y en su último atraco eligieron los hábitos de un sacerdote y una monja para intentar pasar desapercibidos por la calle Alcalá. Su ingenio para ocultar la identidad contrastaba con la extrema violencia con la que actuaban. Encerraban, encañonaban y amenazaban de muerte a empleados y clientes antes de destrozar las vitrinas a mazazos y escapar con bolsas repletas de oro.
Así actuaba la organización criminal que la Policía Nacional acaba de desarticular tras varios meses de investigación. Once personas, nueve hombres y dos mujeres, han sido detenidas como presuntas autoras de cuatro atracos a joyerías y un intento de robo en una sucursal bancaria de la Comunidad de Madrid. Cinco de ellas han ingresado ya en prisión provisional. Están acusados de robo con violencia, lesiones, atentado contra la autoridad y falsedad documental.
Los investigadores del Grupo XIII de Atracos bautizaron el operativo como Operación Monja, precisamente por el llamativo disfraz utilizado en el último golpe, frustrado cuando los agentes ya seguían todos los movimientos de la banda.
Los delincuentes no eran profesionales de los atracos cuando comenzaron. Según los investigadores, anteriormente se dedicaban a los conocidos robos al descuido o siembras, especialmente contra personas mayores. Sin embargo, decidieron dar un salto cualitativo buscando botines mucho mayores. Esa falta de experiencia, lejos de hacerlos menos peligrosos, los convirtió en delincuentes especialmente violentos.
Su estreno fue el 27 de marzo. Tres hombres irrumpieron armados en una sucursal del BBVA de San Blas-Canillejas. Uno iba disfrazado de mujer, otro de repartidor de paquetería y un tercero completamente vestido de negro. Amenazaron a los empleados con armas de fuego, pero terminaron huyendo sin dinero al comprobar que la llegada constante de clientes complicaba el atraco. Aquel fracaso resultó decisivo para la investigación, ya que el coche de alquiler utilizado en la huida permitió a los agentes comenzar a tirar del hilo.
Apenas dos semanas después cambiaron de objetivo. El 13 de abril asaltaron una joyería de la calle Raimundo Fernández de Villaverde en Tetuán. Tres hombres y una mujer inmovilizaron a la dependienta mediante un mataleón y escaparon con joyas valoradas en más de medio millón de euros. Las cámaras de seguridad revelaron que el grupo era mucho más amplio que los autores materiales del robo. Mientras unos actuaban en el interior, otros vigilaban los accesos y controlaban los movimientos desde el exterior.
El siguiente golpe llegó en Usera. Armados con una pistola, tres atracadores irrumpieron en otra joyería, amenazaron de muerte a las tres empleadas y huyeron con cerca de 600.000 euros en piezas de oro.

La violencia volvió a aumentar pocos días después en Torrejón de Ardoz. Un hombre y una mujer entraron fingiendo ser clientes y pidieron ver varias joyas. La empleada sospechó al comprobar que ambos ocultaban el rostro bajo gorras y gafas de sol y les pidió que se descubrieran antes de abrir la vitrina. La respuesta fue inmediata: el hombre sacó una pistola, la encañonó y permitió la entrada de otros dos cómplices que comenzaron a destrozar las vitrinas con mazas. En apenas unos minutos escaparon con un botín cercano al millón y medio de euros.
Tres días después le tocó el turno a una joyería del centro comercial Madrid Sur, en Puente de Vallecas. En aquella ocasión varios integrantes iban vestidos como obreros y portaban hasta una escalera. Mientras unos destrozaban el establecimiento, otros protegían la huida desde el exterior. El propietario del negocio llegó incluso a perseguir a los atracadores y consiguió recuperar una de las bolsas que transportaban parte de las joyas robadas.
Las vigilancias permitieron entonces descubrir dónde se escondían. Los principales miembros de la banda residían en una vivienda okupada de Puente de Vallecas. Desde allí planificaban cada golpe. Los agentes observaron durante semanas cómo celebraban reuniones antes de los atracos, distribuían funciones y abandonaban la casa de forma escalonada en distintos vehículos de alquiler obtenidos con documentación falsa.
La investigación reveló además una organización perfectamente estructurada. Unos se encargaban de localizar joyerías vulnerables; otros conseguían coches, herramientas y disfraces; varios actuaban como vigilantes en las inmediaciones y alertaban de cualquier movimiento policial mediante auriculares y videollamadas; y los autores materiales eran quienes entraban armados en los establecimientos.
Para esas labores de vigilancia recurrían incluso a personas con escasos recursos económicos. Les ofrecían entre 50 y 100 euros para permanecer cerca de las joyerías y avisar si aparecía la Policía.

Asalto a la joyería del centro comercial Madrid Sur de Vallecas
Los investigadores comprobaron también que el grupo había inspeccionado otros establecimientos en Parla y Alcobendas, aunque finalmente descartaron actuar allí por las medidas de seguridad que presentaban.
El desenlace llegó el pasado 10 de junio en una joyería de la calle Alcalá, en Ciudad Lineal. El día anterior los policías ya habían detectado a varios sospechosos merodeando por la zona vestidos con hábitos religiosos. Sabían que el golpe era inminente.
A primera hora de la mañana, un falso sacerdote y una falsa monja recorrieron varias joyerías hasta entrar en el establecimiento elegido. Mientras tanto, otros miembros de la organización vigilaban desde una cafetería y desde varios coches estacionados en las inmediaciones. Los agentes esperaron a que abandonaran el local para evitar poner en riesgo a la dependienta y lanzaron el operativo.
Uno de los atracadores llegó a apuntar con un arma a los policías durante la detención. Al mismo tiempo, otros integrantes intentaron escapar por la M-30, llegando incluso a embestir un vehículo policial antes de ser reducidos. Días después fueron arrestados en Barcelona dos colaboradores encargados de facilitar la logística de la banda.De momento, a los arrestados no se les vincula con otros asaltos a joyerías cometidos en un local de La Vaguada y otro del centro comercial Espacio de Torrelodones.
Los agentes del Grupo XIII de la Brigada Provincial de Policía Judicial están especializados en la persecución de este tipo de ladrones de joyerías. En esta operación han trabajado durante jornadas completas para seguir los movimientos de los sospechosos. «Nosotros hacemos detenciones, hacemos presos», sentencia un mando policial de la investigación. Y lo han conseguido, al menos, con gran parte de la banda.
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