Los residentes de Las Minas aseguran que, para salir de este barrio, tienen que caminar por un pequeño arcén junto a coches que pasan a 90km/h

El arcén que recorren los vecinos para llegar a otras localidades.
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Es difícil imaginar la angustia diaria de cientos de madres y padres que, desde hace años, se ven obligados a ver cómo sus hijos caminan hacia el colegio o el supermercado por el arcén de una carretera donde los coches les rozan continuamente a 90 km/h. Esta es la alarmante realidad que denuncia el barrio de Las Minas, en el municipio madrileño de Galapagar: una zona completamente residencial y concebida originalmente como un lugar tranquilo, pero cuyos vecinos sufren un aislamiento absoluto al depender totalmente de sus coches.
Actualmente, más de 300 familias se encuentran atrapadas sin comunicación peatonal que conecte de forma segura sus urbanizaciones con el resto de Galapagar. La disposición de este enclave se ha convertido prácticamente en un triángulo de las Bermudas ya que sus vecinos se encuentran acotados por la carretera M-519 en un extremo, las vías del tren en el otro y el río Guadarrama cerrando el paso, lo que hace que sea totalmente imposible salir sin un vehículo.
Ante esta falta de alternativas, vecinas como Cecilia Zoido no tienen más remedio que recurrir a cruzar a pie por el arcén de la carretera, un sendero «irregular y hostil» que mide unos 70 centímetros de ancho y que carece de cualquier tipo de protección frente al tráfico. Cansados de «jugarse la vida», los vecinos invitaron a Ángel Camacho, concejal de Urbanismo, Movilidad e Infraestructuras, a visitar la zona.

El arcén que recorren los vecinos para llegar a otras localidades.El Mundo
Un encuentro donde se dialogó sobre una solución técnica que consistiría en la instalación de una pasarela peatonal sobre las vías del tren aprovechando las calles y rotondas ya existentes. En esta línea, también se teorizó sobre la colocación de balizas de hormigón a lo largo del arcén, aunque se descartó por falta de espacio. «Hace poco mi hija de 16 años cruzó la carretera a las 11 de la noche aterrorizada porque está todo oscuro», relata, preocupada, Celia.
A esta reunión con el concejal, en diciembre de 2024, le siguieron meses de silencio e inacción hasta que los vecinos recibieron un mensaje donde el Ayuntamiento se desligaba del asunto, alegando que la carretera era competencia de la Comunidad de Madrid.
A pesar de esto, se ofrecieron a coordinarse con las autoridades competentes en busca de soluciones. Pero más de año y medio después, la situación sigue igual y los residentes indignados acusan al Ayuntamiento de «optar por el silencio», lo que interpretan como una «decisión consciente de ignorar el riesgo mortal y asumir las consecuencias de los accidentes que puedan ocurrir».
Desde el Ayuntamiento explican a este diario que hace tiempo trasladaron la situación a la Dirección General de Carreteras, pero desde ésta confirman que no tiene prevista ninguna actuación.
Cecilia afirma que la carretera por la que cruzan es «una sentencia segura de muerte» y se resigna a pensar que la situación «no va a cambiar hasta que ocurra una desgracia». Y remata:«Ya hemos empezado a recoger firmas para ver si así toman medidas... Por el momento llevamos más de 100».

























