Actualizado
La tensión en Oriente Próximo ha alcanzado un nuevo punto crítico este domingo. Mientras la diplomacia internacional contenía el aliento ante la posible firma de un histórico acuerdo de paz entre Washington y Teherán, la Fuerza Aérea de Israel ha atacado lo que define como "un centro de mando" del grupo proiraní Hizbulá en Dahiyeh, en el sur de Beirut. Esta acción militar, ejecutada por dos cazas israelíes mediante el lanzamiento de cuatro misiles, ha dejado un balance de tres muertos y varios heridos, según fuentes libanesas.
El Gobierno de Benjamin Netanyahu ha defendido la legalidad de la operación como una respuesta necesaria a las recientes agresiones desde suelo libanés. Según el ejército israelí, se trató de "un ataque preciso contra un centro de mando usado por terroristas de Hizbulá para planificar y promover ataques terroristas contra los ciudadanos y soldados de Israel". Netanyahu, quien ordenó el ataque junto al ministro de Defensa, Israel Katz, sostiene que Hizbulá ha incurrido en una "violación flagrante de la tregua" tras el lanzamiento de proyectiles contra comunidades del norte de Israel este fin de semana.
A pesar de la presión interna por proteger sus fronteras, la decisión de atacar la capital libanesa sitúa al mandatario en una posición delicada frente a su principal aliado estratégico, Donald Trump. La respuesta desde la Casa Blanca no se ha hecho esperar y ha sido inusualmente crítica con su aliado. Trump, que aspira a cerrar un pacto que permita la reapertura del Estrecho de Ormuz, ha mostrado su descontento a través de sus redes sociales.
El presidente estadounidense afirmó que "el ataque de esta mañana contra Beirut no debería haber ocurrido, sobre todo en un día tan especial en el que estamos tan cerca de alcanzar un acuerdo de paz". Trump ha restado importancia a la provocación previa de Hizbulá que motivó la represalia israelí, calificándola como un incidente menor: "Israel tiene derecho a defenderse de las amenazas, pero el ataque al que respondía fue muy leve e insignificante; nadie resultó herido ni murió".
Para el mandatario, la prioridad absoluta es la estabilidad regional: "Estamos muy cerca de un acuerdo que traerá la paz a la región, incluido el Líbano, y todas las partes deberían mantener la calma (...). Este podría ser el comienzo de una paz larga y hermosa. ¡No lo echemos a perder!". El bombardeo en el bastión de Hizbulá en el Dahye ha dado argumentos al ala dura del régimen iraní para cuestionar la mediación de Estados Unidos. Mohamad Baqer Qalibaf, jefe negociador de Irán, ha lanzado un órdago a Washington vinculando el futuro del acuerdo de paz con la capacidad de controlar las acciones de Israel en el Líbano.
"Si careces de la voluntad o la capacidad para cumplir tus compromisos, es imposible hablar de seguir adelante", sentenció Qalibaf. En la misma línea, el portavoz iraní ha recalcado que "el ataque de los sionistas a Dahiyeh una vez más demostró que Estados Unidos o no tiene la voluntad de cumplir con sus compromisos o no tiene la capacidad para ello". Esta desconfianza pone en peligro un pacto que, de cristalizar, redefiniría el equilibrio de poder en la zona, pero que en Israel se observa con recelo al considerar que Irán obtiene logros inmediatos sin renunciar totalmente a su programa nuclear.
























