S�ndrome de Estocolmo
Hace un par de semanas, en el monumento a Alfonso XII del parque, decenas de evangelistas se reunieron para cantar al atardecer que Cristo viene y Madrid ser� de Jes�s

Dani Alves, en el estadio Metropolitano.
Actualizado
En los cruces de las avenidas que se obstinan en llamarse calles salta el vendaval dispuesto a levantar faldas, enredar gabardinas, descuajaringar paraguas, poner a prueba la resistencia de los injertos. Se planta uno junto a la cabeza de J�lia, desprotegida por los cuatro costados, y acaban revolote�ndosele las ideas. Se le antoja de golpe hacerse un tatuaje de la flor de loto y abrir una escuela de kitesurf o comprarse una furgoneta camperizada y ponerse a recorrer Australia. Los vientos de Madrid, que revuelven ambiciones y rencores entre la Castellana y Recoletos, ejercen un efecto parecido al de los de Santa Ana, que, como los de C�diz en su levante, vuelven turuleta a todo el que se cruza en su camino. Ellos pretenden limpiar las estaciones, ser, vaya, viento de cambio, pero solo acaban irritando al personal.
En ocasiones interrumpen la normalidad. Cuando los vientos madrile�os se ponen chulitos, el Retiro, que tiene los �rboles ya artr�ticos perdidos, debe cerrar para que una rama no le caiga a alguien en la cabeza y sus planes cambien, en efecto, para siempre. O hasta el d�a del Juicio Final. La fecha, si uno sigue las pistas, parece estar de camino.
Hace un par de semanas, en el monumento a Alfonso XII del parque, decenas de evangelistas se reunieron para cantar al atardecer que Cristo viene y Madrid ser� de Jes�s. La escena se produc�a entre veintea�eras en bikini que hab�an pasado el d�a reclamando la actividad de su melanina y familias que recog�an los paquetes de gusanitos con los que hab�an entretenido el hambre de sus beb�s. Medio mes m�s tarde, unas 35.000 personas se han reunido en el Metropolitano con el mismo objetivo. En el estadio del Atl�tico pidieron que la ciudad arda (en el fuego del Esp�ritu Santo) para que Espa�a, de una vez, concluya su despertar espiritual.
Al campamento cristiano, con sus arengas, testimonios, oraciones con las manos al cielo y musiquita, se sum� el condenado por agresi�n sexual y ahora predicador Dani Alves. Cont� el exfutbolista que Jes�s lo liber� en la c�rcel. El enfoque que encontr� en The Change es perfect�simo: si Jesucristo Nuestro Se�or lo ha buscado y perdonado, qui�nes somos nosotros, mortales contingentes, motitas de polvo en la historia del planeta Tierra, nanop�xel en la fotograf�a de la humanidad, para no aceptarlo, abrazarlo y alzarlo como l�der moderno de los ca�dos del caballo.
El espect�culo ha inquietado a algunos cat�licos. La Iglesia se hab�a desvinculado de la jornada. Lament�, incluso, que se llevara a cabo dentro de su �jurisdicci�n�. Los vientos de Col�n, que todo lo unen y todo lo mezclan, no se mostraban suspicaces. Ya lo sab�an. No hay tanta distancia entre Hakuna y The Change.





























