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«El año que viene esquiaré en el Puerto de Navacerrada, no lo dudes». Rotunda y convencida al ciento por ciento, María Jesús Martín-Merino, Chus prefiere que la llamen, afirma que la estación de esquí no se cerrará «por mucho que algunos se esfuercen en conseguirlo». Y coge carrerilla para contar la trascendencia que el Puerto de Navacerrada ha tenido en el acervo de los madrileños. La recoge en el libro que acaba de autoeditar: Hijos del Guadarrama.
«El Puerto de Navacerrada es un trasatlántico de historia, esfuerzo y pasión. Por supuesto, también del deporte. Tenemos que remar todos juntos para sacarlo adelante», asegura esta mujer que aprendió a esquiar en las cuestas de El Escaparate y Telégrafo, dos de las tres pistas que el Tribunal Supremo ha decretado desmantelar, para cumplir con la legislación de parques nacionales.
Se apena Chus al recordar aquellas frías madrugadas en su Valsaín natal, años 50 del siglo pasado, cuando la sierra conoció las últimas grandes nevadas, extinguidas por el cambio climático. «No he caído aquí de casualidad, yo empecé a esquiar en 1954, cuando tenía 3 años, con mi padre Jesús Martín Merino, pionero de la Sierra de Guadarrama, además de un gran campeón de esquí de fondo». Miembro de una saga de esquiadores segovianos, dos de los tíos de Chus, Eusebio y Rufino, formaron parte igualmente del equipo nacional español.
«Mi padre aprendió a esquiar cuando trabajaba en la Venta Arias. Se encargaba de llevar el pan, la leche y la comida. Después estuvo en la Brigada Topográfica del puerto de los Cotos y allí, cada día hacía tres viajes a Navacerrada para llevar la leche, el pan y la comida a los militares. Fue mi padre quien me dio la mano, hasta que me inicié de profesora de la Escuela Española de Esquí. Como profesora he trabajado 20 años en la estación catalana de Boi Taüll».
Los últimos nueve años, Martín-Merino ha aparcado su trabajo de periodista para escribir este libro. Es la segunda edición. Con él, busca resaltar la importancia que ha tenido el Puerto de Navacerrada en el desarrollo del esquí en nuestro país. «Es donde primero se esquió en España, por mucho que algunos se empeñen en decir que fue en otros lugares». Sucedió en 1902, cuando Birger Sörensen, un noruego que trabajaba en la empresa maderera familiar, en sus viajes a la sierra en busca de madera, descubrió las posibilidades de Navacerrada para el esquí. Junto con su compañero Sigurd Christiansen, pidió unas tablas a Noruega y empezó la historia del deporte blanco en nuestro país.
Impulsora de la plataforma Hijos del Guadarrama, Chus busca aglutinar esfuerzos para evitar el fin de la estación a caballo de Madrid y Segovia, parte esta última donde se extienden las pistas que obliga a retirar el Tribunal Supremo. Convencida de que detrás del cierre hay un motivo político, subraya: «Hay que legislar el desmantelamiento para que desaparezcan los remontes, como al final tendrá que ser, o que, antes, llegue un Gobierno que esté a favor del esquí en Navacerrada. El 75 por ciento las estaciones de España tienen el mismo suelo público y a ninguna se las ha tocado».
En su opinión, el desmantelamiento en 1999 de Valcotos por el gobierno de Alberto Ruiz-Gallardón fue diferente: «Aquello era de un propietario privado, que tenía una concesión, y la vendió. Inmediatamente los protectores de Peñalara, unido a que nevaba menos, la desmantelaron y se llevaron todo por delante».
«La montaña no es política, la montaña es un paraíso de naturaleza donde todos lo pueden disfrutar», afirma. Al tiempo, lanza Navacerrada 365, proyecto que, en su opinión, garantiza el futuro de la estación. Lo cuenta en el libro: posibilidad de esquiar todos los días del año gracias a la instalación en el lado madrileño de pistas de plástico, un circuito de fondo igualmente de plástico, una balsa de agua para producir nieve y un centro de alto rendimiento deportivo. Mientras llega, sueña con calzarse las tablas el próximo invierno en Navacerrada.
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