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No necesita presentación. O quizá sí. Según destaca el trío fundador de la Compañía Balmoral, «entre los milenial hay mucha gente que no sabe quién es Luis García-Berlanga». ¿Es posible? ¿Aún pueda descubrirse a quien bautizó con su inolvidable apellido ese carácter cómico tan patrio y único? «Es sorprendente, porque somos el último eslabón como generación, así que a los Z quizá ni les suene». Qué afortunados ellos, y también cualquiera que asome por el Teatro Español hasta el 28 de junio, porque es la primera vez que se levanta una obra teatral sobre el genio del cine. Y escrita, dirigida e interpretada por su nieto Jorge García-Berlanga: «Nunca se ha dado la ilusión de contar el proyecto de su vida, de qué momentos y decisiones marcaron su personalidad y los porqués», explica sobre el estreno, donde conviven el teatro documental y la autoficción. Y el humor, cómo no, entre el sainete, la ironía, el esperpento, lo trágico... Berlanguiano; qué mejor homenaje.
Le acompañan sobre las tablas y en el afán de esta Crónica de un mal español los otros dos cómplices y hermanos, Natalia Vellón y Octavio Vellón. Certifican el embeleso, con cinco años ya de andadura teatral: «Es una gran inspiración, por cómo contaba lo histórico, lo vital o lo doloroso utilizando el humor. Pero Berlanga fue mucho más que la figura que conocemos como cineasta». Sobre todo en su juventud, esa «época en la que no sabía qué hacer con su vida, pintaba, escribía poemas sin parar... hasta que encontró el camino en el cine», relata su nieto, que ha querido enfocar sobre esa fragua berlanguiana que culminó en El verdugo (1963) y que interpreta a su propio abuelo, con sus gestos y sus arrebatos. «Tenía millones de aristas y de facetas que no se han conocido de él, y es fascinante meterse dentro de todo lo que no te podías imaginar sobre un hombre al que sólo se le conoció por el cine», adelanta su nieto sobre esta docuficción escénica, engarzada tras sumergirse en el archivo del abuelo durante todo un verano y recuperar los recuerdos propios.
Él mismo vivió un tiempo en la casa de Berlanga y, por tanto, habitó ese universo tan singular, entre las conversaciones familiares, con anécdotas, cotilleos, chistes o reflexiones políticas, y los poemas o diarios propios que le hacía leer en su estudio, sin saberse aún testigo privilegiado de una figura clave en la cultura española del siglo XX. «Fue algo maravilloso. Ayer mismo hablaba con mi tío y decía: 'No os olvidéis del mundo que vivimos, un mundo que ya no existe y que no volveremos a vivir'. Desde las tres filas de coches en el Paseo de la Castellana cuando estrenó ahí a la casa que compró en Oropesa con la playa que era prácticamente para nosotros. Momentos preciosos que nos dio mi abuelo, pero porque se mató a trabajar, dejó un legado de felicidad».

El elenco de 'Crónica de un mal español', de la Compañía Balmoral.T. E.
Y también una radiografía precisa de la España de su época, en la que rondaron Rafael Azcona, Juan Antonio Bardem, Conchita Montes, Francisco Umbral, Fernando Fernán Gómez, Alfredo Matas, Benito Perojo, Ricardo Muñoz Suay, su esposa María Jesús o, incluso, el mismísimo Francisco Franco, a quien se le atribuye aquello de «Berlanga no es comunista. Es algo peor. Es un mal español», o Alfredo Sánchez Bella, que dio la voz de alarma para tratar de censurar El verdugo, por propaganda antiespañola. Un reparto coral y caótico que la propia compañía también rescata, pues, junto a los otros tres intérpretes (Júlia Roch, Nacho Serrano y Pablo Vélez) encarnan a más de 50 personajes. En el mismo prólogo, antes de que el público ocupe sus butacas, recrean una de las tertulias del Café Gijón, en la que discuten qué significa ser español, un debate enraizado en la creatividad del insólito y libérrimo cineasta.
«Está muy ligado. Nadie puede definir lo que es ser español, porque somos un país de tantas contradicciones que quién puede decir lo que es y no es serlo. Todos los disparates que ocurren, antes y ahora, en España, son parte de nuestro carácter», reflexiona Natalia Vellón. Y añade su hermano: «Ese hablar de nuestras miserias, como hacían Berlanga y Azcona, también es muy nuestro, somos eso y venimos de ahí».
Pues en esas mismas escenas que reviven las identidades y los capítulos decisivos del director, también se retrata el país actual. «Hay momentos que dices: '¿Estamos hablando de Berlanga o de quién estamos hablando?'. Porque hay situaciones que parece que están pasando en el presente. Sin quererlo, como le pasaba a Berlanga, somos cronistas del tiempo en el que vivimos y vemos que ahora también hay gente que decide quién es buen español y quién es mal español», valora Vellón. Sin duda, España no ha dejado de ser berlanguiana y, como reivindica Jorge García-Berlanga sobre su abuelo: «Siempre se puede sonreír ante la adversidad».
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