Intuir en una pareja a dos hermanos me hace una ilusión tontísima si la información que los une es difusa, si la suposición se basa en su manera de sentarse en una barra

Michael y Connie Corleone en 'El Padrino III'.
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A veces, mientras camino por la calle o cuando tomo un café donde sea, me cruzo con parejas de adultos en las que creo reconocer a dos hermanos. O, mejor dicho, creo reconocer a una hermana y un hermano y esa aclaración es importante porque la intuición de familiaridad solo me hace ilusión cuando los hermanos son una mujer y un hombre, cuando su parecido físico no es tan obvio y tampoco visten con prendas parecidas ni llevan cortes de pelo semejantes. Intuir en una pareja a dos hermanos me hace una ilusión tontísima si la información que los une es difusa, si la suposición se basa en su manera de sentarse en una barra, en su forma de mirarse al hablar o en los dos besos que se dan en la cara al despedirse.
¿Nos reconocerán como hermanos a R. y a mí los desconocidos que se crucen con nosotros? Hace muchos años, cuando yo no llevaba barba, un compañero de trabajo nos vio en el metro y estuvo un rato charlando con nosotros. Al día siguiente, mi colega llegó a la redacción y dijo de mi hermana: «Es Alemany en chica». Claro, es que R. es Alemany y es chica, se me ocurre pensar ahora, aunque, en ese momento, la frase me envaneció. Ya me gustaría a mí ser la mitad de listo y de guapo.
Otra vez, al cabo de los años, R. vino a Madrid con su segunda hija recién nacida y dimos juntos un paseo por Argüelles, el barrio en el que vivimos en nuestra belle èpoque hacia el año 2002. En algún momento cuando yo empujaba el carrito en el que dormía la niña, otra compañera de trabajo se cruzó con nosotros y se quedó desconcertada. ¿Quién era esa mujer, quién era ese bebé? Son mi hermana y mi sobrina. Ay, por Dios, qué risa nerviosa.
De niños, R. y yo éramos de esos hermanos que estaban siempre a la greña. Después, nos hemos llevado bien en general y muy bien a veces, pero también hemos tenido épocas de bastante frialdad y cuento, más o menos, con que nos quedan algunos altibajos por delante. ¿Qué será de nosotros cuando muera nuestra madre? Creo que chocaremos a veces pero nunca romperemos. R. será entonces la única persona que me vea como una continuidad en el tiempo. La que vea una foto mía con siete años y sea capaz de unir la línea de puntos hasta el anciano que seré en una serie de relaciones de causa-efecto. Y a la inversa, por supuesto. Para algo soy yo el hermano mayor.
Bien: ahora pensaré en 12 personas queridas para mí y apuntaré la relación que tienen con sus hermanos. 1: buena, pero fue mala. 2: Rota. 3: Buena pero menos íntima de lo que creía. 4: Buena y buena, aunque sus hermanos chocan entre ellos. 5: Muy buena y muy mala. 6: Mala. 7: Indescifrable. 8: Buena. 9: Regular, buena, rota y buena. 10: Buena y no sé. 11: Idealización tras la muerte. 12: Buena y buena pero infrecuente.
R., hermana querida, no estamos tan mal.
























