Lo pensé una vez en un juicio y otra en un notario; muchas veces en actos que fingen ser sociales pero son trabajo; una vez en una clase de yoga; dos veces en consultas de psicólogos; una vez en un partido del Atlético.

Maribel Vilaplana, en el Congreso de los Diputados.

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«No sé qué hago aquí», dijo ayer, en Comisión Parlamentaria, Maribel Vilaplana, la periodista que comió durante cuatro horas aciagas con Carlos Mazón en la tarde del día de la dana. «No sé qué hago aquí», leí en el titular de las noticias y aquello me sonó, al principio, al teatral «no tengo a nadie» de José Luis Ábalos, aunque en seguida caí en que la frase no tenía el mismo matiz cómico.
En realidad, «no sé qué hago aquí» suena más poético, suena a algo urbano, oscuro e hiperrealista. También suena, obviamente, a rock depresivo (justo esa era la música que me gustaba con 18 años, qué le voy a hacer) porque la frase debe de haber aparecido en seis o siete millones de canciones de angustia juvenil. Creep, de Radiohead, es la más evidente: What the hell am I doing here / I don't belong here. Pero me da corte dar la lata con Radiohead ahora.
O sea que a otra cosa: Leonard Cohen escribió un poema titulado What I am doing here, que parece la misma frase pero no lo es (el enunciado es afirmativo y no interrogativo, es Lo que estoy haciendo aquí, para los que estudiaron alemán en bachillerato) y yo me he tomado la libertad de traducir sus versos aquí, perdonad la torpeza: Como una cabina telefónica vacía de noche / recordada / como las vitrinas de un cine que miramos al salir / como una ninfómana que une a mil amantes / en una extraña hermandad / espero / hasta que cada uno de vosotros confiese.
Aquí entre nosotros: lo de la ninfómana lo entiendo, creo, pero lo de la cabina no. Me pasaba lo mismo en las novelas de Cohen, que no entendía gran cosa, pero líbreme Dios de decir una palabra en público contra él. Y, de todas formas, lo importante es ese último verso un poco oscuro que parece conectar con la comparecencia de Vilaplana: lo que queremos es que confieséis y os humilléis, lo que queremos es ver vuestros ojos cuando caiga sobre vosotros el castigo de la vergüenza y que digáis: ¿qué estoy haciendo aquí?
Me conmuevo con Vilaplana. Ya sé que su papel en la historia de la dana es embarazoso y que en su carrera se ha esforzado por estar siempre al solete, pero lo de ayer fue ensañamiento. De esto también va el mundo de 2026: nos han acostumbrado al espectáculo de la humillación y siempre queremos más.
Ay, que me distraigo. Yo lo que quería hacer era una relación de veces que he pensado «no sé qué hago aquí» en esta bendita ciudad, de manera que la columna quede urbana y oscura. Aquí va: lo pensé una vez en un juicio y otra en un notario; muchas veces en ese tipo de actos que fingen ser sociales pero son trabajo; una vez en una clase de yoga; dos o tres veces en consultas de psicólogos; una vez en un partido del Atlético y un número indeterminado de veces en escenas de desamor y alcohol.


























