


























Me faltan más botellas en este rincón", anota María Medina, creativa de espacios residenciales, o como se conoce en el sector, home-stager de lujo. Ella y su socia de la firma The Hamptons, Alicia Verdasco -«la de los números»-, ultiman los detalles de una vivienda de ultralujo en Somosaguas (Madrid) que acaba de salir a la venta por 10 millones de euros, y que va a visitar al día siguiente un grupo selecto de inversores.
En realidad, en este momento, el dueño -un promotor iraní que gestiona también una empresa energética- ya se encuentra enseñando la vivienda a un potencial comprador, quien se ha quedado unos segundos parado delante de la imponente escalera exenta en la entrada.
Se trata de una villa diseñada por el arquitecto Jesús Ulargui, autor de la sede del Instituto Cervantes en Casablanca y del Palacio de Justicia de La Rioja, entre otros proyectos. Tiene seis habitaciones, ocho cuartos de baño, gimnasio y hammam en el sótano y un jardín con piscina y cocina exterior, distribuido todo en 1.325 metros cuadrados construidos, en una parcela de 2.415 metros cuadrados, que las socias de The Hamptons llevan decorando un mes para convertirlos en un hogar soñado.

La cocina de la casa de Somosaguas.SERGIO ENRÍQUEZ-NISTAL
El tiempo les ha puesto buena cara, luce el sol y los pequeños frutales acaban de florecer, ofreciendo una explosión de brotes blancos que se cuelan en las estancias. La vivienda sigue los principios de Richard Neutra en Palm Springs. La pared principal en el enorme salón de techos de dos plantas es en realidad una cristalera que se abre por completo al jardín, difuminando los límites entre interior y exterior, y creando una forma de vida en contacto con la naturaleza en pleno Pozuelo de Alarcón, en Madrid.
Cuando María y Alicia entran por primera vez en una vivienda como esta se dejan cautivar por los elementos de la arquitectura desnuda, pero sobre todo empiezan a tomar nota de materiales, de estilo de vida, de números. Tienen un mes para montar un hogar que sirva lo mismo para un futbolista que para una familia con hijos; que cualquiera con la economía suficiente para instalarse en él sea capaz de verse viviendo en sus espacios nada más cruzar la puerta.
«El objetivo es crear un vínculo emocional con la vivienda, una conexión», explica María. Para ello, crean escenarios tan reales como efímeros. Parece que estén decorando, pero no: en realidad simulan un modo de vida, construyen una ilusión. Traen muebles de lujo, piezas de arte singulares, esculturas, cuadros y composiciones florales que se quedan en la retina de los visitantes, y con todo ello hacen una declaración de estatus, de comodidad, de disfrute de los espacios.
«Nos gusta que las casas que intervenimos perduren en la memoria, que sean únicas, y que los potenciales compradores las recuerden por aquel centro impresionante de camelias o la majestuosa escultura de la entrada o la mesa de centro. Los inversores pueden llegar a visitar siete residencias, y no pueden ser todas iguales: es importante transmitir exclusividad».

El comedor y el jardín.SERGIO ENRÍQUEZ-NISTAL
Para este proyecto en Somosaguas, María incluso ha diseñado expresamente la mesa de centro del salón, una pieza de dos cuerpos de mármol que ha producido con la fábrica de piedras naturales Manso. «Aunque el canon dice que el home-staging debe ser neutro, a mí me gusta ponerle un toque de color, por ejemplo, la butaca en forma de pétalo de flor color mostaza en el tocador del dormitorio principal». Espacios con personalidad, pero la justa. «Exclusividad sí, personalidad no», corrige María, «el home-staging consiste precisamente en despersonalizar, hacemos marketing inmobiliario, no decoramos».
Surfeando esta fina línea entre crear emociones y despersonalizar, el home-staging lleva décadas instalado en mercados como el estadounidense, donde las viviendas se comercializan casi obligatoriamente a través de agentes. Los datos de su asociación sectorial en el último informe de mayo de 2025 revelan que el 83% de los agentes norteamericanos considera que el home-staging ayuda a los compradores a visualizar un hogar, y el 29% declara que puede elevar el valor de las ofertas sobre las viviendas entre un 1% y un 10%.
«Intervinimos un piso en Núñez de Balboa [Madrid] que llevaba un año y medio sin venderse y después del staging encontró comprador en una semana», cuenta Alicia. Las socias de The Hamptons calculan que el home-staging puede incrementar el valor percibido de una vivienda en un 20% y reducir los tiempos de venta en un 70%.
En España, donde el sector es bastante nuevo, los números se pueden hacer aún con las manos, pero todo indica que pronto se van a desbordar. En los últimos tres años, The Hamptons realizó proyectos en 30 viviendas de lujo (más de 2 millones de euros) y extralujo (más de 8 millones de euros); de las que 15 salieron solo el año pasado, es decir, en 2025 duplicaron la producción.
Este año ya llevan siete proyectos finalizados. Según datos del Informe de vivienda de lujo de Tecnitasa, la demanda de este segmento en nuestro país ha crecido un 97% desde 2019 y la oferta ha aumentado un 150% en el mismo periodo, mientras el precio de estas residencias ha subido un 28%. Solo en 2025 el precio se había encarecido un 12% interanual y los expertos prevén una tendencia alcista de entre el 6% y el 10% para 2026.

El salón y la escalera.SERGIO ENRÍQUEZ-NISTAL
Es el momento de invertir y de ofrecer exclusividad hasta en el último detalle. ¿Cuánto se invierte en el home-staging de una vivienda de ultralujo? «Este proyecto ha tenido una inversión de 100.000 euros», dice María. «Dedicamos más o menos presupuesto en el mobiliario y el arte dependiendo del precio de la vivienda, del encargo... Por eso es importante que Alicia y yo trabajemos mano a mano», explica.
Si uno se pone unas gafas de tasador y recorre las estancias, rápidamente los números se disparan por encima de esos 100.000 euros: 25.000 euros el cabecero de cama de la habitación principal; 20.000 euros el cuadro de grandes dimensiones en el salón; el mobiliario de exterior de Vical, la mesa de mármol del salón y la mesa de una sola pieza, también de mármol, en el comedor diseñadas por María (¿5.000?); las sillas, mesas y butacas de Alaxandra; un sofá de 2,90 metros, esculturas en los rincones... Y eso que solo han intervenido la cocina y el salón exteriores, y en el interior la cocina-office, el salón, el comedor y dos habitaciones, la principal y una para niños. «El precio de venta al público sería mayor, claro», reconocen las socias de The Hamptons.
A esto hay que añadirle el coste del proyecto de diseño y la logística. Mientras esta entrevista tiene lugar, una lámpara se ha quedado retenida en la aduana y la chimenea exterior para la zona de piscina tampoco ha llegado. «Tengo que pensar algo», dice María con una calma que cuesta digerir en plena contrarreloj. «En este proyecto hemos trabajado seis personas», calcula Alicia, «la logística para una residencia de 2.500 metros es enorme». Tanto como el nivel de detalle con el que les gusta trabajar. Por eso, no cuesta imaginar que por muy despersonalizado que sea el home-staging habrá quienes se quieran quedar con la casa tal y como está. «No son la mayoría, pero sí se da».
En esos casos, el propietario puede incluir el mobiliario dentro del precio final de la vivienda, pues el coste para él está amortizado, explican en The Hamptons. «Los muebles para estos proyectos se alquilan durante seis meses (una vivienda de estas características puede estar en el mercado entre seis y ocho meses, «o más», matiza Alicia); una vez transcurrido ese tiempo, parte del precio del mobiliario está pagado y el proyecto de decoración ya ha sido costeado por el propietario dentro de nuestros honorarios, de modo que el comprador se lleva incluido en el precio unos muebles de lujo y un proyecto de diseño exclusivo».
Es la prueba última del éxito de un proyecto home-staging: cuando el escenario deja de ser efímero y la simulación se vuelve real.
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