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El 'Hermano Mayor' que custodia a adolescentes violentos ...
Daniel Somol · 2026-05-17 · via Madrid

Son las cuatro de la madrugada en el centro de Vigo. Rogelio lleva horas esperando, dentro de una casa, junto a una madre que �no aguanta m�s la violencia de su hijo�. El tintineo de unas llaves anuncia la llegada de �ste, que no tarda en alterarse. Sobre todo cuando Rogelio, que lleva tres a�os haciendo traslados de adolescentes conflictivos, le explica que le tiene que acompa�ar a un centro de menores donde buscar�n corregir su conducta.

El menor, de 14 a�os, se resiste. Intenta golpear a su madre hasta en dos ocasiones, sin �xito. "Ella lloraba, pero no pod�a m�s. Llevaba meses sufriendo pu�etazos, mordiscos y humillaciones verbales... Era insostenible".

Esa escena, o versiones distintas de ella, se repite una y otra vez en el trabajo de Rogelio G�mez, presidente de OP2 Servicios. Los progenitores recurren a �l para ayudarles a trasladar a sus hijos hasta lugares donde ser�n internados y sometidos a terapias. Ejerce de una especie de Hermano Mayor cuyo rol evita a los familiares tener que "atar o dormir con f�rmacos" a sus menores, lo que "podr�a suponerles un mayor estr�s".

Hasta el momento, m�s de 50 adolescentes han pasado por el asiento trasero de su veh�culo en los �ltimos tres a�os. �l se sienta junto a los chavales mientras un miembro de su equipo conduce, as� puede ir conoci�ndoles: "Prefiero que los padres no vengan, as� se abren m�s".

Algunos de ellos, seg�n evoca Rogelio, han sido altamente violentos. "Hubo quienes intentaron asfixiar a sus monitores con solo 12 o 13 a�os... La gran mayor�a est�n enganchados al hach�s. Otros, con 14, a la coca�na. Para los padres es una aut�ntica pesadilla, porque est�n fuera de control".

Reyertas con bandas latinas

Este empresario recuerda el caso de un chico de 12 a�os que organizaba motines dentro del centro. "Congregaba a decenas de internos gracias a su labia y les convenc�a para que hicieran cosas malas... todos salvo �l. Su padre me dec�a: 'O me sale el mejor abogado del mundo o uno de los peores delincuentes de la sociedad'". Este mismo progenitor "estuvo al borde del suicidio": "Y no es el �nico caso que conozco... Muchos no pueden o no saben sobrellevar la situaci�n".

Otro de los adolescentes que viaj� en la parte trasera del coche de Rogelio fue Mateo. Actualmente tiene 19 a�os, estudia inform�tica y est� intentando labrarse un futuro en la m�sica con su grupo. Pero hace tres a�os, cuando ambos se conocieron, su actitud era muy distinta. Por entonces "llevaba un pu�al en el bolsillo", hablaba con jerga dominicana (pese a ser madrile�o) y, en m�s de una ocasi�n, se vio envuelto en reyertas entre bandas latinas.

Mateo atiende a este diario sin esquivar ning�n tema. Habla del bullying sufrido como punto de partida del cambio de actitud que le lleg� a los 14. "Ten�a rabia e ira acumulada... Me empec� a sentir miserable, poco importante, muy agresivo. Tambi�n una v�ctima de la sociedad, a echar culpa a todo el mundo. Y, cuando empiezas a culpar, te sientes en potestad para tomar cualquier medida".

Por entonces, contaba sus peleas a decenas. Alguna le llev� al hospital, aunque siempre tuvo suerte. "En 2021 hab�a una moda de creernos criminales todos...", evoca. Estas ri�as callejeras tambi�n se trasladaban a casa, aunque a sus padres jam�s lleg� a levantarles la mano.

Aun as�, y cansados de las continuas faltas de respeto, sus progenitores le enviaron al centro ITA Co�n, en M�laga, un recurso especializado en trastornos de conducta de adolescentes.

Rogelio y Mateo en su reencuentro.

Rogelio y Mateo en su reencuentro.D. Somolinos

Lejos de calmarse, aquella decisi�n nutri� lo que �l mismo llama su "bestia interior". "No entend�a que no me quisieran a su lado. Pero internamente me vali� para construirme el personaje que quer�a: el independiente de la ley que quiere ser m�s que el resto, imponerse por cualquier medio. Y me hizo mucho m�s violento".

Estar rodeado de chicos igualmente conflictivos lo retroaliment�. Hastiados de sus agresiones y sus incesantes fugas, este centro tambi�n se cans� y lo deriv� a otro de mayor seguridad en Argentona, Barcelona. A Mateo no le gust� escuchar que tendr�a que volver a mudarse, as� que se resisti�, siendo sedado forzosamente.

Para el viaje de M�laga a Catalu�a sus padres contrataron a Rogelio, que recuerda aquel d�a como si fuera ayer. "Me lo encontr� drogado, como un zombi...", rememora. Al abrir los ojos y ver los dos metros que mide el mediador, Mateo lo tuvo claro: "Ni me plante� escaparme".

En Barcelona descubri� que hab�a otros adolescentes m�s violentos y, sobre todo, m�s fuertes que �l. Tras sufrir varias palizas, sus padres se apiadaron y le volvieron a aceptar en casa. Por entonces ya ten�a 16, y un "rol delincuencial m�s asentado". Comenz� a integrarse en bandas latinas: "No ten�a miedo, de hecho estaba deseando que saliera el conflicto, pese a que las peleas con machete eran una constante".

Pero recibi� un ultimatum: si no quer�a volver a dar tumbos por centros de tratamiento, deb�a trabajar. Y, sorprendentemente acept�. "El cambio no fue inmediato. Poco a poco consegu� hacer las paces, primero, conmigo mismo, y despu�s con mis padres, a los que no he dejado de pedir disculpas desde entonces".

Sin ayuda ante el acoso

Desde el otro lado del prisma, la problem�tica es igual de grave. Alfredo es padre de una chica de 14 a�os que la semana pasada ingres� por segunda vez en el Ita Co�n. Ella tambi�n empez� sufriendo bullying con solo 12 a�os. Sacaba sobresalientes, tocaba el piano, cantaba. Y de repente, el acoso: "Nadie hizo nada".

"Vio que nadie le apoyaba, ni los profesores. Hasta sus amigas de toda la vida le dieron la espalda. Se qued� sola". La espiral fue r�pida: gritos e insultos cuando siempre fue tranquila, encerrarse en el ba�o del colegio, peleas, negativa a ir a clase... Algo hasta entonces desconocido.

La ingresaron con 13 a�os, pero la terminaron sacando antes de tiempo, cuando hab�a mejorado levemente, porque "nos dijo que ya estaba bien y, como padre con el coraz�n destrozado, la cre�". Las reca�das no tardaron en llegar. As� que tambi�n contactaron con Rogelio para acompa�arla en su segundo ingreso.

Alfredo, por su parte, va a grupos de apoyo con otros progenitores en su misma situaci�n. Lo que escucha all� le confirma que no est� solo, pero tampoco le consuela demasiado. "Hay un patr�n establecido. Son ni�os, la mayor�a, brillantes. Pero que han recibido un rev�s de la vida y acaban destrozados". En una de estas charlas, uno de los asistentes dijo una frase que se le qued� grabada: "Nuestros ni�os est�n aqu� por culpa de los que de verdad tendr�an que estar aqu�".

"Saben que existe el bullying, pero nadie hace nada. Una compa�era de mi hija, que tambi�n sufri� acoso, se intent� ahorcar... Las instituciones est�n de cara a la galer�a", sostiene, cariacontecido, Alfredo, a la espera de que su ni�a regrese a su hogar y que esta vez sea la definitiva.