El fundador de Apeel Sciences, dedicada a la preservación de frutas y verduras en la que invirtieron Bill Gates y Kate Perry, se fue al traste tras una campaña en redes del movimiento MAGA

James Rogers, en una imagen tomada en Sun Valley (Idaho), en julio de 2021.
Pablo Scarpellini Los Ángeles
Actualizado
Pocas plagas hay tan poderosas como la desinformación y la mendacidad circulando como la pólvora por redes sociales. James Rogers fue víctima de esa avalancha de desprestigio infundado. Su compañía, Apeel Sciences, estaba en pleno boom de ventas, con una valorización superior a 640 millones de dólares y lucrativos contratos con las principales cadenas de supermercados de Estados Unidos, cuando dos publicaciones en Facebook comenzaron a difundir información falsa sobre su producto. En cuestión de meses, lo que se antojaba como un invento revolucionario para la industria de la alimentación, se acabó convirtiendo en una caza de brujas con el poderoso aparato MAGA detrás. Las hordas del trumpismo se abalanzaron sobre los estrechos hombros de Rogers y su empresa se vino abajo.
Antes de aquel fatídico mes de abril de 2023, la suya había sido una historia de mérito y ascenso, uno de esos conceptos revolucionarios que suelen fraguar en esta parte del mundo. A Rogers se le encendió la bombilla atravesando una zona agrícola en California: la fórmula para preservar productos perecederos como frutas y verduras durante más tiempo. En su lucha por combatir el hambre a nivel mundial, investigó con componentes presentes en las cáscaras de esos mismos alimentos para crear una cubierta protectora que ralentizaba la pérdida de agua y la oxidación.
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"La gente pasaba hambre porque no podía comerciar, y no tenía la capacidad de hacerlo porque sus alimentos se echaban a perder", explicaba Rogers en una entrevista en 2021. "Esto le sucedía a la comida porque el agua sale y el oxígeno entra".
Su descubrimiento llamó la atención de la fundación Bill y Melinda Gates, que le otorgó una subvención de 100.000 dólares. El resto fue llegando solo. Nombres como Kate Perry y Oprah Winfrey invirtieron en la compañía, Apeel Sciences, atraídas por un concepto que ayudaba a mantener la fruta y la verdura fresca dos y tres veces más tiempo de lo normal. Levantó cerca de 640 millones de dólares de capital. Rogers parecía haber encontrado una solución parcial a uno de los mayores problemas de la industria: el desperdicio alimentario que supone pérdidas anuales de entre 218.000 y 418.000 millones de dólares en Estados Unidos.

El empresario de Battle Ground (Washington), decidió recubrir aguacates, manzanas, limones, limas, mangos y naranjas con su preservativo natural. Los supermercados empezaron a llamar a su puerta. Cadenas como Trader Joe's o Kroger vieron pronto el resultado con la venta de miles de esas frutas y verduras protegidas. En Alemania, la cadena Edeka hizo lo mismo y descubrió que se perdían un 50% menos de aguacates importados de Chile y Perú tras el invento de Apeel Sciences. Sus ventas crecieron un 20%. Walmart dejó de sellar sus pepinos con plástico para prolongar su vida útil. "Pasamos siete años demostrando su valor a los minoristas", explicaba a Rogers a la revista Free Press.
Hasta que dos comentarios en Facebook de usuarios desde Canadá comenzaron a difundir información falsa. Clamaban que el producto de Apeel no se podía eliminar de la fruta antes de ser consumida y que era peligroso para el organismo, sin tener en cuenta la aprobación de la Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés). Poco tardaron los posts en llegar hasta los influencers del movimiento MAHA (Make America Healthy Again), que se encargaron de agrandar el bulo. Afirmaban que Apeel usaba metales pesados y componentes químicos presentes en la gasolina en sus productos.
A Rogers no le ayudó el vínculo con Bill Gates, considerado por los haters de la ultraderecha como un enemigo de sus particulares políticas sanitarias. Comenzaron a aflorar las amenazas, incluso para las compañías que habían firmado un contrato con Apeel para usar su producto, como Limoneira, que antes de Apeel se quejaba de que se le pudría casi el 30% de su producción de limones. Las llamadas de boicot a las cadenas que usaban su producto se sucedieron y muchas se vieron obligadas a romper los vínculos con Rogers y su empresa. Como explicó con tino un antiguo ejecutivo de Calavo Growers, un productor de tomates y aguacates, "las redes sociales acabaron con Apeel".
La compañía aún existe y sigue operativa, pero su facturación en Estados Unidos se ha reducido casi a cero. Le queda Europa, donde en algunos mercados aún siguen confiando en la visión de Rogers. En febrero de 2024 dejó de ser el consejero delegado.




























