




























«Ni el carné te da derecho a todo, ni lo tienes para toda la vida» decía, en un vídeo en el acto en el que se conmemoraban los 20 años de la implantación del permiso por puntos en España, Ana Novella, presidenta de la asociación Stop Accidentes. «En este tiempo, gracias a él hemos salvado más de 10.000 vidas. No sabemos quiénes son y ellos no saben que les hemos salvado, pero podríamos ser cualquiera de nosotros» afirmaba en el mismo evento el director de Tráfico, Pere Navarro.
Este apenas se había estrenado en el cargo en 2004 cuando recibió dos grandes encargos del titular de Interior entonces, el ya fallecido José Antonio Alonso: reducir el número de fallecidos en accidentes y poner en marcha el permiso por puntos.
Año y medio después y tomando como ejemplo el modelo francés implementado en 1992, pero mejorado, el 1 de julio de 2006 se estrenaba este novedoso permiso. «Hasta el ministro Alfredo Pérez-Rubalcaba [responsable de Interior en ese momento] y los delegados del Gobierno se lanzaron a la carretera ese día a contárselo a los conductores» recuerda Navarro, quien señala un cambio de paradigma fundamental. «Hasta entonces, la responsabilidad de la siniestralidad recaía en la DGT y en el Gobierno. A partir de entonces, pasó a ser también de los conductores».

Es decir, como una especie de contrato social basado en una sencilla idea: cada conductor parte con un crédito mínimo de ocho puntos en el caso de los noveles con menos de tres años de experiencia, entonces sube a 12 y podrán llegar a ser 15 si demuestra ser muy responsable al volante; o perderlos todos y entonces, si le pillan conduciendo, estará cometido no una infracción sino un delito. Y mientras que «una sanción económica hay a quien le importa poco y otros les hace mucho daño, este sistema es igualitario para todos» destacaba esta semana Pere Navarro.
Su aprobación, además, fue fruto de un consenso unánime entre los grupos políticos «que permitió solucionar un problema del país» expone Ramón Ledesma, socio de Impulso Mobilty, antes directivo de la DGT y uno de los padres de este carné.
Ledesma no es el único que defiende sus bondades. Por ejemplo, el presidente del club de automovilistas Race, Carmelo Sanz de Barros, cree que «es la medida más importante en los últimos 20 años y ha demostrado ser muy eficaz, mucho más que un sistema de control». Mar Cogollos, directora de la asociación de víctimas Aesleme, apunta que «ha permitido que la sociedad conociera las conductas viales más peligrosas». O, en palabras de Mario Arnaldo, director de Automovilistas Europeos Asociados, ha tenido la gran virtud de ser «un altavoz contra la violencia vial».
A priori, las grandes cifras están del lado de este permiso. Si un año antes de su llegada se contabilizaron 4.442 fallecidos en siniestros de tráfico, en 2024 -último con datos en carretera y ciudad a 30 días- esa cifra había caído hasta las 1.785 personas. Es decir, un 60% menos. También en el mismo periodo se pasó de 101 muertos por millón de habitantes a 37.
CAUSAS. La velocidad excesiva ha supuesto la pérdida de más de 24 millones de puntos, seguida por el alcohol (nueve millones), pasar un semáforo en rojo (8,5), el empleo del móvil y el no uso del cinturón o sistemas de retención infantil (siete millones, cada uno).
PÉRDIDA TOTAL. En estas dos décadas, 335.000 conductores se quedaron sin crédito. La media anual son 20.000. Hoy, el 73% del censo tiene el máximo (15 puntos) y más del 90% cuentan con 12 o más.
CURSOS. La liberalización permite que hoy los impartan 1.086 centros, por 196 en 2006 y 244 en 2017, autoescuelas básicamente. Se han impartido cerca de 142.000 cursos a más de un millón de conductores.

Sin embargo, en esa transición, el permiso por puntos no ha sido la única herramienta que ha ayudado en la tarea. Por citar solo los otros dos grandes hitos normativos (en el gráfico de abajo tiene más), un año antes había comenzado el despliegue de radares fijos por todo el país; y solo un año después, entró en vigor la reforma del Código Penal que convirtió en delito comportamientos que hasta entonces eran solo infracciones. Especialmente, las relacionadas con los excesos de velocidad o la ingesta de alcohol y drogas al volante, dos de los motivos que más puntos se cobran.
Lo ilustra Ramón Ledesma, que habla de «una secuencia donde el cambio del sistema sancionador, el permiso por puntos, la reforma del procedimiento sancionador y el centro de automatización de denuncias provocó que donde antes las sanciones tardaban en tramitarse un año, ahora se tramitan en 29 días. O que si en 2001 el 6% de los conductores circulaban por encima de los 150 km(h, ahora apenas sean el 0,6%».
Asimismo, y sin llegar a aquello de el dato mata el relato, el gran descenso en las cifras de siniestralidad se produjo hasta el año 2013, cuando se registró el mínimo histórico (exceptuando el anómalo 2020 de la pandemia) con 1.680 fallecidos. Desde entonces, ha sido imposible romper ese suelo, incluso estamos por encima. Cierto que, en un contexto con cada vez más desplazamientos, pero también con coches cada vez más modernos y seguros que a comienzos de siglo, incluso cuando la edad media de los que están censados en el parque es de 14,8 años.

AYUNTAMIENTO DE MADRID
Del mismo modo, su efectividad no ha sido igual en carretera que en ciudad. En las primeras, la reducción en las muertes fue del 64,6% entre 2005 y 2024, pero en el entorno urbano se quedó en un 37%. Parte de ello se entiende por el mayor peso que tienen en la nueva movilidad los llamados vulnerables -peatones, ciclistas, motoristas y usuarios de patinetes- que son los predominantes en nuestras ciudades. Y también lo explica el director de la DGT, que no tiene competencias en las calles.
«Inicialmente, el permiso por puntos se había diseñado para la carretera, pero a alguien se le ocurrió ampliarlo a todos los ayuntamientos de España, más de 8.000. Parecía una locura, pero era una oportunidad histórica y, aunque nos costó y tardamos cuatro años, al final se impuso el sentido común y todos, poco a poco, fueron entrado en el sistema» relata a modo de anécdota.
La faceta 'educadora' del permiso por puntos se concreta primero con la retirada de los que se pierden; y en una segunda fase con los cursos que permiten recuperar parte de los créditos perdidos. Sobre esos cursos, Navarro insiste en su carácter igualitario: «Desde el servicio militar, no había ninguna actividad social que juntase a todas las clases sociales, a los pobres con los ricos, al famoso con los 'pringados'».

Hoy, se pueden recuperar un máximo de cuatro puntos por cursoRACC
Aunque también se convirtieron en un jugoso negocio de millones de euros al año que terminó por salpicar a la propia DGT. Una subdirectora del organismo tuvo que dimitir en 2016 al descubrirse un intento de amaño con el presidente de la confederación de autoescuelas CNAE. De hecho, el régimen inicial en régimen de cuasi monopolio a favor de los centros de formación tuvo que ser liberalizado a instancias de la justicia europea y la última y reciente polémica, denunciada por AEA, ha sido reducir de seis a cuatro el número máximo de puntos que se pueden recuperar en un curso. El tema está denunciado ante la Audiencia Nacional. El coste de esta formación oscila entre 230 euros el de 10 horas y hasta 490 el de 20.
No obstante, Mar Cogollos, de Aesleme, dice que «esta faceta reeducadora es lo más importante». En ella, las víctimas de accidentes comparten su experiencia vital. «Tras más de 60.000 cursos y cerca de 700.000 alumnos, son esas personas quienes nos preguntan: ¿por qué no tuvimos estos cursos cuando nos sacamos el permiso de conducir?».
Por supuesto, el sistema es mejorable. Ramón Ledesma expone una falla que considera «especialmente grave». Se refiere al uso del teléfono móvil, principal origen de las distracciones que ya son la primera causa de accidentes mortales por encima de los excesos de velocidad o el consumo de alcohol y drogas. «El problema no se ha resuelto, incluso subiendo de cuatro a seis créditos los que se pierden [sólo por llevarlo en la mano]. Tenemos un agujero y, a corto plazo, no parece que el permiso por puntos lo vaya a resolver» argumenta.
Por su parte, Mario Arnaldo critica la falta de inmediatez sancionadora, lo que permite que un conductor que ha agotado todo su crédito contine circulando y cometiendo nuevas infracciones. «Es como un futbolista al que le han sacado la una roja, pero sigue jugando el partido».

El equipo de Navarro no tendrá ya tiempo de corregir esas disfunciones en esta legislatura. Aunque el ministro Grande-Marlaska se mostraba esta semana mucho más molesto ante la incapacidad para sacar adelante el gran cambio legal que le gustaría fuese recordado pasados 20 años:la reducción de la tasa de alcoholemia desde los 0,5 gramos de alcohol por litro de sangre a 0,2. Un cambio que, según los estudios, implicará prácticamente no beber nada ya que, en el caso de un hombre adulto, bastará con apenas un tercio de cerveza para dar positivo. Y menos si es una mujer.
En el actual sainete que se ha convertido el Congreso de los Diputados, la medida fue rechazada a mediados del mes de marzo al sumar sus votos en contra el PP, Vox y ERC.
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