
















El Papa León XIV abandonó ayer Madrid dejando un impacto económico de 120 millones de euros en la región, según los cálculos de la Consejería de Economía de la Comunidad de Madrid. La capital se ha convertido durante tres días en un gran escaparate internacional, que se suma al boom turístico que ya está viviendo en los últimos años.
De hecho, el efecto del viaje del Sumo Pontífice no termina con su visita, sino que se prolonga a lo largo del tiempo. Lo mismo sucedió en 2011 con la Jornada Mundial de la Juventud organizada por Benedicto XVI, cuando casi nueve de cada diez peregrinos extranjeros de la JMJ manifestaron su intención de regresar a España.
«En este tipo de acontecimientos, la verdadera huella turística no se limita a una semana de consumo. También cuenta la capacidad de activar el deseo de viaje, de reposicionar destinos y dar visibilidad a santuarios, templos, rutas y celebraciones», según asegura un informe del Observador Nacional de Turismo, Observatur.
Marcos Franco, fundador de ObservaTur, recuerda que las previsiones iniciales se vieron desbordadas: a la Vigilia iban a acudir 300.000 personas y asistieron medio millón y la misa de Cibeles congregó a 1.200.000 creyentes, lo que batió todos los récords.
Sin embargo, el impacto en el sector de la restauración fue desigual. Según la asociación Hostelería Madrid, las reservas en los restaurantes bajaron con respecto a otros eventos similares al aire libre, mientras que la hostelería de paso sí que tuvo un mejor comportamiento, debido a la afluencia de decenas de miles de personas.
La recomendación del alcalde José Luis Martínez-Almeida de fomentar el teletrabajo provocó que muchos empleados trabajasen desde casa el viernes y el lunes, lo que hizo descender considerablemente el flujo de personas durante el fin de semana. De hecho, el tráfico estuvo más fluido de lo habitual.
«En nuestro bar han pedido muchos vasos de agua, pero pocos menús, muy pocos. Mucho menos de lo que se esperaba. Hubo jaleo, pero lo normal del domingo. Y el sábado en Madrid había muchísima menos gente», se lamenta Caterina, camarera de Los Torreznos, un bar situado justo al lado del Movistar Arena, donde se celebró el evento Tejer redes el pasado domingo.
Además, los cortes de tráfico y las dificultades para acceder a determinadas zonas también espantaron a los clientes.
«El acceso estaba muy limitado. Además, la gente entraba a las 5 al Santiago Bernabéu y no salía hasta las 9, con lo que se iba corriendo a casa. Han venido algunos fieles a comer, pero nada que ver con el fútbol», declara Javier Fernández, encargado del restaurante José Luis, al lado del estadio del Real Madrid.
Este tramo del Paseo de la Castellana fue uno de los más afectados por la visita, ya que allí se celebró la Vigilia de la Oración de los Jóvenes y el encuentro de León XIV con la comunidad diocesana en el Bernabéu.
Por eso, en el restaurante americano The Little Knight decidieron poner en marcha el menú del peregrino con hamburguesa o perrito, patatas, cheesecake y refresco por un precio 15,90 euros. Sin embargo, el menú tampoco tuvo una gran acogida.
«Han usado mucho el baño y han comprado botellas de agua, pero el ticket medio ha sido bajo. También dependía del acto. En la Vigilia había muchos jóvenes que no consumieron nada, pero a la misa de Cibeles acudió otro público que sí que hizo gasto», explica Antonio, su dueño.
La ocupación hotelera rondó el 85% en la capital, aunque muchos peregrinos se alojaron en las parroquias y en las familias que les acogían.
«Durante estos últimos días hemos registrado un aumento significativo de estancias de una o dos noches, lo que se traduce en un volumen de check-in y check-out muy superior al habitual», destaca Carlos Castellanos, responsable de Experiencia del Cliente del Bless Hotel Madrid.
La llegada de miles de fieles del mundo entero coincidió además con la de los cientos de fans que acudieron a ver los conciertos de Bad Bunny, por lo que los hoteles madrileños han recibido a un público más joven del habitual.
«Este perfil ha aportado un ambiente vibrante y alegre, que nos ha ayudado a disfrutar de una gran atmósfera en prácticamente todas las zonas del hotel», añade Castellanos.
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