El cubil
El regreso de su exposici�n a Chinch�n cierra el c�rculo temporal de un hombre que, buscando salvar a unos j�venes del fr�o de la calle, termin� construyendo un imperio de oportunidades y esperanza.

El padre Lezama, con el Bormujano y el Pipo, en la plaza de toros de Vista Alegre
Actualizado
Tras su exitoso paso por la Sala Anto�ete de la plaza de toros de Las Ventas, donde la exposici�n Luis de Lezama: el cura de los maletillas permaneci� abierta hasta el pasado 10 de mayo tras ser inaugurada por la Infanta Elena, la muestra viaja ahora a Chinch�n. Entre el 16 y el 24 de mayo, coincidiendo con la clausura de unas jornadas culturales celebradas en su honor, los visitantes podr�n repasar la trayectoria de un sacerdote excepcional y polifac�tico.
La historia de Luis de Lezama comienza muy lejos de la vega madrile�a. Nacido en Amurrio (�lava) el 15 de junio de 1936, a las puertas del estallido de la Guerra Civil, se form� desde ni�o con los Jesuitas de Indautxu, en Bilbao. All� recibi� la fuerte influencia de la doctrina ignaciana y forj� amistades duraderas como la de Javier Aresti, un tipo excepcional, representante, por se�or�o, de todos los valores del viejo Bilbao.
Fue ordenado sacerdote en 1962. Una madrugada, mientras se dirig�a a celebrar la misa del alba, encontr� a tres j�venes aspirantes a toreros que intentaban protegerse del fr�o tap�ndose con sus capotes. Eran Eduardo Mu�oz, Quintino del Fresno y el Bormujano. Conmovido, don Luis los invit� a desayunar y les propuso un trato que sellar�a su destino: �l se compromet�a a ayudarles en su sue�o de ser toreros con la condici�n estricta de que ellos se formaran como hombres de provecho.
Aquel encuentro introdujo al padre Lezama en un mundo de costumbres y leyendas que termin� formando parte de su identidad. Su labor solidaria corri� de boca en boca por Espa�a, Francia y Portugal. Se granje� el respeto y la amistad de personalidades como Paco Camino, �lvaro Domecq, el Pipo y Domingo Domingu�n. Su inmersi�n en este ambiente le llev� a fundar la Tertulia de Los Alabarderos junto al escritor Jos� Bergam�n y el maestro Antonio Ord��ez, e incluso lleg� a vestirse de corto en Las Ventas en 1980.
El proyecto de acogida creci� con rapidez. Superado por las circunstancias y la responsabilidad de mantener a los muchachos, el sacerdote pidi� ayuda. La respuesta clave se la dio su amigo ��igo �lvarez de Toledo, quien le aconsej�: �Luis, es mejor que sean ellos quienes aprendan a pescar�. Esta m�xima inspir� la apertura de la Taberna del Alabardero junto al Teatro Real de Madrid, el germen del actual Grupo Lezama.
Hoy, en su 90 aniversario, aquella iniciativa surgida para dar cobijo y educaci�n aquellos maletillas se ha convertido en una pujante fundaci�n con enorme impacto social. El regreso de su exposici�n a Chinch�n cierra el c�rculo temporal de un hombre que, buscando salvar a unos j�venes del fr�o de la calle, termin� construyendo un imperio de oportunidades y esperanza.




























