Almeida ha invertido 12,5 millones de euros en el palacete de la Duquesa de Sueca y las obras se completarán en los últimos días de 2027

El patio interior en rehabilitación del palacio de la Duquesa de Sueca.
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Las cosas de palacio, como reza el refrán popular, van despacio. Y el de la Duquesa de Sueca, que lleva más de dos siglos viendo volar el tiempo en el distrito Centro de Madrid, no es ninguna excepción. Pasó de ver desfilar a la nobleza por sus escalinatas a mirar de frente al abismo tras décadas de abandono, como ocurre tantas veces en tantos lugares de la capital. Pero en ese número 2 de la plaza del Duque de Alba, donde descansa este inmueble de pedigrí, las cosas van despacio, incluso con un cuarto de siglo de retraso, pero van.
Lo incorporó Álvarez del Manzano al patrimonio municipal en 1999, con un futuro social. Pasó por las manos de Alberto Ruiz-Gallardón con otro propósito -pisos de alquiler para jóvenes-. Amagó Ana Botella con un derribo que detuvo la Justicia. Inició Manuela Carmena la rehabilitación de las zonas más dañadas, allá por 2016, que se prolongó hasta 2023. Y, al fin, en el anochecer de 2027, con José Luis Martínez-Almeida al mando de la capital, siempre que las urnas lo tengan a bien -y que nadie tire de él desde otros rincones políticos-, el palacio de la Duquesa de Sueca comenzará un nuevo capítulo como complejo social para familias vulnerables y mayores.
Ayer, tanto la delegada de Obras y Equipamientos, Paloma García Romero, como el delegado de Políticas Sociales, José Fernández, que convive con esa inesperada chamusquina veraniega por el polémico protocolo para desalojar a las personas sin hogar de los espacios que ocupan en la calle, se adentraban en esos dominios que ahora empiezan a vislumbrar una vida en calma. Con otro tipo de focos que nada tienen que ver con los de la industria televisiva: su entrada principal fue también la de la popular serie El Ministerio del Tiempo. Se convirtió en un lugar casi de culto para los fans de aquel relato de ficción.
Pero como esto es la realidad, por más que pese tantas veces, la visita de los responsables municipales respondía a la evolución favorable de las obras de transformación de ese imponente espacio, con una superficie construida de 6.150 metros cuadrados, de los que 4.567 se destinarán a un centro de alojamiento temporal para familias vulnerables y 1.583 darán vida al citado centro de mayores, en el ala este del inmueble. Para ello, el Ayuntamiento ha destinado un presupuesto de unos 12,5 millones de euros.
Enterramientos islámicos, pinturas murales...
«Es un orgullo poder hacer esta rehabilitación, porque no solamente se van a crear dos equipamientos sociales para familias vulnerables y un centro para mayores, sino que también se rehabilita un palacio de nuestra ciudad y, por tanto, se mejora el patrimonio histórico-artístico de Madrid», apuntaba García Romero. Desde el Área de Políticas Sociales también subrayaban el papel de este futuro equipamiento, que se sumará a las 34 dotaciones de esta naturaleza ejecutadas por el equipo de Almeida. «Se atenderá a familias con pocos recursos, y no a solicitantes de protección internacional, hasta que alcancen una vida autónoma», detallaba Fernández. Se aprovechará hasta el sótano, que albergará espacios para el centro de alojamiento temporal para familias.
Pero, como tesoro del patrimonio inmobiliario madrileño que es, con un nivel máximo de protección, el palacio de la Duquesa de Sueca, cuya denominación cambiará cuando se complete su transformación, alberga restos arqueológicos que serán conservados o integrados en ese nuevo espacio. Es el caso de un reloj de sol que podría ser anterior a la construcción del propio palacio o de las pinturas murales de la primera planta, con motivos vegetales y geométricos. Durante la rehabilitación también se hallaron restos de enterramientos islámicos que, según detallan desde el Ayuntamiento, podrían datar de los siglos XII o XIII.
El caso es que, poco a poco, el palacete se va desperezando. Se va esculpiendo con sumo cuidado ese diamante que parecía maldito. Durante mucho tiempo, la gente dejó de detener su mirada ante uno de los símbolos de otra época. Si nada se tuerce, a finales de 2027, quizá en 2028, volverán a hacerlo. Allí se iluminará el rostro de familias vulnerables y de personas mayores.





















