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El Parque Para�so, en el distrito madrile�o de San Blas-Canillejas, se encuentra bajo una estrecha vigilancia policial que combina la seguridad ciudadana con una intensa labor social. Los distintivos azules de la Polic�a Nacional son una constante entre los grupos de drogodependientes que se concentran cerca del metro de Simancas, en una zona donde el consumo de sustancias y la exclusi�n social conviven con la vida cotidiana del barrio. La alarma social se ha intensificado tras el reciente apu�alamiento mortal ocurrido en el parque, lo que ha reabierto el debate sobre la seguridad en el distrito.
La labor de los agentes del Grupo Operativo de Respuesta (GOR) es fundamental para realizar controles preventivos y evitar que el lugar se convierta en un punto abierto de venta de droga. Sin embargo, el jefe del operativo explica que casi el 80% de sus actuaciones son humanitarias y sanitarias. Ante intoxicaciones por sustancias adulteradas o agresiones internas, los polic�as suelen intervenir incluso antes que los sanitarios. Adem�s, act�an como confidentes y mediadores con personas que, tras d�cadas de adicci�n, han perdido sus v�nculos familiares y sufren problemas de salud mental. "Muchos son vecinos de toda la vida y este es su barrio; lo que hacemos es estar presentes para que no se sientan abandonados", resume uno de los agentes que patrulla la zona.
La presi�n de los residentes es notable. Los vecinos denuncian un aumento de robos, suciedad y peleas, alertando sobre la proliferaci�n de narcopisos que degradan la convivencia. Frente a esto, algunos toxic�manos que frecuentan la zona desde hace 30 a�os defienden que no son conflictivos con el resto del barrio y aseguran que el reciente homicidio fue una disputa puntual por una "tonter�a" que "no fue por droga".
El dispositivo se coordina con Cruz Roja y trabajadores sociales para ofrecer mantas, comida y asistencia m�dica b�sica a los consumidores m�s deteriorados. A pesar de la degradaci�n en ciertos puntos, el parque mantiene una "otra cara" donde familias y deportistas conviven con normalidad, especialmente los fines de semana. La intervenci�n en el Parque Para�so refleja hoy un equilibrio precario entre la lucha contra el delito y la atenci�n a la exclusi�n social en uno de los puntos m�s sensibles de la capital.

























