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Es una buena noticia. La ampliación del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama aprobada en el último Consejo de Ministros es una buena noticia, aunque, cuando se escarba en el acuerdo, se comprueba que es manifiestamente mejorable.
La ampliación, que será la primera del espacio protegido desde su creación en junio de 2013, se inició a partir de la petición de la Comunidad de Madrid, en diciembre de 2023, de aumentar la extensión del parque en 3.048,17 hectáreas, el 8,97% de su superficie total (33.960 ha). Dos años y cuatro meses después de la solicitud inicial, el Gobierno la ha concedido pereo reduciendo la superficie demandada a algo más de la mitad: 1.601 hectáreas, el 4,97 de la superficie.
El aumento del territorio protegido incluye el monte Cabeza de Hierro, de titularidad estatal, y la finca Término de El Paular, adquirida en 2023 por la Comunidad, de actualidad el pasado verano, cuando la utilizó la presidenta Isabel Díaz Ayuso como residencia privada durante unos días. También se añaden los montes públicos Perímetro de Lozoya, en Lozoya; Perímetro de Aguirre, en Soto del Real, y Miraflores de la Sierra, y la Tejera de Valhondillo, en Rascafría.
«Desde el punto de vista ambiental, todo el territorio del Pinar de los Belgas se tenía que haber incluido. No es de recibo que después de adquirir este monte con el dinero de todos, se haya incluido dentro del parque una parte mínima. No es un buen ejemplo el que ha dado el Estado», se lamenta Juan Vielva, exdirector del Parque Natural de la Cumbre, el Circo y las lagunas de Peñalara, embrión del actual parque nacional.
«Es una ampliación menor, pero hay que ser pacientes. La propuesta inicial de la sociedad Peñalara para crear el parque nacional fue en 1920 y tardó en llegar casi un siglo. Lo importante es que naciera, ahora hay que empujarlo para que crezca poco a poco», señala el catedrático Eduardo Martínez de Pisón, director del Plan de Ordenación de los Recursos Naturales del Parque Nacional, documento base para la creación del parque.
La zona en cuestión abarca el territorio del Alto Lozoya, mayormente dentro del término municipal de Rascafría. Alberga valiosos ecosistemas, con bosques de encinas, robles, hayedos, abedules, quejigos, melojos, alcornoques y pinos, donde residen decenas de especies de aves y mamíferos. Entre ellas, el buitre negro, en una de las mayores poblaciones nidificantes de España, con 186 parejas, además de 58 especies de mamíferos, que incluyen una pareja de lobos que ha logrado reproducirse.
Los Montes de Valsaín, unidos por el Puerto de los Cotos y sus aledaños con los pinares de la cabecera del Lozoya, conforman el bosque de pino silvestre más extenso de España y uno de los mayores de Europa. Es la explotación de su madera la razón principal esgrimida para no incluir ambos espacios en el parque nacional. Una decisión paradójica, si se tiene en cuenta que ambos espacios son montes públicos, es decir, propiedad del Estado, que dicta las normas para su explotación, y que las serrerías de Rascafría y Valsaín se cerraron al adquirir los terrenos.
La gestión del territorio perteneciente a un Parque Nacional recae en la comunidad autónoma respectiva. Si no pertenece al parque, pero es propiedad del Organismo Autónomo de Parques Nacionales, tutor de estos espacios protegidos y dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico, la gestión recae en el Estado. La lógica concluye a un uso del espacio natural como arma en el enfrentamiento que mantienen los Gobiernos central y autonómico.
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