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La Casa de Campo, el espacio natural m�s emblem�tico de la capital y declarado Bien de Inter�s Cultural, atraviesa una situaci�n cr�tica debido al crecimiento de asentamientos de personas sin hogar en su interior. Lo que comenz� como una presencia puntual de tiendas de campa�a se ha transformado en un fen�meno que genera una honda preocupaci�n entre vecinos y trabajadores por el impacto ambiental, la suciedad y la creciente sensaci�n de inseguridad en el parque.
Seg�n los �ltimos datos, se estima que alrededor de 40 personas viven actualmente en diversos enclaves del recinto, especialmente en �reas cercanas a la fuente de Las Estrellas y la avenida de Portugal. Este incremento ha sido calificado por los residentes locales como un claro "efecto llamada". Vecinos de la zona denuncian que personas que anteriormente pernoctaban en albergues o en el centro de la ciudad se han trasladado al parque atra�dos por su discreci�n.
"Cada d�a tenemos m�s y esto ya es insostenible", lamenta un residente, quien asegura que ya no puede pasear por ciertos caminos donde incluso se han levantado chamizos de madera. El impacto sobre este espacio protegido es innegable. La acumulaci�n de restos de basura, enseres y residuos sanitarios degrada el paisaje forestal. Adem�s, existe un riesgo real de incendio debido al uso de hornillos para cocinar entre la vegetaci�n. Incluso se han detectado pr�cticas organizadas, como la conexi�n ilegal a la red el�ctrica de las farolas para alimentar dispositivos electr�nicos y c�maras de vigilancia instaladas en las propias tiendas.
A pesar de la degradaci�n, la convivencia presenta matices. Muchos de los asentamientos se sit�an cerca de recursos sociales y de la Cruz Roja. Trabajadores de la zona indican que los ocupantes suelen acercarse para pedir ayuda b�sica y aseguran que, en general, "no son problem�ticos". Detr�s de las lonas se esconden historias de extrema precariedad, como la de un joven marroqu� de 21 a�os que solo cuenta con una tienda de campa�a para resguardarse, o un hombre napolitano que espera los tr�mites de la regularizaci�n extraordinaria para poder trabajar.
El conflicto institucional sigue abierto. Mientras el Ayuntamiento de Madrid afirma que se han activado los protocolos de ayuda sin �xito, los acampados aseguran que se les ha sugerido un posible desalojo para el pr�ximo jueves d�a 30, aunque no hay comunicaci�n oficial. Por su parte, plataformas como 'Salvemos la Casa de Campo' reclaman soluciones de fondo que vayan m�s all� de la limpieza. Alberto S�nchez, presidente de la asociaci�n vecinal, critica la falta de recursos: solicita la instalaci�n de ba�os p�blicos y mesas de seguimiento sobre el sinhogarismo, peticiones que, hasta ahora, han sido denegadas por la administraci�n.



















