La nueva carrera espacial
El director de la Agencia Espacial Europea (ESA), Josef Aschbacher, alerta de que nuestro continente "se ha vuelto demasiado vulnerable a decisiones que no están bajo su control" y aboga por asumir plenamente el papel de potencia espacial con capacidades propias: "El coste de la inacción sería muy superior a la inversión necesaria", asegura

Vista del módulo europeo de la nave Orión durante su aproximación a la Luna durante la misión Artemis 2
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Los recientes cambios adoptados por Estados Unidos en la organización del programa Artemis reflejan un panorama en rápida transformación para la exploración espacial humana. Las decisiones de suspender la estación Gateway y de cancelar la misión Mars Sample Return alteran los planes de Europa para la exploración lunar, poniendo de manifiesto una realidad más amplia: Europa se ha vuelto demasiado vulnerable a decisiones que no están bajo su control.
Europa debe decidir si prefiere seguir dependiendo de otros para enviar a sus exploradores al espacio o si asume plenamente su papel de potencia espacial con capacidades propias. Como director general de la Agencia Espacial Europea (ESA), estoy convencido de que la capacidad de efectuar vuelos espaciales tripulados de manera autónoma no es un lujo. Es una necesidad absoluta para garantizarle a Europa la libertad de disfrutar de los beneficios científicos, económicos, estratégicos y geopolíticos que proporciona el espacio y de inspirar a nuevas generaciones a construir el futuro europeo.
Por medio de Explore2040, los Estados miembros de la ESA ya han acordado una estrategia coherente de exploración conjunta, sentando las bases para desarrollar capacidades europeas propias tanto en exploración humana como robótica. Sin embargo, las decisiones políticas nunca han llegado a apostar plenamente por la autonomía en exploración humana, una falta de decisión que ha tenido consecuencias duraderas. Para remediarlo, ahora debemos tener la voluntad política de adaptar y acelerar nuestra hoja de ruta.
Durante décadas, la ESA ha desarrollado misiones y sistemas de primer nivel en ciencia, tecnología, observación de la Tierra y navegación que muy pocos actores en el mundo son capaces de igualar. Desde la construcción del sistema de observación de la Tierra más completo del mundo con Copernicus, hasta convertir Galileo en una referencia global en navegación por satélite, pasando por misiones científicas que transforman nuestra comprensión del universo o por el desarrollo de tecnologías clave para la exploración espacial robótica, la ESA siempre ha conseguido convertir la ambición europea en realidad operativa. Toda la experiencia acumulada no es casual. Es precisamente lo que le da a Europa la credibilidad necesaria para construir su propio futuro en exploración espacial.
Las alianzas y la cooperación internacional son pilares fundamentales del modelo europeo en el espacio, y eso no va a cambiar. La reputación de la ESA como socio fiable descansa en el cumplimiento de sus compromisos en plazo y al máximo nivel técnico. Esto hace que nuestros socios elijan trabajar sistemáticamente con nosotros. Ahora bien, no debemos dejar que la cooperación derive en dependencia. El entorno actual exige que diversifiquemos nuestras alianzas en el plano internacional y reforcemos nuestras capacidades operativas autónomas para evitar puntos únicos de fallo, sean estos políticos, técnicos o estratégicos. Solo así Europa podrá decidir cuándo actuar de manera independiente y cuándo cooperar globalmente, protegiendo sus inversiones y su industria en un contexto de incertidumbre geopolítica.
Nuestros ingenieros y científicos están entre los mejores del mundo, nuestra industria es de primer nivel y nuestro modelo institucional -capaz de unir a múltiples naciones en torno a objetivos comunes priorizando la seguridad, la legitimidad y la ciencia- es sólido y ha demostrado su eficacia. La fuerza colectiva de 23 Estados miembros no es una limitación, sino todo lo contrario. Nuestra diversidad es nuestro mayor activo, tanto desde un punto de vista financiero como político, industrial e intelectual, porque aporta continuidad y resiliencia a las decisiones compartidas que trascienden cualquier cambio de política a nivel nacional.
Pero esta fuerza solo existe si actuamos juntos. La fragmentación nos debilita; la unidad nos hace más fuertes. Las naciones europeas deben resistir la tentación de replegarse sobre sí mismas y hacer planes en solitario para explorar la Luna y el resto del universo. A largo plazo, ningún Estado miembro puede conseguir por sí solo lo que podemos alcanzar juntos. Mediante su sólida organización multilateral, la ESA sirve a los intereses de sus Estados miembros garantizando que las decisiones se tomen colectivamente y que las prioridades nacionales se traduzcan en éxitos compartidos.
El panorama cambiante al que asistimos en la actualidad no es nuevo. Cuando Europa tomó la difícil y no menos necesaria decisión de poner fin a la cooperación con Rusia en la misión ExoMars o en el transporte de nuestros astronautas al espacio, sabíamos que estábamos reduciendo nuestras opciones. El contexto actual no es una sorpresa, sino una llamada a actuar con determinación ante un entorno geopolítico en constante evolución. Debemos aprovechar este momento decisivo y convertirlo en una oportunidad para redefinir nuestra posición.
Ya no hay margen para retrasos. Nos encontramos en una situación única que conjuga la toma de decisiones políticas e hitos financieros clave: el Consejo de la ESA en junio, la Cumbre Internacional del Espacio en septiembre, el Consejo Ministerial intermedio de la ESA sobre exploración en diciembre y el Consejo Ministerial en pleno en 2028. Paralelamente, la Unión Europea está finalizando su Marco Financiero Plurianual para 2028-2035. Nunca ha habido un momento más oportuno. Incluso si empezáramos hoy, necesitaríamos años para desarrollar una capacidad autónoma. Debemos actuar con rapidez. El coste de la inacción sería muy superior a la inversión necesaria.
¿Y si no lo hacemos ahora, cuándo? ¿Y si no lo hace la ESA, quién?
La Historia no esperará a que Europa se sienta cómoda y preparada: avanzará con o sin nosotros. La alternativa que Europa tiene ante sí es muy clara: ¿seremos los pilotos de nuestro propio futuro o meros pasajeros? Contamos con todo lo necesario. Solo quedan la confianza y la voluntad política para actuar.
*Josef Aschbacher es director de la Agencia Espacial Europea (ESA).
























